Volver a la edición
Nevaco Global
15 de julio de 2026

Las últimas 24 horas en Main Street con la Verja: "No sé cuál es el morbo de venir ahora a Gibraltar"

Cargando análisis estratégico...

Seis horas antes de que La Verja se levante para siempre —salvo sorpresa geopolítica— nadie se acordaba de La Verja en el autobús rojo que une Casemates Gates con la frontera entre La Línea y Gibraltar. Una muchacha de no más de 25 años, que acababa de terminar su jornada laboral en el Peñón, discutía levemente con su novio. Dos asientos más adelante un hombre de mediana edad, que debe ser usuario habitual, charloteaba con el chófer. Estaban hablando de un conocido en común que ha fallecido hace poco. "Yo creo que se estaba ya despidiendo", comentaba el conductor, que llevaba un autobús casi lleno.

Otras dos mujeres más, que debían acercarse ya a los sesenta planeaban el resto de la semana de vuelta a casa. Por el acento, parecían ser linenses, aunque de pronto podrían haber cambiado al inglés y desvelar que, en realidad, eran llanitas. No hicieron el switch —así llaman al viaje lingüístico entre español e inglés que está en el ADN de los gibraltareños—, así que serían dos de esas 15.000 personas que cruzan a diario última frontera terrestre que quedaba dentro de la Unión Europea para ir a su puesto de trabajo. Cuando este miércoles vuelvan al curro no tendrán que enseñar el DNI para cruzar la aduana.

En la medianoche del 14 al 15 de julio, después de más de 300 años, la separación entre La Línea de La Concepción y Gibraltar dejó de existir físicamente. Unas horas antes, en Bruselas, Gran Bretaña, España y la UE firmaron el tratado que blinda el nuevo estatus de la colonia británica, dentro del espacio Schengen. Pero nadie en ese pequeño autocar de la línea 2 hablaba del tema. La mayoría de los que estaban montados pensaban en sus cosas, miraban el móvil o leían en un dispositivo electrónico, aunque su rutina será otra a partir de ahora. Aunque no demasiado distinta.

Cruzar la Verja en 2026 es casi instantáneo. El agente de fronteras británico que pasa la última mañana con la frontera activa apenas mira el documento de identidad si se trata de un DNI español. Le echa un ojo por encima, no lo llega ni a coger. Faltan justo 11 horas para que su puesto de trabajo desaparezca, al menos como ha sido hasta ahora. La mayoría de los que cruzan a la una de la tarde de un martes laborable son turistas. Una familia del sur de Inglaterra comenta que los helados son más baratos mientras camina hacia Winston Churchill Avenue, la primera calle del lado gibraltareño. A su lado un grupo de militares norteamericanos de la base de Rota sacan el móvil para hacer una foto.

"Yo hago mucho mi vida en España, salgo mucho por ahí de noche y también de día, a la playa", admite Christian Viñales, que reconoce que no le molestaba demasiado hacer cola, aunque admite que ahora "será más fácil". "Era lo que yo llamo un first world problem, ponerse en una cola cuando hay gente en otros países muriendo de hambre o tratando de meterse en una balsa para venir a Europa", añade en plena Main Street, la principal arteria comercial de Gibraltar. Keith Tonna, en la misma calle, también resta importancia a los atascos en la Verja, salvo cuando "el Gobierno español protestaba". Sobre todo porque cree que las fronteras cada vez son menos "físicas" y más "informáticas".

Antes de 1713, cuando el Peñón quedó definitivamente en manos británicas, la vía más importante de la ciudad se llamaba calle Real. La culpa del cambio de nombre la tiene la flota angloholandesa que tomó la Roca nueve años antes en el contexto de la Guerra de Sucesión Española. Esa es una de las historias que cuentan los guías turísticos repartidos por las zonas más concurridas de Main Street. Cuatro de ellos se refugian del calor pegajoso del mediodía de en Cathedral Square, a la espalda de la catedral anglicana de esta ciudad de 34.000 habitantes, que también tiene una catedral católica, una mezquita y, al menos, cuatro sinagogas.

"Esto no es una preocupación, preocupación fue cuando [Francisco] Franco cerró la Verja en 1969", asegura uno de ellos, que explicita que muchos de los llanitos tienen familia en La Línea. Ninguno quiere decir su nombre, pero todos coinciden en que los turistas que han estado estos días en la colonia —en 2024 fueron 5,85 millones según las estadísticas oficiales— no se interesan demasiado por la desaparición de la frontera. Tampoco los guías parecen preocupados.

Mientras esperaban clientes su conversación giraba en torno al otro gran evento de la jornada, el España-Francia de las semifinales del Mundial. "En la selección de Marruecos no son ninguno nacidos en Marruecos", espeta uno de los guías para terciar en el debate más candente de los últimos días, el artículo de Mariano Rajoy que ha levantado ampollas en el país vecino. Prosigue su discurso recordando que que Gran Bretaña va por separado a las competiciones futbolísticas, al contario de lo que ocurre en los Juegos Olímpicos. "Nosotros tenemos Gibraltar, England, Scotland, Wales... si en España se presentara Andalucía, el País Vasco y Canarias no tendríais equipo", tercia este gibraltareño para jolgorio de sus compañeros.

En las calles de la colonia se no se veían este día de la Bastilla demasiadas camisetas de la selección inglesa, que juega el miércoles contra Argentina. Por contra, sólo una azul de les bleus aparece a la hora de la sobremesa en pleno día de la toma de la Bastilla y la lleva un niño pequeño. Aunque hay algún local con la cara de Messi, no hay mucho fan de la albiceleste. Lo que más se ve, paradójicamente, son camisetas de España. La blanca de la segunda equipación arrasa e incluso un camarero lleva pintada la cara con la rojigualda en uno de los bares de Casemates Square.

