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El informe fue entregado por Asociación Nacional de Comercio Exterior.
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A lo largo de la historia de los Mundiales, el aficionado español no ha dejado de envidiar lo que le parecía una característica propia e ... inalcanzable de los grandes, el sello distintivo de las selecciones que se repartían los títulos: el hecho de ser capaces de ganar sin jugar bien. Se jugaba una Copa del Mundo, veía llegar a las semifinales o las finales a los de siempre –Brasil, Alemania, Italia, a veces Argentina o Francia en las tres últimas décadas–, valoraba el nivel de su fútbol y se preguntaba cómo podían llegar tan lejos. Y no sólo eso. Se preguntaba también, más resignado que dolido, qué le faltaba a España para compartir mesa con esos clásicos. La respuesta siempre era la misma: competitividad en cualquier circunstancia. La camiseta de esas grandes selecciones tenía un peso superior por culpa del poso que ha ido dejando en ellas la historia.
Esto ha cambiado, evidentemente. Sólo hace falta ver la pobrísima trayectoria de Brasil y Alemania en los últimos Mundiales. O el desastre de Italia, que ni siquiera tiene trayectoria pobre porque no se ha clasificado para las tres últimas ediciones. Si alguien nos dice esto hasta treinta años le regalamos un cencerro y le ponemos un embudo en la cabeza para que siga haciendo bromas a otros. Para España, el triunfo en Sudáfrica, unido a las Eurocopas de 2008 y 2012, supuso su ingreso en el exclusivo club de los grandes. Era, eso sí, un recién llegado que había logrado ese 'ascenso social' gracias a una generación extraordinaria de futbolistas, una de las mejores de todos los tiempos.
¿Pero qué pasaría cuando esa generación se fuera retirando poco a poco? Los resultados en los Mundiales de Brasil, donde no pasó de la fase de grupos, y en los de Rusia y Catar, donde cayó en octavos, invitaron a pensar que España, pese a contar siempre con grandes jugadores, volvía a sus viejos fueros, cuando tenía en los cuartos de final una aduana infranqueable. Es cierto que la victoria en la última Eurocopa, por la forma en la que se produjo, generó mucho optimismo de cara a este Mundial 2026. Ahora bien, el público español estaba convencido de que, si quería tener opciones de ganar su segunda estrella, la selección de Luis de la Fuente iba a tener que ofrecer su mejor versión. No le valía otra. Sólo un fútbol brillante, que le diera un dominio abrumador en los partidos, le podía conducir a lo más alto. Dicho de otro modo: no le presuponía a su equipo la competitividad de los grandes en cualquier circunstancia. Y esto es justo lo que se está viendo en esta Copa del Mundo.
Uno analiza los seis partidos que ha disputado España y llega inevitablemente a una primera evidencia: en todos ha sido superior a su rival, pero sólo ante Arabia Saudí y Austria ganó con comodidad. Y sólo en esos partidos tuvo unos periodos un poco largos de juego de muchos quilates. En el resto, el buen fútbol ha llegado en pequeñas rachas. Ante Bélgica, por ejemplo, desde la pausa de hidratación hasta que, en el minuto 41, llegó el 1-1 en la primera jugada de peligro de los belgas. La mayor parte del tiempo, España ha dominado sin crear demasiadas ocasiones. Lo ha tenido todo bastante controlado gracias a su superioridad técnica y al trabajo de una retaguardia que está rindiendo de forma impecable. Era la línea que más dudas concitaba antes del torneo y está siendo con diferencia la mejor.
A España, en fin, le ha puesto en semifinales su poso competitivo. Es una de las grandes y, además, disfruta de un ambiente magnífico. De hecho, el buen rollo que desprenden Luis de la Fuente y su tropa, unido al optimismo mineral que existe dentro del grupo, le hacen un rival todavía más temible. Por no hablar de los golpes de suerte que le están acompañando, empezando por los goles que se han comido Muslera y Lammens, por las lesiones de rivales importantes como Nuno Mendes, Tielemans en el calentamiento o Courtois, por los goles de Mikel Merino nada más salir en los últimos minutos, etcétera. La duda que se plantea ahora, por supuesto, es si a España le va a valer esto ante Francia, sin duda el mejor equipo de este Mundial, el único que ha ganado todos los partidos y el que más goles ha marcado.
La impresión que tenemos muchos es que va a necesitar algo más. Lo hecho hasta ahora ha sido bueno para ir superando escalones –esta vez uno más ya que hubo dieciseisavos– e ir asentando los cimientos de una mejoría progresiva, pero no es suficiente cuando los rivales ya no van a ser inferiores sino de tu propia talla o incluyo mayor. Para ganar a Francia, que libra por libra, como diría un cronista de boxeo, es la mejor selección del mundo, es necesario que reluzcan por fin, al unísono, todas las estrellas de España. Así fue posible ganar a la selección de Deschamps en los dos últimos partidos que han enfrentado ambos equipos, en las semifinales de la última Eurocopa y en la final de la Nations de 2025. Y es que no hay otra manera.
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