El campo español se asfixia: los costes de producción superan el precio de venta y condenan a la ruina
Trabajar la tierra o cuidar del ganado ya no garantiza llegar a fin de mes en España. Los costes de producción se han disparado hasta tal punto que, en muchas ocasiones, vender lo que se produce genera pérdidas en lugar de beneficios. Una situación que desde la organización agraria ASAJA califican de "incongruente total" y que asfixia al campo, poniendo en jaque el futuro del sector. Así lo explica Carlos Molina, técnico de la organización, quien denuncia una realidad insostenible para miles de familias. El problema se hace palpable con ejemplos concretos como el de la aceituna hojiblanca de verdeo. Según Molina, mientras que los costes de producción rondan los 0,70 o 0,75 euros por kilo, los compradores están llegando a ofrecer apenas 0,40 euros. Esta diferencia abismal lleva a los agricultores a una situación límite en la que "le cuesta más llevar la aceituna al comprador y recolectarla que dejarla en el árbol". Desde ASAJA exigen que se investigue la cadena alimentaria, ya que consideran evidente que "en algún sitio, en algún eslabón de la cadena hay un problema". Una de las principales sospechas recae sobre la entrada de productos de fuera que podrían estar distorsionando el mercado. Por ello, reclaman que se apliquen "controles estrictos" y no descartan medidas más drásticas como "cerrar la frontera a una aceituna que te pueda estar distorsionando el mercado". El técnico de la organización agraria señala directamente al Gobierno, recordando que el Ministerio de Agricultura "tiene la potestad de velar porque el agricultor pueda seguir subsistiendo". Sin embargo, denuncian una falta de acción que, de continuar, provocará el abandono del campo y, en un futuro, una posible "problemática de alimento y escasez" que afectará a toda la sociedad. Aunque sobre el papel existe la Agencia de Información y Control Alimentaria (AICA), un organismo dependiente del ministerio cuya función es evitar estas prácticas, Molina asegura que no está siendo efectiva. La ley establece que no se puede pagar por debajo de los costes, pero "es una verdad como un templo" que esto está ocurriendo. Critica que la agencia "no está yendo a la raíz del asunto" para averiguar si el problema son las importaciones o el abuso de algunos compradores. La falta de transparencia es otra de las grandes quejas. "Hemos pedido por muchas vías ya que sean claros, que nos digan el aceite que está entrando de Túnez, el aceite que entra por perfeccionamiento activo, y que está distorsionando los precios", lamenta Molina. La respuesta, afirma, es el silencio: "Parece que miran para otro lado y no dan datos". Esta opacidad, advierte, conducirá a que "a medio plazo, nos quedemos sin explotaciones, seguro". El consumidor también juega un papel clave en esta crisis. La búsqueda del ahorro a menudo se antepone a la revisión del origen del producto. Carlos Molina recuerda que los alimentos españoles cumplen con una estricta normativa medioambiental, de calidad y fitosanitaria que garantiza una trazabilidad completa. "Nuestros productos son totalmente top en todos los sentidos", asevera, algo que no ocurre con los que vienen de fuera, donde "no hay controles" que garanticen la misma seguridad alimentaria. Por ello, insiste en la importancia de mirar siempre la etiqueta y ser conscientes del valor añadido del producto nacional. "Si es por el medio ambiente y si es por la salud, eso no lo mira nadie, no va a mirar un pequeño incremento de precio que pueda tener, porque va en la salud lo primero", reflexiona el técnico de ASAJA. El panorama actual es un enorme factor disuasorio para los jóvenes. Molina lo describe sin rodeos: "El joven lo tiene crudísimo". El "exceso de burocracia", el alto porcentaje de normativas que deben cumplir y el riesgo constante de recibir sanciones muy importantes hacen que la agricultura no sea una opción atractiva. Para revertir esta tendencia, es fundamental que "el campo tiene que ser atractivo para que se incorporen cada vez más agricultores y más jóvenes agricultores y ganaderos". La solución pasa por facilitar el inicio de la actividad, con normas "normales, no abusivas" y un entorno que permita a un joven desarrollar su proyecto con ilusión, sin la amenaza de no poder cubrir los costes tras un año de trabajo. Solo así, concluye, un padre podrá decirle a su hijo: "Vente, incorpórate, porque en el campo se puede trabajar".