La roja de toda la vida la lleva una treintañera mientras se bebe una copa de vino en la sobremesa con otras dos amigas en Ocean Village. Esta zona, con puerto deportivo, modernos edificios con pisos de lujo e incluso un casino flotante es el símbolo del nuevo Gibraltar. Su desarrollo comenzó a principios de este siglo, no sin polémica, ya que se levanta en una zona ganada al mar junto a antiguos terrenos portuarios. El tratado de Utrecht sólo reconoce como aguas gibraltareñas las que están dentro de su puerto, igual que ocurre con el istmo que une el Peñón a la península, donde está el aeropuerto que ahora pasará a ser compartido. Y eso no ha sido obstáculo para que Gibraltar lo haya utilizado durante todos estos años y haya generado no pocos conflictos entre Londres y Madrid.

"Yo apoyo esta noche a España", avanza esta joven gibraltareña. Aunque seguro que celebró que Lamine Yamal y compañía acabasen con Mbappé, es, junto sus dos colegas, la más reticente al nuevo statu quo de todos los llanitos que han participado en este reportaje. "Tengo miedo de que puedan entrar más drogas ahora que la frontera va a dejar de existir", dice en inglés, aunque es su amiga, de nombre Heidi, quien más se explaya en estas dudas. "La frontera me da seguridad, yo puedo dejar mi bolso encima de la mesa sin preocuparme y ahora no sé si podré seguir haciéndolo", abunda. Eso no significa que no haya delincuentes en Gibraltar, asegura, sino que la ausencia de controles policiales a partir de ahora puede poner las cosas más fáciles a quien quiera delinquir en la colonia.

Heidi también muestra sus dudas por las consecuencias económicas que derivan del tratado firmado este martes en Bruselas y que todavía debe ser refrendado por el Parlamento británico y el Europarlamento. "Los negocios tendrán que adaptarse a las nuevos impuestos, porque aquí no existe el IVA", advierte esta mujer gibraltareña. David Smith, comerciante en una de las tiendas de Main Street, es más optimista, aunque reconoce que es pronto para sacar conclusiones. "Habrá más turismo, más gente pasando por la frontera y yo creo que va a estar mejor para todo en general", augura. Y desea que el acuerdo traiga "un buen porvenir tanto para Gibraltar como para nuestros vecinos", aunque admite que "el tiempo lo dirá".

No muy lejos de la tienda de Smith está uno de los establecimientos que la cadena local Ramsoms tiene en la ciudad. Es uno de los pequeños supermercados que trufan Main Street en los bajos de edificios de estilo andaluz, genovés o del Regency británico de principios del siglo XIX, testigos del mestizaje propio del Peñón. Las estanterías están llenas de botellas de alcohol de alta graduación, chocolatinas y chucherías que no se encuentran al otro lado de la Verja, cajas de te con la cara de Lady Di o Isabel II y cajetillas de tabaco. "No sé cuál es el morbo de venir ahora a Gibraltar", admite con cierta desgana mientras cobra un cartón de tabaco un 24% más barato de lo que cuesta apenas a un par de kilómetros de allí, en La Línea.

Como decía Heidi, la británica que hacía la sobremesa en Ocean Village, en la colonia no existe el Impuesto del Valor Añadido, pero el acuerdo incluye la puesta en marcha de un gravamen homólogo al IVA español. Por eso hay limitaciones para la compra de tabaco. El Peñón fue ser el origen de una fórmua de contrabando casi artesanal, la de las matuteras. Eran mujeres, en su mayoría, que cruzaban la Verja para comprar las cajetillas que luego vendían en el lado español un poco más caras. El fenómeno tuvo su punto álgido tras la reapertura de la Verja en 1982 y se multiplicaba, sobre todo, en épocas de carestía. Hasta que las autoridades empezaron a combatirlo. Ahora ya casi no existe, pero sigue formando parte de la historia social del Campo de Gibraltar.

En el Museo Nacional de Gibraltar no hay pistas sobre las matuteras porque su línea del tiempo acaba en la II Guerra Mundial, cuando la colonia se convirtió en un punto clave de la estrategia de Gran Bretaña contra el Eje. La prueba está en los túneles excavados en the Rock, que es como los británicos llaman al monte Calpe, el macizo montañoso que ha moldeado esta esquina del Mediterráneo desde hace milenios. El camino comienza con la presencia neandertal y llega hasta mediados del siglo pasado, pasando por el origen musulmán del topónimo. Gibraltar es la evolución de Jabal Tariq, que en árabe significa la montaña de Tariq, en alusión a Tariq ibn Ziyad, uno de los caudillos musulmanes que participó en la conquista de la península ibérica por parte del califato de Damasco.

Continúa la lectura estratégica

Accede a la nota completa y mantente a la vanguardia de los movimientos financieros globales.

Leer artículo en Nevaco Global

Nevaco Report — Monitoreo en tiempo real de mercados globales y análisis macroeconómico.

También podría interesarte

Aprobado RIGI para inversión de litio en Catamarca por u$s709 millones
titulares

Aprobado RIGI para inversión de litio en Catamarca por u$s709 millones

El impulso del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones en el sector minero El Comité Evaluador del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) aprobó un nuevo proyecto minero para la producción de carbonato de litio en el Salar Tres Quebradas. La firma LIEX S.A. invertirá u$s 709 millones en esta planta con [...]

15 jul 2026