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Nevaco Global
23 de agosto de 2026

¿Quién controla Ormuz? EEUU e Irán compiten por el relato sobre el vital estrecho del golfo Pérsico

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Agotado sin resultados el plazo para finalizar las negociaciones para el memorándum de entendimiento, la guerra entre EEUU e Irán atraviesa ahora una etapa sin ataques directos entre ambos países, pero con la batalla propagandística en pleno fragor. Ambos contendientes afirman que llevan la iniciativa en el control del estrecho de Ormuz, el paso marítimo estratégico por el que circulaba antes del inicio de los bombardeos en febrero el 20% del petróleo mundial. El presidente de EEUU afirma que es suyo, Irán se jacta de lo mismo. ¿Qué está pasando realmente?

La guerra contra Irán expone el punto débil del Ejército de EEUU: se queda sin misiles

El estrecho de Ormuz es una vía que en su punto más angosto no supera los 40 kilómetros. EEUU presume de que, incluso con ese escaso margen, ha sido capaz de redirigir el tráfico marítimo hacia una franja más próxima a Omán, y de esa forma sortear en buena medida el bloqueo impuesto por Teherán.

EEUU defiende que el empleo de petroleros de muy grandes dimensiones permite sortear el bloqueo iraní lo suficiente para evitar el bloqueo de la economía global

¿Cómo lo hace? A través del uso intensivo de sus barcos, aviones y helicópteros que anulan los eventuales ataques iraníes. Esto, combinado con el empleo de petroleros de muy grandes dimensiones, capaces de transportar la friolera de dos millones de barriles de petróleo (otros petroleros tienen capacidad de entre 350.000 y un millón de barriles) en cada viaje, permite sortear el bloqueo iraní lo suficiente para mantener el flujo internacional de crudo a un ritmo que evite bloquear la economía global, según explica en un artículo Trita Parsi, experto del Quincy Institute for Responsible Statecraft y experto en Irán.

Parsi señala, no obstante, que es difícil cuantificar cuánto crudo sale del golfo Pérsico de esta manera, pues los barcos que se arriesgan por la ruta meridional suelen llevar los transpondedores apagados —precisamente para evitar los ataques iraníes— y los medios especializados en el seguimiento del tráfico marítimo tampoco pueden hacer cálculos precisos. Una información de Axios que cita fuentes estadounidenses afirma que entre 15 y 20 buques han atravesado el área diariamente durante las últimas semanas.

“Si las cifras son precisas, es un logro significativo para EEUU [...], pero no es una solución permanente”, advierte en X Dennis Citrinowicz, investigador sénior del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional (INSS), afiliado a la Universidad de Tel Aviv. El riesgo es que Irán responda militarmente “si concluye que EEUU impide con mayor efectividad que los petroleros iraníes operen mientras permite que los de otros países crucen el Estrecho [...] Sin un regreso a un marco negociado, será cada vez más difícil prevenir la escalada”, alerta.

Trita Parsi señala otros motivos para este declarado optimismo estadounidense: por ejemplo, que el resto del mundo busca y encuentra alternativas al crudo iraní. Es el caso de Brasil, que ha ampliado su producción. Y en sentido contrario, el de China, principal destino de las exportaciones petroleras de Irán, que ha reducido sus compras para evitar un alza continuada del precio del barril que acabe provocando una recesión global.

Esta estrategia estadounidense de presión económica pone de manifiesto, por otra parte, que EEUU no puede mantener a medio plazo la ofensiva militar en los términos en los que lo vino haciendo durante los primeros meses de la guerra. Reuters informaba a principios de mes de que las fuerzas estadounidenses habían gastado gran parte de su stock armamentístico en Irán, hasta el punto de dejar virtualmente a cero los misiles de precisión de largo alcance —con un coste de un millón de dólares por unidad—, así como del 65% de los misiles interceptores Patriot, cerca del 40% de las carísimas baterías de defensa antiaérea THAAD y aproximadamente la mitad de los misiles de crucero Tomahawk.

Así, razonan los analistas, se entienden las últimas diatribas de Donald Trump, que ya no habla de devolver a Irán a la Edad de Piedra y escribe ahora, con sus habituales mayúsculas y signos de exclamación, que EEUU protagoniza “la más demoledora operación económica jamás emprendida contra ningún país”, al tiempo que publica mapas del estrecho de Ormuz con los colores de la bandera estadounidense y proclama retóricamente su soberanía sobre el lugar. Por si acaso, también amenaza con bombardear Omán si negocia alternativas de tránsito con Irán.

Este enésimo estrangulamiento económico que propone el Ejecutivo estadounidense vuelve a chocar con una de las constantes de la guerra desde el principio de la campaña de bombardeos en febrero, emprendida conjuntamente con Israel: la capacidad de aguante de Irán, tanto de la propia jerarquía como de la estructura del Estado. “La cuestión es si hay un punto de ruptura”, se pregunta en declaraciones a Politico Ali Vaez, director para Irán del think tank International Crisis Group, que se inclina por la negativa. “Diría que no lo hay, habida cuenta de que estamos ante un régimen que lucha por la supervivencia y nunca ha dudado en trasladar el sufrimiento económico a su población”, razona.

En esa línea de resistencia iraní abunda en declaraciones al New York Times Brett Erickson, analista de riesgos de la firma Obsidian Risk Advisors, que señala que Irán ya ha superado las ventas de petróleo que tenía presupuestadas para este año y la moneda iraní, el rial, no acaba de desplomarse frente al dólar, lo que permite que la inflación no se acelere.

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