Primero empiezan los números. Luego, la geopolítica. Y, por último, los nombres y los rostros. De las más de 50.000 personas que han cruzado en la última semana la frontera entre Marruecos y España por la playa de Ceuta, casi un centenar podrían haber fallecido ahogados, con contusiones o de frío, según los datos preliminares. Hasta el momento, la Guardia Civil española contabiliza 72 fallecidos. El presidente de la ciudad autónoma habla de 88. Y eso solo en el lado español: a última hora del domingo, el Ministerio del Interior marroquí cifraba en 11 los cadáveres ya recuperados por los marroquíes en la morgue de Tetuán, 30 kilómetros al sur de Ceuta.
Uno es el de Faten Ben Omar el Azizi, una joven tetuaní de apenas 20 años, considerada una promesa del incipiente fútbol femenino en Marruecos, y que falleció mientras intentaba cruzar a nado desde Castillejos (Fnideq, en la denominación marroquí) hasta la ciudad autónoma. Su cuerpo fue arrastrado por las fuertes corrientes durante la travesía, según informan los medios locales y confirmó más tarde el club en el que jugaba, el Moghreb Atlético de Tetuán, en un comunicado oficial.
La joven promesa marroquí murió a las puertas de Ceuta por un cóctel mortal de geopolítica, intereses internacionales y la permanente sensación de falta de oportunidades que denuncia la juventud del país.
"La juventud está perdida, todos van a matarse. ¿Por qué? ¿Quién abrió la puerta la primera vez? ¿Por qué la abrieron para que maten a nuestros hijos?", lamenta, con voz desgarrada, la madre de Faten, según se puede escuchar en árabe en un vídeo publicado en redes sociales por el periódico Al Ayoum 24, poco antes de enterrar el cadáver de su hija en el cementerio de Tetuán.
El mismo cementerio en el que trabajaba la muchacha desde los 13 años (en Marruecos la edad legal para trabajar es, sin embargo, 14). Según relata la madre, la situación de la familia era trágica, en parte también por el bloqueo económico que Rabat, que no reconoce a Ceuta como territorio soberano español, impone a las ciudades autónomas desde hace años. En 2019, Marruecos impuso de manera unilateral el fin de una importantísima parte que sostenía el comercio de Ceuta y la región, el contrabando de mercancías, conocido como porteo, que daba de comer a miles de familias, especialmente a las sostenidas por mujeres e hijas, con el hombre ausente.
"La aduana nos impide vender, ya sea vendiendo botellitas de agua o limpiando tumbas; la aduana nos detiene y mata a nuestros hijos. Esto es lo que hemos visto de nuestro Estado. Detienen a los vendedores ambulantes, detienen a los chicos... ¿Qué queda en Marruecos? Drogas. Drogas por todas partes... (...) La juventud está perdida", se lamenta la mujer, en unas duras críticas al gobierno de Rabat que están empezando a replicarse en algunos círculos más opositores.
Las cifras parecen confirmar el relato humano de la mujer. Aunque Marruecos creció cerca de un 5% en 2025, un ritmo difícil de encontrar entre las economías de su tamaño en el Mediterráneo, y mejora también en la mayoría de los indicadores macroeconómicos, no se está traduciendo necesariamente en mejoras generalizadas para los jóvenes marroquíes. Según el último gran diagnóstico del Banco Mundial sobre empleo y crecimiento en Marruecos, entre 2000 y 2024 la economía creó de media 215.000 puestos menos al año de los necesarios para mantener estable la tasa de empleo. Cada nueva promoción de jóvenes entra así en un mercado con cada vez menos oportunidades. El propio Banco de Marruecos describió el empleo como el "eslabón débil de la economía nacional" en su informe anual de 2025.
La historia de Faten es especialmente trágica, según el relato de la madre: apenas unas horas antes de que la muchacha se lanzara al agua, la madre habría recibido el aviso de que le habían otorgado el visado en el consulado español de Tánger, que la joven estaba solicitando para "hacerse un futuro" y "cumplir sus sueños". Era demasiado tarde para Faten.
El cuerpo de la joven sí que ha podido ser recuperado por las fuerzas marroquíes, quienes, sin embargo, no han dado una cifra oficial de fallecidos (más allá de la veintena que reportó el medio Hespress). Hasta el momento, España no ha repatriado ningún cadáver de los recuperados en su frontera, y la Asociación Marroquí de Derechos Humanos (AMDH), en su sección de Tetuán, denuncia la falta de información a las familias que tienen conocidos desaparecidos o incomunicados.
"Hay un número considerable de personas desaparecidas (...) Muchas familias de los desaparecidos se encuentran aquí, al borde de la carretera, esperando cualquier información (...) Denunciamos la falta de comunicación gubernamental con ellos y con las familias de los fallecidos", recopila la asociación en un vídeo en árabe compartido en Facebook. Es de temer que los números continúen subiendo.
Primero empiezan los números. Luego, la geopolítica. Y, por último, los nombres y los rostros. De las más de 50.000 personas que han cruzado en la última semana la frontera entre Marruecos y España por la playa de Ceuta, casi un centenar podrían haber fallecido ahogados, con contusiones o de frío, según los datos preliminares. Hasta el momento, la Guardia Civil española contabiliza 72 fallecidos. El presidente de la ciudad autónoma habla de 88. Y eso solo en el lado español: a última hora del domingo, el Ministerio del Interior marroquí cifraba en 11 los cadáveres ya recuperados por los marroquíes en la morgue de Tetuán, 30 kilómetros al sur de Ceuta.