La madrugada del 20 de enero de 2026 la Policía levantó dos armas con una hora de diferencia. A las 00:30, en una vía pública del norte de Guayaquil, aprehendió dos pistolas semiautomáticas de fabricación industrial. El registro oficial las vincula a un delito contra la inviolabilidad de la vida.
A las 01:29, a 87 km de distancia, en una calle de Catarama, en el cantón Urdaneta de Los Ríos, encontró una escopeta artesanal de tiro a tiro. Estaba abandonada en la vía. Ese día el país registró 34 armas ilícitas. No se trató de un decomiso espectacular. Es justo el promedio diario de decomisos del 2026.
Las dos armas de esa madrugada resumen lo que muestran los datos del Estado. Ecuador no tiene un solo mercado ilegal de armas. Tiene dos, con armas distintas, geografías distintas y usuarios distintos.
Entre enero y agosto de 2026 la Policía Nacional registró 8 290 armas ilícitas, según la Dirección de Estadística y Economía de la Seguridad del Ministerio del Interior. Es la cifra más alta de toda la serie de registros, que arranca en 2017.
Son 34 armas por día. Un 13,5% más que en el mismo periodo de 2025 y un 158% más que en 2017.
La cifra merece una precisión. La base incluye 657 cartucheras, que son porta-cartuchos y no armas. Descontadas, quedan 7 633 armas propiamente dichas, que igual marcan récord.
Detrás del dato hay una consecuencia directa. En esos mismos ocho meses el país registró 5 708 homicidios intencionales y el 87,49% se cometió con un arma de fuego, según la base de la Dirección Nacional de Delitos contra la Vida, Muertes Violentas, Desapariciones, Extorsión y Secuestros, la Dinased. Entre las víctimas menores de 18 años la proporción sube a 91,2%: de los 432 niños y adolescentes asesinados, 394 murieron baleados. En la base de homicidios, 169 registros no consignan la edad de la víctima, por lo que el número de menores asesinados podría ser mayor.
Puesto de otro modo: el Estado levantó 1,45 armas ilícitas por cada persona asesinada en el país.
Durante siete años seguidos el revólver fue el arma más incautada del Ecuador. En 2024 dejó de serlo. Hoy la distancia es amplia: entre enero y agosto de 2026 la Policía levantó 2.996 pistolas frente a 1.939 revólveres.
El reemplazo no es cosmético. Un revólver dispara seis tiros y se recarga de a uno. Una pistola semiautomática dispara quince o más y se recarga cambiando el cargador. Las armas clasificadas como automáticas, además, pasaron de 53 a 589 en la misma ventana de ocho meses.
La base de homicidios confirma el giro desde el otro extremo de la cadena. De los 4.994 asesinatos cometidos con arma de fuego, 4.007 se cometieron con pistola: ocho de cada diez.
Y hay un contraste que mide el cambio de época. En los homicidios de este año el fusil alcanzó al revólver: 171 casos frente a 166. La diferencia es de cinco casos y la base aún puede variar, pero hace una década la comparación habría sido impensable. En 2017 la Policía incautó dieciséis fusiles en ocho meses.
La pistola que hoy domina las incautaciones no es casera. Salió de una fábrica, casi siempre fuera del Ecuador.
La base del Ministerio del Interior clasifica cada arma según cómo fue fabricada: artesanal o importada, esta última entendida como de manufactura industrial extranjera. El registro no dice cómo entró el arma al país: un arma de fábrica puede haber cruzado por una trocha igual que por una aduana, y el criterio técnico con que la Policía hace esa clasificación no es público.
Con esa salvedad, el cambio es nítido. Las pistolas de fabricación industrial que la Policía levantó pasaron de 392 en 2017 a 2.534 en 2026, seis veces y media más. Hoy el 85% de las pistolas incautadas son de ese tipo.