El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y el presidente de China, Xi Jinping, durante la firma de un acuerdo en 2023. / KEN ISHII / EFE
Las elecciones presidenciales en Brasil han puesto de relieve la importancia geoestratégica del país para Estados Unidos y China. Tanto Washington como Pekín han tratado de aumentar su influencia en los últimos años en el país, el más poblado de América Latina, con el objetivo de asegurarse el acceso a materias primas fundamentales para su desarrollo industrial y tecnológico. La pugna entre las dos potencias ha convertido a Brasil en una pieza clave y ha puesto mayor énfasis en la convocatoria electoral, cuyo resultado condicionará el posicionamiento del país latinoamericano en el escenario global.
Tanto China como Estados Unidos se han convertido en dos socios comerciales fundamentales para Brasil en los últimos años. El gigante asiático fue el destino de más del 30% de las exportaciones brasileñas entre enero y agosto de este año, mientras que el país norteamericano representó casi un 10% del total. Pekín tiene intereses importantes en sectores como la agricultura, las infraestructuras y las telecomunicaciones, además de los hidrocarburos: según el Consejo Empresarial Brasil-China (CEBC), las tensiones en Oriente Medio han disparado las exportaciones de petróleo brasileño al país asiático en más de un 60% en el primer semestre de este año, en comparación con el mismo periodo del año anterior.
Estados Unidos, por su parte, ha puesto especial atención en las reservas de minerales críticos y en particular de las tierras raras, utilizadas para la fabricación de componentes de vehículos eléctricos, aparatos electrónicos y sistemas de defensa, entre otros. La compra de la empresa minera brasileña Serra Verde por parte de USA Rare Earth el pasado abril, cuantificada en 2.800 millones de dólares, es una muestra del creciente interés de Washington por controlar el acceso a estos minerales en Brasil, donde se alojan cerca del 25% de las reservas mundiales.
Los intereses de las dos potencias, sin embargo, podrían verse comprometidos tras estos comicios. El presidente brasileño y candidato del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva, ha mostrado su afinidad con China en múltiples ocasiones y ha apostado por mantener la presencia de Brasil en los BRICS, el grupo de países emergentes creado como contrapeso al dominio de Occidente. Por el contrario, una victoria del candidato ultra Flávio Bolsonaro supondría un mayor acercamiento con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con quien mantiene una fuerte afinidad ideológica.
El líder republicano no ha ocultado sus preferencias en este sentido: en julio del año pasado impuso aranceles de hasta el 50% a algunos productos brasileños como respuesta, entre otras cosas, a la "persecución política" a la que supuestamente estaba siendo sometido el padre de Flávio Bolsonaro y expresidente brasileño, Jair Bolsonaro, condenado meses más tarde a 27 años de cárcel por planear un golpe de Estado en el país. Al igual que su padre, Flávio ha apostado por un acercamiento con Washington y por distanciarse de Pekín, aunque los expertos alertan de que, en caso de ganar las elecciones, el candidato ultra tendrá poco margen de maniobra debido a la gran dependencia que Brasil sigue teniendo de China.
Robert Evan Ellis, exasesor del departamento de Estado de EEUU y experto en las relaciones con América Latina, recuerda que Jair Bolsonaro mantuvo un discurso crítico con China pero permitió, al mismo tiempo, la entrada de la empresa tecnológica Huawei para la construcción de la red 5G en el país. Una postura parecida a la que podría adoptar su hijo Flávio en caso de alzarse con la victoria. El experto explica que, más que en la parte estrictamente comercial, el distanciamiento de un eventual Gobierno de Bolsonaro con China se producirá en el ámbito diplomático e institucional, incluida una posible salida de los BRICS.
El analista Christopher Sabatini, director del programa para América Latina del laboratorio de ideas británico Chatham House, coincide con esta visión pero señala, al mismo tiempo, que un hipotético Gobierno de Bolsonaro podría perjudicar las inversiones chinas en sectores como las infraestructuras. "Creo que veremos un menor énfasis en las inversiones de China en infraestructura, y probablemente, una mayor inversión por parte de Estados Unidos. Lo más probable es que Trump ordene a la Corporación Financiera de Desarrollo (DFC) cerrar más acuerdos en Brasil para intentar llenar el vacío que dejarán sus exigencias —y serán exigencias— de que Brasil abandone las inversiones chinas en este ámbito".
Una nueva victoria de Lula, por el contrario, supondría un revés para la Administración Trump, aunque la ruptura se presenta improbable. Evan Ellis asegura que, al tratarse de su cuarto y último mandato, el presidente brasileño podría adoptar una posición más dura con Estados Unidos, pero descarta la posibilidad de que se produzcan grandes cambios respecto a la posición pragmática que ha adoptado hasta ahora. Algo con lo que coincide Sabatini: "No creo que Trump castigue a Lula si este gana, porque le gustan los políticos con carisma. Creo que ambas partes se esforzarían mucho más por adaptarse a la otra, ya que, a decir verdad, el deterioro de la relación no beneficia a nadie".
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