Lo que empezó como el deseo de un adolescente de hacer radio se convirtió en uno de los espacios emblemáticos del rock catamarqueño. Con mudanzas, cambios de integrantes y distintas formas de escuchar música, el programa sostuvo una idea que nunca negoció: darle lugar al rock y a las bandas de la provincia.
Hay historias que se construyen con grandes decisiones y otras que avanzan casi sin darse cuenta, viernes tras viernes, canción tras canción. La de Maldito Rokanrol tiene algo de las dos. Nació del deseo de un adolescente que quería hacer radio y, 25 años después, se convirtió en una referencia para quienes siguen la escena rockera de Catamarca. En el medio hubo mudanzas, nuevas voces, tecnologías que cambiaron la manera de escuchar música y una pandemia que obligó a reinventar hasta la forma de salir al aire. Pero la esencia permaneció.
El comienzo tiene fecha precisa: jueves 1 de noviembre de 2001. Pablo Lorenzo Freites, el Colo, encontró en FM El Tala el espacio para poner en marcha una idea que venía madurando desde hacía tiempo. No llegaba sin experiencia. Antes había pasado por otros proyectos radiales, como Superchango y Rocódromo, y hasta había estudiado periodismo y realizado cursos de locución. Sin embargo, el deseo de tener un programa propio seguía esperando su oportunidad.
El desafío es incorporarlo en los momentos clave y garantizar que todas las personas tengan acceso a agua, jabón o soluciones adecuadas para la higiene de manos.
“Siempre escuché música desde adolescente y se me dio por probar suerte”, recuerda. El nombre tampoco necesitó demasiadas vueltas: salió de una canción de una de sus bandas favoritas, Villanos.
En aquellos primeros años, hacer radio también implicaba cargar con buena parte de la logística. Las mochilas de los conductores estaban llenas de casetes y CD, el material con el que se armaban los programas y se elegía qué poner al aire. La difusión de los recitales se hacía con volantes impresos que circulaban de mano en mano, especialmente en los encuentros de la comunidad rockera.
La escena local tenía sus bandas, sus espacios y su público, pero necesitaba lugares que ayudaran a conectar esas partes. Maldito Rokanrol encontró allí una razón para existir. No se trataba solamente de pasar canciones: había que difundir los recitales, acompañar a los músicos y abrir el micrófono a quienes hacían rock en Catamarca. Con el tiempo, prácticamente todas las bandas de la provincia tuvieron su lugar en el programa, muchas de ellas presentando sus canciones en formato acústico.
La historia del programa también puede leerse a través de las emisoras por las que pasó. Después de sus primeros ciclos en FM El Tala, llegaron FM Unión, FM Latino, FM Universidad, FM New y otras estaciones que lo recibieron en distintas etapas. Entre 2014 y 2017 estuvo en FM Onda, luego continuó en In The Mix y más tarde pasó por FM Latitud, On The Radio, NTE Radio City y Radio SOEM.
Ese recorrido le valió una descripción que sus integrantes parecen haber asumido como parte de su identidad: además de rockero, Maldito Rokanrol fue uno de los programas más nómades de la radiofonía catamarqueña.
En 2008 se sumó Manuel “Chile” Vega, otro conocedor de la escena local, con experiencia en distintos programas vinculados al rock. La incorporación abrió una nueva etapa y, con los años, el equipo fue sumando otras voces. Por el programa pasaron Seba Reartes, Sergio Palomeque, Sergio Batallán, Joako Vera, Luis Cano, Zeke Cano, Juanjo Heredia y Carlos “Loco” D’Antonio. También hubo mujeres al frente del micrófono, como Lela Folquer, Luz Martín y Cecilia Martín.
Actualmente, junto a Freites y Vega, participan Eugenia Romero y Alejandro Weiss, mientras que Joako Vera forma parte de la logística y la producción. Freites es el único integrante que permanece desde el comienzo, hace 25 años.
Los integrantes fueron cambiando, pero hubo una regla que se mantuvo: la libertad musical. Cada uno tiene espacio para compartir sus preferencias, aunque no necesariamente todos coincidan con todo lo que suena. La idea no es imponer un gusto único, sino ofrecer una selección que escape de las fórmulas más repetidas y permita descubrir otras bandas, estilos y canciones.
Si hubo una etapa que puso a prueba esa capacidad de adaptación, fue la pandemia. Con los estudios y las rutinas alterados, el equipo apeló a la tecnología para sostener el programa. Hubo transmisiones desde el living de una casa, conexiones por internet y audios grabados que se enviaban para que pudieran salir al aire. La radio dejó de ser necesariamente un estudio compartido y pasó a depender de consolas, computadoras y soluciones caseras.
Pero la experiencia más importante de esos años fue el festival por streaming realizado el 6 y 7 de noviembre de 2020. Durante dos jornadas participaron 27 bandas catamarqueñas, de distintos departamentos, en una propuesta que buscó mantener activa la escena cuando los recitales presenciales no eran posibles. El material quedó registrado en el canal de YouTube del programa.
La iniciativa tuvo algo de declaración de principios: incluso cuando no se podía compartir un escenario, había maneras de seguir encontrándose alrededor de la música. Un año después, el aniversario número 20 se celebró con un espectáculo presencial en el Patio del Complejo Urbano Girardi, con bandas en vivo y una convocatoria solidaria.