Si finalmente se levanta, sería la primera fábrica de Audi en USA
Hace ya más de un año que algunos de los directivos europeos más importantes del sector pedían a Bruselas que redujera las regulaciones a la industria del automóvil; hablamos de ceos que ya han abandonado el sector como Luca de Meo (Renault), Carlos Tavares (Stellantis) o Oliver Blume (VW).
Mes a mes la situación va haciéndose más complicada para el automóvil europeo y los fabricantes, porque en paralelo a las crecientes regulaciones de Bruselas, la llegada de las marcas chinas ha disparado la presión sobre las cuentas de resultados, pues se ha desplomado la rentabilidad de las ventas.
A todo esto hay que sumar que el mercado europeo se ha contraído entre 2 y 3 millones de unidades cada año, una caída de demanda que ha obligado a los fabricantes a reducir producción, algo que temporalmente puede solucionarse con parones en las fábricas y disminución de turnos, pero a la larga solo puede solucionarse cerrando plantas y despidiendo trabajadores.
De hecho, el Grupo Volkswagen estaría acometiendo el plan de reestructuración que incluye cifras mareantes que incluyen más de 100.000 despidos y el cierre de cuatro o cinco fábricas; un plan que ha supuesto ya el adiós a la Fábrica de Cristal de Volkswagen en Dresde, Alemania, que ha dejado de producir coches, y la de Audi en Bruselas, que se destinaba casi en exclusiva a la producción del Audi Q8 e-tron.
Una situación que contrasta con el anuncio que hizo recientemente Gernot Döllner, presidente del consejo de administración de Audi, durante un mitin de Trump, en el que anticipaba la construcción de una nueva fábrica de coches en los Estados Unidos para la producción de SUV grandes destinados fundamentalmente al mercado norteamericano, aunque también podrían venderse en Europa y en otros mercados.
Un anuncio muy criticado porque de acuerdo con los estatutos de la compañía germana ningún directivo puede significarse con ningún partido político y mucho menos en pleno periodo electoral, una inversión de entre 4.000 y 5.000 millones de dólares que horas después dejaban en el aire los sindicatos de la compañía, pues sin su aprobación la construcción de la nueva fábrica no será realidad.
Estaríamos ante la primera fábrica de Audi en los Estados Unidos
Sería la primera fábrica de Audi en los Estados Unidos y tendría como objetivo evitar los aranceles comerciales puestos en vigor por Trump, que solo el año pasado supusieron a la marca 1.200 millones de euros. Hay que tener en cuenta que la situación en los Estados Unidos promete ir a peor, pues antes de 2030 entra en vigor la prohibición a la venta de coches con cualquier componente chino, ya sea software o hardware.
Así, Audi va a intentar dar prioridad a la rentabilidad de sus operaciones, pues con la caída del mercado chino en más de un 30 % y la contracción del mercado europeo la situación se ha vuelto realmente complicada financieramente hablando, sobre todo ahora que las marcas chinas parecen convencidas de meterse de lleno en terreno premium con el lanzamiento de modelos del segmento más lujoso para competir con los Mercedes, Audi y BMW.