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Con cerca de 450 mil visitantes acumulados en su segundo aniversario, el Museo Vivo del Muralismo, de la Secretaría de Educación Pública, consolida su vínculo con los habitantes y visitantes del Centro Histórico capitalino y revierte la balanza: hoy, más del 60% de sus asistentes son nacionales, informa la directora
Publicado: 29.09.2026 - 18:24Actualizado: 29.09.2026 - 18:24
A dos años de su apertura a la visita pública oficial convertido oficialmente en museo, el Museo Vivo del Muralismo (MVM), en la sede histórica de la Secretaría de Educación Pública (SEP), se consolida como uno de los espacios culturales más dinámicos del Centro Histórico de la Ciudad de México, al combinar la preservación del patrimonio muralista mexicano con una amplia programación artística, educativa y comunitaria.
Inaugurado formalmente como museo el 25 de septiembre de 2024, este recinto no solo resguarda la memoria gráfica de la Revolución, con los murales de Diego Rivera, sino que se ha transformado en un dinámico centro de disfrute y aprendizaje para los habitantes del Centro Histórico y sus visitantes que llegan desde otras latitudes.
En entrevista con este medio, la antropóloga Gloria Falcón Martínez, directora del MVM, reflexiona sobre el impacto de estos primeros dos años de gestión, la estrecha vinculación con la comunidad y los retos de un espacio que nació siendo histórico y hoy busca ser entrañable.
Subraya que además de los 450,000 visitantes captados desde su apertura — que ya de por sí es un motivo celebratorio —, un dato revelador que aporta la Estadística de Museos 2025, del Inegi, es que el promedio de permanencia del visitante es de 80 minutos, mucho más de lo que algunos recintos citadinos podrían presumir.
"Nos sorprendió muy agradablemente que el promedio de estancia de los visitantes en el museo es de 80 minutos, lo cual es una barbaridad. Este indicador revela que el público no realiza un recorrido exprés, sino que habita el espacio, dialoga con él y encuentra un ambiente propicio para la contemplación", dice Falcón.
Gloria Falcón Martínez, directora.Foto EE: FRANCISCO DE ANDA.
Aunado a ello, el recinto ha dejado de ser un polo de atracción mayoritariamente para extranjeros y se va consolidando como un espacio preferido por visitantes nacionales. “Al principio, el 60% de nuestros visitantes era de origen extranjero, hoy esa cifra se está revirtiendo; ya son 62% nacionales y el resto extranjeros”, informa Falcón.
"Siguen llegando muchos extranjeros, pero ya el público nacional es el que más usa el museo, lo cual es muy bueno", apunta.
Ubicado en el emblemático edificio de República de Argentina número 28, el inmueble que fuera el epicentro de la cruzada educativa y artística de José Vasconcelos en el México postrevolucionario dejó atrás la rigidez institucional para abrirse de par en par a la ciudadanía.
Aunque los murales de Diego Rivera, Jean Charlot o Amado de la Cueva siguen siendo un imán indiscutible, la vocación del museo ha trascendido la herencia pictórica. "La idea de abrirlo como un espacio público no solo es para que las personas entren a contemplar la arquitectura, las pinturas o la escultura, sino también que puedan ejercer sus derechos culturales, por ejemplo, de creación", destaca la directora.
A través de convenios de colaboración, colectivos artísticos utilizan las instalaciones para ensayar coreografías o piezas teatrales a cambio de ofrecer funciones gratuitas para el público. Esta sinergia ha permitido que el barrio se apropie del espacio. Desde festivales internacionales de danza contemporánea hasta salas de lectura infantil donde los niños exponen sus propios dibujos emulando a los grandes muralistas, el MVM se ha convertido en un refugio comunitario.
“Hacemos talleres de dibujo para niños y los exhibimos, y notamos que los niñas y las niñas luego regresan para ver si su dibujo aún sigue expuesto”, añade la antropóloga.
El recorrido por el Museo Vivo del Muralismo es un viaje de contrastes y superposiciones históricas. El visitante es recibido en el majestuoso Patio del Trabajo, cuyas paredes resguardan la obra de Diego Rivera dedicada al esfuerzo colectivo en el campo y las minas. Al avanzar, el Patio de las Fiestas revela la convivencia de Rivera con Jean Charlot y Amado de la Cueva.
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