Los mercados bursátiles globales llegaron este jueves a máximos históricos en una de las jornadas más cargadas del año: Trump y Xi se reunían en Pekín, el petróleo Brent superaba los 106 dólares por barril y el Estrecho de Ormuz permanecía parcialmente bloqueado por el conflicto en Medio Oriente.
Con ese telón de fondo, el índice global MSCI acumulaba una recuperación del 15% desde sus mínimos recientes. Las señales eran contradictorias, pero un solo factor parecía dominar el ánimo de los inversores por encima de la geopolítica y la incertidumbre macroeconómica.
Los mercados no hablaban con una sola voz este jueves. En Europa, Londres subía 0,3%, Frankfurt avanzaba más de 1% y París ganaba 0,6%, impulsada por el sector tecnológico. Asia contó otra historia: Tokio cayó 1%, Shanghái retrocedió 1,5% y Hong Kong cerró sin cambios. Esa divergencia geográfica reflejaba algo más profundo: la distinta exposición de cada mercado al sector que hoy mueve las bolsas.
En Pekín, la cumbre entre Trump y Xi acaparaba titulares. La primera etapa de las conversaciones dejó pocos resultados concretos, aunque Trump las calificó de “extremadamente positivas y productivas” e invitó a Xi a visitar la Casa Blanca en septiembre. La advertencia del mandatario chino sobre Taiwán instaló una tensión latente, pero no alcanzó para enfriar el ánimo inversor. El MSCI acumulaba una recuperación del 15% desde sus mínimos recientes, lo que sugiere que el mercado ya había procesado —o decidido ignorar— buena parte del ruido político.
El miércoles, el Nasdaq y el S&P 500 habían alcanzado máximos históricos. El jueves, los futuros de Wall Street apuntaban a otra apertura positiva, y en Europa el STOXX 600 subía 0,5%. El denominador común era siempre el mismo: el entusiasmo en torno a la inteligencia artificial.
Kathleen Brooks, directora de investigación de XTB, lo explicó con claridad al señalar que el índice británico quedaba rezagado precisamente por “su falta de tecnología, que está impulsando un rally global de la bolsa”. No es una observación menor. Los mercados con mayor peso en sectores tradicionales —energía, finanzas, consumo básico— pierden terreno frente a aquellos con exposición al ecosistema de la IA.
El dato corporativo más elocuente llegó desde Asia. Foxconn reportó un aumento del 19% en su beneficio neto trimestral, atribuido directamente a la demanda de servidores de inteligencia artificial. En un entorno donde muchas empresas enfrentan márgenes comprimidos, ese número habla por sí solo.
La presencia en la cumbre de Jensen Huang (Nvidia), Tim Cook (Apple) y Elon Musk (Tesla) no fue un detalle menor. Tres de los nombres más reconocibles del capitalismo tecnológico estadounidense, sentados en Pekín mientras sus gobiernos negocian aranceles y restricciones. La imagen condensaba una paradoja que los mercados llevan meses intentando resolver.
Los inversores esperaban avances concretos en comercio, aranceles e inteligencia artificial. Más allá de los resultados formales, la sola presencia de esos ejecutivos enviaba un mensaje claro: la interdependencia económica entre Estados Unidos y China no se deshace con un decreto ni con una guerra arancelaria. El mercado, por ahora, parece dispuesto a priorizar las oportunidades corporativas sobre los riesgos geopolíticos.
No todo era optimismo tecnológico. El Brent rondaba los 106 dólares por barril, con un avance de 0,4%, mientras el WTI alcanzaba los 101,47 dólares, un 0,5% más. El Estrecho de Ormuz seguía mayormente bloqueado, manteniendo la presión sobre los precios de la energía y, por extensión, sobre la inflación global.
El dólar mantuvo sus ganancias. Algunos inversores comenzaban a contemplar la posibilidad de que la Reserva Federal suba las tasas, aunque la mayoría de los economistas todavía espera un recorte como próximo movimiento. El rendimiento del Treasury a 2 años se acercó a máximos de un mes y medio, en 3,97%; el bono a 10 años rendía 4,47%. Cifras que merecen seguimiento.
Las malas noticias también tuvieron su espacio. Honda anunció una pérdida operativa de 2.600 millones de dólares —la primera desde 1957— tras revisar su estrategia de vehículos eléctricos en Estados Unidos. Un recordatorio de que no todas las apuestas tecnológicas resultan igual de rentables, y de que la transición energética sigue siendo un terreno lleno de incertidumbre.
La cumbre Trump-Xi continuará siendo observada en busca de acuerdos concretos sobre aranceles e inteligencia artificial. La Reserva Federal tendrá que pronunciarse sobre el rumbo de las tasas en un entorno donde la inflación vuelve a incomodar. Y el rally impulsado por la IA enfrentará, tarde o temprano, la prueba de los resultados reales frente a las expectativas. Por ahora, el optimismo domina. La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse sobre esa base.