El citrus sigue en rojo con una caída del 38% en el valor de las exportaciones
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La economía apenas creció 0,1 por ciento en agosto tras la fuerte caída de julio y retrocedió 1,7 por ciento interanual
Los últimos indicadores de actividad vuelven a mostrar una economía con dificultades para consolidar la recuperación. Después de la fuerte caída de julio, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en agosto una mejora mensual muy marginal, y volvió a retroceder en términos interanuales. La foto es consistente con una dinámica heterogénea: mientras algunos sectores vinculados a los recursos naturales y los servicios mantienen resultados positivos, la industria, el comercio y la construcción continúan mostrando debilidad.
El problema ya no es solamente la velocidad del crecimiento, sino su capacidad para extenderse al conjunto del entramado productivo.
El EMAE aumentó apenas 0,1% mensual en agosto, luego de la caída de 2,8% registrada en julio, y se ubicó 1,7% por debajo del mismo mes de 2025. Con este resultado, el acumulado de los primeros ocho meses del año quedó en 1,2%, mientras que el componente tendencia-ciclo permaneció sin cambios por quinto mes consecutivo (corrigiendo los datos anteriores que mostraban tendencia positiva).
La actividad logró estabilizarse después del retroceso de julio, pero todavía no exhibe una trayectoria sostenida de expansión. Además, diez de los quince sectores relevados por el INDEC registraron caídas interanuales, una señal de que la debilidad no se limita a unas pocas actividades.
Entre los sectores que más incidieron negativamente se encuentran la industria manufacturera, con una caída interanual de -3,2%, y el comercio mayorista, minorista y las reparaciones, que retrocedió -3,5%. También disminuyeron la construcción (-2,5%), el transporte y las comunicaciones (-2,9%) y la intermediación financiera (-3,8%).
En contraste, la explotación de minas y canteras avanzó 11,1%, mientras que electricidad, gas y agua creció 4,3% y hoteles y restaurantes, 3,1%. La divergencia es significativa: los sectores ligados a la actividad extractiva y algunos servicios muestran dinamismo, pero las ramas más relacionadas con la producción manufacturera y el consumo interno siguen sin recuperarse.
Los indicadores específicos de industria y construcción refuerzan este diagnóstico. En agosto, el Índice de Producción Industrial Manufacturero (IPI) registró una mejora mensual luego del derrumbe de julio, pero permaneció -3,2% por debajo del año pasado. En el acumulado de enero a agosto, la producción industrial cayó 2,7%. El rebote mensual, por lo tanto, no alcanza para revertir el deterioro previo ni permite hablar todavía de una recuperación consolidada. La industria continúa enfrentando una combinación exigente de demanda interna débil, competencia importada y dificultades para recuperar niveles de producción e inversión.
La construcción presenta una dinámica parecida. El Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción (ISAC) creció 0,4% mensual en agosto, pero cayó -4,4% interanual. Aunque el acumulado anual todavía muestra una variación positiva, el comportamiento de los últimos meses refleja una pérdida de impulso. La diferencia entre el resultado acumulado y la comparación interanual recuerda la importancia de distinguir entre el nivel que dejó la recuperación previa y la evolución más reciente: una actividad puede conservar un saldo positivo en el año y, al mismo tiempo, atravesar una nueva fase contractiva.
El agro también dejó de funcionar como un sostén uniforme de la actividad. En agosto, agricultura, ganadería, caza y silvicultura retrocedió -1% interanual, mientras que la pesca cayó -15,7%. La minería, en cambio, creció 11,1%. Esto no implica que el complejo agroexportador haya perdido su relevancia externa: las exportaciones agroindustriales continuaron mostrando resultados elevados. Pero sí evidencia que el desempeño exportador y el nivel mensual de actividad del sector no siempre evolucionan en la misma dirección.
La producción depende de factores estacionales, calendarios de cosecha y condiciones específicas de cada complejo; por eso, el dato debe leerse como una señal de menor aporte sectorial en agosto, no como evidencia suficiente de un deterioro permanente del agro.
En este panorama, los salarios ofrecen una señal algo más favorable. En agosto, el índice salarial del INDEC aumentó 2,7% mensual, por encima de la inflación de 1,7%, lo que implicó una mejora real aproximada de 1,0%. La variación interanual también fue positiva en términos reales, aunque con diferencias importantes entre sectores: los salarios registrados continuaron rezagados frente a la inflación acumulada de los últimos doce meses, mientras que el promedio general recibió el impulso de los ingresos no registrados. Es una señal de rebote que puede ayudar a recomponer el consumo, pero todavía resulta prematuro interpretarla como una recuperación sólida y homogénea del poder adquisitivo.
