El faro de Anaga se somete estos días a una puesta a punto que obliga a combinar tierra, mar y aire. Su ubicación convierte cualquier obra de mantenimiento en una pequeña operación logística. Los trabajadores acceden por mar hasta Roque Bermejo y desde allí afrontan la subida hasta la instalación, mientras que los materiales más pesados han tenido que llegar suspendidos de un helicóptero.
La Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife aprovecha una intervención de conservación para renovar los sistemas del faro. El presidente de Puertos de Tenerife, Pedro Suárez, cifra la actuación en torno a 100.000 euros, incluyendo la tecnología, la instalación y el mantenimiento.
La operación más llamativa se desarrolló durante el fin de semana, aprovechando una ventana meteorológica favorable. La Brifor facilitó un helicóptero con el que fue posible trasladar hasta las inmediaciones del faro los equipos y materiales que, por peso o volumen, no podían transportarse por los accesos terrestres. Suárez acudió a presenciar uno de los vuelos y define la operación como «espectacular».
Una parte importante de los trabajos se concentra en reforzar la autonomía energética. Se sustituirán y ampliarán los paneles fotovoltaicos por otros de mayor potencia y se renovarán baterías y otros componentes eléctricos para garantizar el funcionamiento de la instalación sin depender de una red convencional.
También se actuará sobre el agua. Las canalizaciones propias que abastecen al faro presentan roturas y deterioro, por lo que la obra incluye su reparación y renovación. A ello se suman trabajos en el cerramiento exterior, fachadas y pintura de la casa-faro, que acusaba ya el paso del tiempo y la exposición a unas condiciones meteorológicas duras.
La singularidad del emplazamiento condiciona cada movimiento. Suárez explica que durante la operación había una docena de personas trabajando en el acopio de material. Parte de la cuadrilla llega en embarcación hasta Roque Bermejo y continúa después a pie, mientras que el helicóptero permite hacer llegar hasta arriba maquinaria o piezas que no pueden cargarse por el sendero.
La utilización de medios aéreos no es habitual salvo en lugares como Anaga. El vuelo requiere condiciones concretas de seguridad y meteorología, de ahí que se concentrara el traslado durante dos jornadas favorables. Una logística que muestra hasta qué punto el aislamiento condiciona estos trabajos.
La intervención permitirá también actualizar un faro cuyo funcionamiento ha cambiado respecto a la imagen tradicional del farero viviendo junto a la linterna. En Anaga ya no reside personal. Sus sistemas se controlan a distancia y cuentan con cámaras y supervisión telemática para detectar incidencias; todo, por control remoto.
Eso no elimina la vigilancia sobre el terreno. El departamento de Ayudas a la Navegación de la Autoridad Portuaria realiza visitas periódicas para comprobar el estado de los equipos. Suárez explica que, aproximadamente una vez al mes, personal técnico se desplaza a los faros de la provincia para verificar que todo funciona correctamente y efectuar las tareas de mantenimiento necesarias.
La obra va más allá de esa revisión ordinaria. Paneles, baterías, conducciones de agua, cerramientos y fachadas forman parte de una intervención destinada a prolongar la vida útil de una instalación sometida al salitre, al viento y al aislamiento.
La imagen del helicóptero descargando material resume la dificultad de conservar el faro de Anaga. Primero hay que llegar hasta él. Después, mantenerlo operativo. En esta ocasión la puesta a punto se ha organizado literalmente por tierra, mar y aire: barco y sendero para los operarios, helicóptero para las cargas más complicadas y, una vez arriba, una obra de unos 100.000 euros para renovar la tecnología y proteger uno de los casi diez faros que se localizan en la costa de la capital tinerfeña.
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