Un estudio de caso encontró que factores culturales como el individualismo, la resistencia física y el rechazo al cambio pueden influir en la adopción de prácticas sostenibles en el sector ganadero.
Publicado: 29.08.2026 - 10:00Actualizado: 29.08.2026 - 10:00
La ganadería enfrenta el desafío de adaptarse a los efectos del cambio climático y, aunque factores económicos y tecnológicos suelen ocupar buena parte de la discusión, una investigación realizada en Sonora pone sobre la mesa otro elemento: las concepciones tradicionales sobre lo que significa “ser hombre”.
Un estudio publicado publicado por Estudios Sociales. Revista de Alimentación Contemporánea y Desarrollo Regional, una publicación del Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo (CIAD), analizó la relación entre la percepción del riesgo climático y las masculinidades dentro de una empresa ganadera de Sonora, encontrando que valores como el individualismo, el esfuerzo físico, la resistencia al cambio y la autosuficiencia pueden convertirse en obstáculos para reconocer los impactos ambientales y adoptar prácticas más sostenibles.
Los investigadores Héctor Eduardo Munguía-Morales, Alejandro Mungaray-Lagarda, Karen Montaño-Silva y Jaciel Ramsés Méndez-León, adscritos a la Universidad Estatal de Sonora y la Universidad de Sonora, analizaron específicamente una pequeña empresa dedicada a la ganadería bovina intensiva. Para ello utilizaron encuestas, observación y entrevistas a profundidad.
La ganadería en Sonora es una actividad históricamente vinculada con los hombres y con valores como la fortaleza física, el trabajo duro, la resistencia y la capacidad para enfrentar situaciones de riesgo.
El estudio explica que, en espacios rurales y actividades productivas primarias, el reconocimiento social masculino puede asociarse con la resistencia y el enfrentamiento al peligro, mientras que la vulnerabilidad, el autocuidado y el reconocimiento del daño pueden ser desvalorizados.
Estas concepciones pueden funcionar como una especie de filtro al momento de evaluar amenazas y decidir si se adoptan medidas preventivas. Asimismo, determinadas masculinidades se relacionan con ideas de control y dominio sobre la naturaleza, lo que puede reducir la preocupación por los impactos ambientales.
En el caso de la empresa analizada, los investigadores identificaron una minimización de los riesgos relacionados con las actividades laborales, reflejada en acciones como realizar tareas arduas pese a las altas temperaturas, efectuar esfuerzos físicos excesivos, ocultar padecimientos y omitir medidas de seguridad.
Uno de los principales hallazgos fue el bajo reconocimiento inicial sobre el impacto que puede tener la actividad ganadera en el medio ambiente.
El 54.5% de los integrantes de la empresa afirmó que las emisiones provenientes de eructos y gases del ganado bovino no provocaban afectaciones relacionadas con los gases de efecto invernadero, mientras que el resto desconocía el fenómeno.
Algo similar ocurrió con los desechos orgánicos del ganado: 63.6% consideró que no provocaban daños ambientales, 18.2% desconocía sus efectos y solamente 18.2% percibía cierto potencial de afectación.
Los investigadores interpretaron estos resultados como muestra de una actitud escéptica y de distanciamiento respecto a los efectos negativos que la actividad ganadera puede generar frente al cambio climático.
La desconfianza también apareció cuando se abordaron las regulaciones ambientales. El 90.9% de los participantes estuvo de acuerdo con considerar que las leyes de protección ambiental son una “moda”, mientras que 81.8% consideró que son elaboradas por personas que desconocen la dinámica de la ganadería.
Sin embargo, uno de los resultados más relevantes del estudio fue que las opiniones no permanecieron estáticas.