El desafío de fondo es que la economía consiga transformar su capacidad exportadora en un proceso de crecimiento más amplio. En septiembre, las exportaciones sumaron USD 10.036 millones y las importaciones USD 7.060 millones, con un superávit comercial de USD 2.976 millones. En los primeros nueve meses del año, las ventas externas crecieron 21,6% interanual, mientras que las importaciones cayeron 2,5%. El saldo comercial es una fortaleza para la disponibilidad de divisas, pero su magnitud también debe analizarse junto con la debilidad de las compras externas: cuando las importaciones de bienes intermedios, maquinaria y equipos no acompañan la expansión exportadora, puede estar reflejando una inversión insuficiente y una demanda doméstica contenida.
En definitiva, la economía necesita algo más que sectores exportadores dinámicos para consolidar una recuperación. La minería, la energía y el agro pueden aportar dólares y nuevas inversiones, pero no garantizan por sí solos un aumento sostenido del empleo, los ingresos y la producción industrial. Para que ese impulso se transmita al resto de la economía hace falta fortalecer la demanda interna, recuperar el poder adquisitivo y generar condiciones para que la inversión privada vuelva a expandirse. De lo contrario, el país puede sostener un abultado superávit comercial y, al mismo tiempo, convivir con una actividad estancada en buena parte de sus sectores. El desafío no es solamente exportar más, sino conseguir que los dólares generados se traduzcan en mayor producción, inversión y bienestar dentro de la economía argentina.
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Arthur es un Springer Spaniel de 7 años que, a simple vista, parece el compañero ideal. Es precioso, cariñoso y juguetón en la intimidad del hogar. Sin embargo, cuando la puerta de casa se abre, surge el problema: Arthur no quiere salir a pasear. Lo que podría parecer un rasgo de pereza se ha convertido en un auténtico desafío para Marta y Juan, sus tutores, cuya vida familiar se ve condicionada por esta particular fobia. La situación ha llegado a un punto en que han decidido, a través de los micrófonos de COPE MÁS Málaga, buscar respuestas y soluciones para entender y ayudar a su mascota. La historia de Arthur con su familia comenzó a finales de 2019. "Juan y yo ya llevábamos un tiempo pensando en adoptar a un perro, y no nos importaba muy bien la raza", relata Marta. La oportunidad llegó a través de una amiga: en un criadero de Springle Spaniel, una raza muy típica de caza, un cazador había descartado a un cachorro de 7 u 8 meses porque "no le servía para cazar”. Marta y Juan no lo dudaron y lo acogieron. Desde el primer día, notaron su aversión a la calle. "Desde el inicio no le gustaba salir a la calle, y mira que era un perro después en casa superactivo", explica Marta a COPE. A pesar de su energía en casa, los paseos se convertían en una odisea. Con el paso de los años, el problema no solo ha persistido, sino que se ha agravado con los cambios en la estructura familiar. Marta ha sido madre recientemente por segunda vez, y la logística con una recién nacida, otra hija pequeña y un perro que se resiste a andar, es compleja. "Cada vez es más complicado hacer el doble paseo, como yo digo", confiesa Marta. Ir al parque canino, el único lugar donde Arthur parece sentirse algo más cómodo, ya no es siempre una opción viable. "No podemos estar todo el rato yendo al parque, porque, claro, con las 2 niñas hay veces que se complica un poco. Para nosotros, cada vez se va complicando, y con la última, con la recién nacida, pues aún más", lamenta. Para arrojar luz sobre este comportamiento, el programa ha contado con la intervención de Adrián Navarro, fundador de Adiestramiento Canino Lopecan y experto en conducta animal. Navarro es tajante desde el principio: "Lo veo como un problema". Sostiene que, por naturaleza, los perros son seres curiosos y el paseo debería ser uno de los mejores momentos del día. Cuando un perro rechaza salir, suele haber razones más profundas. "Lo normal es que haya una serie de problemas detrás de ese comportamiento, que yo lo categorizaría como un problema de conducta, que normalmente va arraigado a temas de miedo o alguna mala experiencia en la calle", afirma el adiestrador. Navarro descarta rápidamente que Arthur