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Nevaco Global
14 de octubre de 2026

Nueve formas de hacer empresa que impulsan el desarrollo de Galicia

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Vista aérea del Puerto de Vigo, contenedores en el Muelle de Guixar / Marta G. Brea

No existe una única receta para construir una empresa. Hay negocios que crecen a partir de una fábrica, otros que encuentran su oportunidad en mercados lejanos y algunos que nacen en un laboratorio. Detrás de todos hay decisiones, inversiones, riesgos y personas. Los nueve galardonados en la tercera edición de los Premios Empresa del Año Banco Sabadell, organizados por las tres cabeceras gallegas de Prensa Ibérica —La Opinión A Coruña, Faro de Vigo y El Correo Gallego—, representan distintas formas de emprender y consolidar una actividad económica. Sus trayectorias permiten recorrer buena parte de la diversidad empresarial de Galicia.

Una de esas historias comienza en Padrón, donde Grupo Cortizo ha convertido una empresa de origen familiar en una multinacional del aluminio y el PVC. Reconocida como Empresa del Año, la compañía cerró 2025 con una facturación récord de 988,9 millones de euros, un 10,4% más que el ejercicio anterior. Sus instalaciones produjeron 118.546 toneladas de aluminio y su plantilla alcanzó los 4.055 trabajadores, 188 más que un año antes. Tres de cada cuatro toneladas que fabrica tienen como destino mercados internacionales, con presencia comercial en 84 países.

El crecimiento ha ido acompañado de inversiones para ampliar la capacidad industrial y mejorar los procesos productivos. Solo el pasado ejercicio destinó 63,3 millones a nuevos proyectos, entre ellos el centro de reciclaje de aluminio de Coirós, inaugurado en diciembre.

Si Cortizo representa el crecimiento de una empresa industrial, la trayectoria de Luis de Valdivia muestra el valor de anticiparse a un mercado. El fundador y presidente de la empresa coruñesa Ecoener, distinguido como Empresario del Año, comenzó su actividad en las energías renovables en 1988, cuando estas tecnologías apenas tenían el protagonismo que han adquirido en el sistema energético. Su proyecto arrancó con la recuperación de centrales hidráulicas y se extendió después a la energía eólica, la solar fotovoltaica y el almacenamiento.

Casi cuatro décadas después, Ecoener opera en un negocio marcado por los cambios regulatorios, la evolución tecnológica y la competencia internacional. De Valdivia ha defendido la continuidad de la sede empresarial en Galicia, incluso ante las dificultades que supone captar determinados perfiles profesionales. Su trayectoria ilustra cómo una actividad que en sus inicios parecía minoritaria ha pasado a ocupar un lugar central en el debate energético.

La capacidad de adaptación también explica la evolución de Jealsa, distinguida con el Premio Empresa Familiar. Fundado en Boiro por Jesús Alonso Fernández en 1958, el grupo conservero tuvo que afrontar en 2021 un incendio de grandes dimensiones en sus instalaciones de Bodión. Tras la reconstrucción y las dificultades derivadas del encarecimiento de las materias primas, cerró 2025 con unas ventas de 825 millones, un 5,6% más. La continuidad del proyecto familiar se ha apoyado así en la recuperación de su actividad y la modernización de sus instalaciones.

Otra forma de entender la permanencia empresarial es la de Roberto Verino. El diseñador de Verín recibe el Premio a la Mejor Trayectoria Empresarial tras más de cuatro décadas desde el lanzamiento de su primera colección en 1982. Su nombre se convirtió en una marca de moda con presencia comercial dentro y fuera de España.

La especialización constituye otro camino para competir fuera de Galicia. Ceamsa, Premio Empresa Más Internacional, nació en 1966 en O Porriño y ha construido su actividad alrededor de ingredientes naturales obtenidos, entre otras materias primas, de las algas. Con plantas en España y Filipinas, distribuye sus productos en los cinco continentes. Su actividad demuestra que un mercado muy especializado también puede sostener una presencia internacional.

Pero fabricar para otros países no basta: las mercancías deben llegar a su destino. En ese terreno trabaja Kaleido, distinguida con el Premio Empresa Más Logística. La compañía viguesa, con una trayectoria iniciada en 1976, organiza operaciones de transporte terrestre, marítimo y aéreo, incluidas cargas industriales de gran complejidad. Su evolución refleja cómo la logística ha dejado de ser una simple cuestión de transporte para convertirse en una actividad que requiere ingeniería y tecnología.

La transformación de los residuos en nuevos recursos define, por su parte, el trabajo del coruñés Grupo Gestán, reconocido como Empresa Más Sostenible. En 2025 facturó 38 millones de euros y gestionó 318.000 toneladas de residuos. La empresa produjo además cerca de 48.000 toneladas de árido reciclado. Son cifras que ponen dimensión a una actividad vinculada a la recuperación de materiales y a la reducción de residuos destinados a eliminación.

El impacto de una empresa también puede medirse por las oportunidades laborales que proporciona. Freshcut, del Grupo Frutas Nieves, recibe el Premio Empresa Más Impacto Social por un modelo que combina la elaboración de productos alimentarios con la integración de personas con discapacidad. Su actividad industrial, centrada en la transformación de frutas y hortalizas, demuestra que la inclusión laboral puede formar parte de la propia organización de un negocio.

La lista de premiados se completa con Diversa Technologies, elegida Mejor Startup del Año mediante la votación de los lectores. La biotecnológica de Santiago desarrolla sistemas basados en nanopartículas para transportar fármacos a tejidos y células concretos. Es una actividad muy diferente a la de los grandes grupos industriales, pero comparte con ellos un desafío esencial: convertir conocimiento y recursos en una actividad con posibilidades de crecimiento.

Más allá de las diferencias de tamaño, antigüedad o sector, los galardonados con los Premios Empresa del Año Banco Sabadell muestran que la economía gallega no responde a un único modelo de empresa. Unos han alcanzado una dimensión internacional; otros han consolidado negocios familiares, han abierto nuevos mercados o han incorporado objetivos sociales y ambientales a su actividad. Cada uno ha seguido un camino distinto. Y esa diversidad es, precisamente, una de las características del tejido empresarial de Galicia.

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