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10 de junio de 2026

A Putin se le revuelve el patio trasero: pierde Armenia y los vecinos le huyen

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El primer ministro de Armenia Nikol Pashinian supo tocar el corazón de los armenios que votaron su reelección en masaAFP

Vladimir Putin iba a por todo y por el momento tiene un poco más que nada de lo que ya tenía (un pedazo del Donbás y parte de Zaporiyia y Jersón). El jefe del Kremlin invadió Ucrania para anexionar la antigua república soviética al territorio imperialista con el que sueña. Despreció la resistencia, el nacionalismo ucraniano y el coraje de Volodimir Zelenski, al que trató de «payaso». El resultado es que su pretendida conquista relámpago se ha convertido en una guerra sin fin que va camino de cumplir cinco años con el eufemismo de Operación Militar Especial.

El terror que provoca en Europa Putin ha empujado a países neutrales a dar el paso que nunca hubieran querido dar. Suecia y Finlandia se han incorporado a la OTAN y la Alianza Atlántica ha incrementado su presupuesto en defensa, aunque Pedro Sánchez se haga el rebelde, y en pocos años –más de los que querría Donald Trump– la meta del 5 % será una realidad alcanzada.

El poderío del hombre con una habilidad extraordinaria para que sus adversarios salten por las ventanas o se suiciden, parece desinflarse desde que decidió invadir Ucrania. La lealtad de Aleksander Lukashenko no le garantiza una Bielorrusia genuflexa eterna y en Georgia, pese a la última victoria electoral de sus aliados –con la limpieza del proceso en duda–, la sociedad está polarizada y el rechazo al régimen de Moscú es palpable en las calles.

La sombra de Ucrania sobrevuela cualquier rencilla en el espacio postsoviético. La UE, más que la OTAN, es a día de hoy el principal apoyo de Kiev y, por tanto, el nuevo enemigo existencial de Rusia.

Moldavia levantó un muro con Moscú hace años, y Azerbaiyán eligió Turquía como su aliado estratégico. Si Putin creía que al menos le quedaba Armenia, se equivocó. La última pieza del dominó postsoviético le ha encajado un jaque mate con la victoria el domingo de Nikol Pashinian. La reelección del primer ministro se puede interpretar como el último clavo en el ataúd ruso que pretendía reunificar a los satélites de la URSS en el planeta de la Federación Rusa.

Los intentos de meter baza en las elecciones armenias e impulsar a sus candidatos también han tenido el efecto contrario al deseado. El empresario ruso-armenio Samvel Karapetián, en arresto domiciliario, era la gran esperanza de Putin, pero su doble ciudadanía invalidó su candidatura desde un principio. El resto no lograron movilizar el voto pro Kremlin.

Los constantes ataques y supuestas campañas de desprestigio desde Moscú contra Pashinian así como su insistente recuerdo –o amenaza– al primer ministro de que la invasión a Ucrania se produjo cuando el país comenzó a acercarse a la UE, lo que hicieron fue reforzar su candidatura.

Armenia celebró a principios de mayo su primera cumbre con la UE y ha congelado su participación en la alianza militar liderada por Moscú, como observa Efe, debido a lo que muchos en el país consideran la «traición» de Putin a Ereván en su guerra con Azerbaiyán por el control del territorio de Nagorno Karabaj.

El paraguas protector de ese emblemático enclave, que ha dejado de existir, lo guardó Putin para desgracia y ofensa de Armenia. Pero el acercamiento a Bruselas no le está saliendo gratis a Ereván. Las últimas dos semanas una avalancha de sanciones de Moscú han castigado a las importaciones armenias.

Armenia hoy no puede exportar al mercado ruso flores, verduras, agua mineral, vino, coñac, fresas y pescado, un golpe para la economía nacional. En este contexto el Kremlin amenaza con subir el gas que se transporta en el país por tuberías a cielo abierto –de 177 dólares a 600 por cada mil metros cúbicos–, un chantaje al que el gigante Gazprom suele recurrir para amedrentar a los países vecinos.

Putin le advirtió hace unos días a Pashinián que considera incompatible acercarse a la UE y pertenecer a la Unión Económica Eurasiática (UEE). Le exige a Ereván que convoque cuanto antes un referéndum para que elija. La respuesta de Pashinián no se hizo esperar. Habrá consulta, pero cuando proceda. Es decir, no antes de que Armenia esté a punto de recibir el estatus de candidato al ingreso en el bloque comunitario, al igual que sucedió en el caso moldavo.

Para que se den estas condiciones pueden pasar muchos años. Armenia es consciente de que plantear esa pregunta en estos momentos no tiene sentido. Supondría forzar una elección entre una realidad, la pertenencia a la Unión Económica Eurasiática, y lo que es ahora una utopía, el acceso a la UE. Putin presiona, pero Pashinián, más fuerte que nunca, no le hace caso.

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