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Nevaco Global
14 de septiembre de 2026

Los arroceros andaluces se plantean no sembrar más por la invasión asiática

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El arrozal andaluz -en su inmensa mayoría sevillano- lo está pasando mal. En realidad, y por causas diferentes, lo lleva pasando mal muchos años. Tras años fatídicos por la sequía (como 2022, en el que solo se sembraron el 30% las hectáreas, y 2023, en el que se bajó al 0%) llegó un esperanzador 2025, con agua suficiente para todo el arrozal y siembra del 100% del terreno. La cosecha fue de 340.000 toneladas, lo normal en una campaña buena, pero la comercialización fue un desastre.

“No había mercado para vender”, señala Eduardo Vera, director general de la Federación de Arroceros, que especifica que no es que los precios fueran bajos, es que estaban tan por los suelos que los agricultores y las cooperativas preferían almacenar el producto. Hasta agosto, el 40% del arroz (136.000 toneladas) ha estado guardado y a esta ingente cantidad se le ha empezado a dar salida ahora que empieza la recolección de la campaña 2026-2027. “Se ha ido vendido como se ha podido para hacer sitio a la nueva producción”, señala Vera.

La razón de esta dramática situación de mercado, según los arroceros, es que, desde diciembre, la Comisión Europea permite la entrada libre de aranceles de 562.000 toneladas de los países llamados EBA (Everything But Arms, todo menos armas), entre los que están potencias del este producto como Camboya y Myammar (antigua Birmania).“

Es una barbaridad”, según Vera, que equivale al consumo completo de España durante dos años y que es más que lo que entró en Europa en todo 2025 (542.000 toneladas). Por encima de esa cifra, se activaría la cláusula de salvaguarda (es decir, se introducen de nuevo aranceles) y no han fructificado los intentos de rebajar este mínimo altísimo para los arroceros: la votación del Parlamento Europeo el 28 de abril resultó desfavorable para los productores no solo andaluces, sino también españoles y europeos, según Vera por las presiones que ejerció la Comisión Europea.

La resistencia a rebajar esa cantidad está vinculada a la sentencia del Tribunal General de la Unión Europea de 2022 que anuló los aranceles que la Comisión Europea impuso en 2019 a las importaciones de Camboya y Myanmar por considerar que sus cálculos eran erróneos.

La situación es tan dramática que, para que se entienda, y en términos generales, el arroz de Camboya se compra a 300 euros la tonelada y el andaluz, para cubrir solo los costes de producción, se debe vender a 450. No ha habido ningún agricultor en la comunidad que haya logrado poner su producto en el mercado a este precio, y no parece que haya perspectivas de hacerlo en la campaña que viene, que, en cuanto a producción, "tiene muy buena pinta, con un arroz de extraordinaria calidad” y que en toneladas será bastante similar a la del año pasado.

“Se supone que se busca el desarrollo de esos países y la repatriación de inmigrantes, pero la medida europea choca con los objetivos medioambientales: las normativas que se nos aplican son extremadamente rigurosas, y las aplicamos con agrado, y en esas zonas aplican fitosanitarios prohibidos hace más de 30 años en Europa y usan mano de obra infantil y Europa no quiere verlo”, señala Eduardo Vera.

Pero, en esa cuestión, la medioambiental, el principal argumento de los productores es que, de continuar esta situación, desaparecerán todas las zonas arroceras y no solo ellas, también los humedales asociados. Esa es la tesis del informe que el Copa-Cogeca, la organización que agrupa a los agricultores europeos, presentará en el Comité de las Regiones de la UE el próximo 2 de octubre, con el objetivo de que la Comisión Europea rectifique su posición.

Ahí, en ese texto, los arroceros europeos (en España se agrupan en el entorno de Doñana, la Albufera de Valencia y el Delta del Ebro) aseguran que se están planteando dejar de sembrar arroz por la invasión del producto externo y el hundimiento consiguiente de la rentabilidad. Y avisan de que, si eso sucede, “los humedales desaparecerán”.

“Doñana, en los meses de verano -explica Vera- se seca mucho, y el arrozal es el que aporta el agua; y además, al ser un terrreno arcilloso, el 75% del agua que usamos vuelve al río Guadalquivir; hacemos de filtro natural que limpia el río y eso permite, entre otras cosas, que haya pesca en el Golfo de Cádiz; es fundamental para el equilibro medioambiental. Aparte, la avifauna vive y come en el arrozal, cangrejos, gusanos, materia orgánica... y cuando empieza la recolección vienen miles de ejemplares, es visualmente espectacular”.

Si no hay políticas que reviertan la situación, el arroz se enfrenta a una campaña similar a la anterior, con un arroz que se quedará sin vender en los almacenes. Lo único positivo, afirma Vera, es que Bruselas sí parece proclive a que se aplique un etiquetado “origen Unión Europea” que ponga en valor el producto europeo.

"Es un producto básico para más de la mitad de la población del planeta y su producción en Europa no se debe perder jamás en la vida", concluye.

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