sea simplemente un perro vago. El hecho de que se muestre activo y feliz en entornos controlados como el parque es la clave. "Si fuera un perro vago, pues no estaría con ese nivel de actividad en los puntos en los que se siente bien", argumenta. El problema, según el experto, radica en los lugares con mayor ruido ambiental, como calles con tráfico. Es en esos sitios, llenos de estímulos auditivos y visuales imprevistos, donde el perro se siente inseguro y abrumado. El diagnóstico más probable de Adrián Navarro apunta a un síndrome de privación sensorial. Arthur llegó a la ciudad con 7 u 8 meses, una etapa crucial en el desarrollo canino. "Lo más normal es que Arthur, viniendo de un sitio donde seguramente estarían preparando a los perros para otro tipo de vida, más en el campo, más ligada a temas de cacería, pues al llegar a la ciudad y encontrase con muchos sonidos que no habían estado en esa etapa de desarrollo es cuando surge el problema", explica. Ruidos de coches, motos y el bullicio urbano general son estímulos que no conoció de cachorro, por lo que ahora, de adulto, los percibe como una amenaza. Esta falta de exposición temprana a un entorno urbano es lo que le genera una sobrecarga sensorial. Navarro aclara que Arthur no quería "acercarse a las cosas que no conocía". Su cerebro no aprendió a procesar esa avalancha de información como algo normal y, en consecuencia, su instinto le pide evitarla a toda costa. El problema tiene solución, pero requiere un trabajo constante y paciente por parte de la familia. "Todos los problemas de comportamiento se pueden trabajar, algunos se terminan de solucionar, pero en el peor de los casos se mejoran", asegura el adiestrador. La estrategia que propone Adrián Navarro se basa en una desensibilización sistemática y en el contracondicionamiento. El objetivo es cambiar la percepción negativa que Arthur tiene de la calle por una positiva. Esto implica exponerlo de forma progresiva y controlada a los estímulos que le generan miedo. Una de las primeras técnicas consiste en variar las rutinas. "Buscar otra puerta de entrada al parque, y que aunque al principio le cueste trabajo, vea que ese camino le lleva al mismo sitio donde se siente seguro", ejemplifica. Estas pequeñas acciones ayudan a que el perro vaya "rompiendo barreras" mentales. Un "truquito" que Navarro considera muy eficaz es generarle un atractivo muy grande en el coche. Marta ya había notado que Arthur asocia el coche con destinos agradables, como el parque. El adiestrador sugiere usar esto a su favor: "Pongo el coche en la dirección contraria a la que él suele ir". Si Arthur se resiste a ir hacia la izquierda al salir de casa, se aparca el coche en esa dirección. Aunque al principio haya que forzarlo un poco, el perro aprenderá que ese camino también conduce a una recompensa, y gradualmente se puede ir aumentando la distancia. Otra herramienta poderosa es la comida. Navarro aconseja que, durante un tiempo, se le dé a Arthur toda su alimentación fuera de casa. El primer paso es acostumbrarlo a comer en la calle, en lugares donde se sienta cómodo. Una vez que el perro asocia la calle con la comida, se pasa a la siguiente fase. "Será cuando la comida empiece a aparecer solo cuando aparezcan los estímulos que queremos que él acabe relacionando de forma positiva", detalla el experto. Por ejemplo, darle pienso justo cuando pasa un coche, para que el ruido se asocie con algo bueno. El proceso no es rápido. Navarro estima que, dependiendo del tiempo que la familia le dedique, la mejoría puede tardar entre 3 meses y un año y medio. Marta se muestra dispuesta a intentarlo, motivada por el bienestar de su mascota y de su familia. "El que él también disfrute los paseos es al final un disfrute para nosotros también, y también para que podamos compartir mucho más tiempo también con Arthur", confiesa. El desconocimiento es, según se comentó en el programa, una de las principales causas de estos problemas. "Cometemos muchísimos errores por desconocimiento", admite Navarro, quien concluye con una reflexión: "A mí cuando se me rompe el coche, voy al mecánico, pero todas las personas que cogemos un perro pensamos que sabemos entenderlo". Como gesto de apoyo, el adiestrador se ha ofrecido a ayudar personalmente a Marta y Arthur a iniciar este camino hacia la recuperación.