El precio del tomate en Estados Unidos aumentó alrededor de un 40% en el último año, según el Índice de Precios al Consumidor, el mayor incremento registrado entre todos los productos alimenticios del país.
El impacto empezó a sentirse con fuerza en los supermercados a finales del invierno y principios de la primavera. Desde entonces, consumidores y negocios que dependen del tomate como ingrediente esencial enfrentan una presión creciente sobre sus presupuestos y sus márgenes operativos.
El alza del 40% no es un dato aislado: es el mayor incremento registrado entre todos los productos alimenticios del país durante el último año. Para dimensionarlo, el café subió un 18,5%, los asados de ternera un 17,8% y el pescado y marisco congelado un 12%. El tomate prácticamente duplica esas cifras.
Dentro de la categoría, los tomates cherry son los que más se encarecieron. Según la firma MarginEdge, que monitorea precios en el sector gastronómico, ese tipo de tomate registró un aumento del 65% en un solo mes —y el alza no se limitó a una variedad: los precios subieron en todos los tipos disponibles en el mercado.
El contexto general tampoco ayuda. Un indicador de inflación independiente publicado en abril mostró que los precios generales aumentaron un 3,8% interanual, la cifra más alta en casi tres años. En ese escenario, el tomate se convirtió en el símbolo más visible del encarecimiento de la canasta básica.
Detrás del aumento hay dos factores que los expertos señalan como determinantes. El primero es la salida de Estados Unidos, en julio pasado, del acuerdo que permitía importar tomates mexicanos sin aranceles. México es el principal proveedor de tomate para el mercado estadounidense, así que la medida tuvo un efecto inmediato sobre la oferta disponible.
Los tomates importados quedaron sujetos a un arancel del 17%. El impacto en las arcas federales fue contundente: la recaudación por ese concepto pasó de apenas 16.424 dólares en 2024 a casi 4,6 millones de dólares, un incremento del 27.879% según datos federales.
El segundo factor es el conflicto con Irán, que elevó los precios del combustible y encareció los costos de envío a lo largo de toda la cadena de distribución. Sumado a una reducción en el rendimiento de los cultivos, el resultado fue presión simultánea desde varios frentes.
Usha Haley, economista de la Universidad Estatal de Wichita, describe la situación como “una tormenta perfecta de política comercial, fenómenos meteorológicos extremos y política hacia Oriente Medio”. Esa combinación, señala, explica la magnitud del alza.
Para los negocios que dependen del tomate como ingrediente central, el golpe ha sido especialmente severo. La cadena Snarf’s Sandwiches, que opera decenas de locales en Colorado, Missouri y Texas, ilustra bien la situación.
Wayne Humphrey, director de operaciones de la cadena, explicó que el precio de una caja de tomates pasó de 27 a 93 dólares en el transcurso de un año. El aumento en otros insumos —pan, carne vacuna, costos laborales— complicó aún más el panorama. “Ese único ingrediente ahora nos cuesta más de 1,7 millones de dólares adicionales al año”, afirmó Humphrey.
Los consumidores también lo sienten. Al tipo de cambio actual, 500 gramos de tomate cuestan al menos el equivalente a 7.000 pesos argentinos en los supermercados estadounidenses; los tomates cherry pueden llegar a 11.500 pesos por libra. Algunos compradores han publicado videos en redes sociales protestando por precios que, según afirman, se han cuadruplicado, con valores que en ciertos casos alcanzan los 8 dólares la libra.
Las perspectivas no son del todo adversas. Phillip Coles, profesor de gestión de la cadena de suministro en la Universidad de Lehigh, prevé que los precios desciendan a finales de 2025, cuando se cosechen los tomates cultivados en territorio estadounidense. La producción doméstica podría compensar, al menos parcialmente, la dependencia de las importaciones mexicanas.
Los productores locales celebraron la salida del acuerdo con México: argumentan que la medida ayudará a reconstruir una industria en declive y que los precios más altos incentivarán una mayor siembra. Ese efecto, sin embargo, tardará en materializarse dado el tiempo que requiere el ciclo agrícola.
Brett Massimino, profesor de negocios de la Universidad Virginia Commonwealth, advierte que la dependencia estructural de México no se revierte de inmediato. “Dado que Estados Unidos depende de México para la mayor parte de su suministro de tomate, cualquier cambio en la política comercial puede tener un gran impacto“, señaló.