Washington autoriza hasta abril de 2027 determinadas operaciones con combustible ruso para contener los precios de la energía
El acuerdo anunciado por el presidente estadounidense, Donald Trump, tras una conversación con su homólogo ruso, Vladimir Putin, para aumentar el suministro de diésel a los mercados internacionales ha provocado un enfrentamiento diplomático con los aliados europeos y Ucrania, que consideran que la decisión podría proporcionar nuevos ingresos a Moscú para financiar la guerra.
El entendimiento, anunciado el viernes 9 de octubre, contempla la incorporación inmediata de más de 300,000 toneladas de diésel ruso a los mercados estadounidense e internacional, otras 500,000 durante noviembre y un millón adicional posteriormente, sin una fecha específica para esta última cantidad.
La Unión Europea advierte que la medida podría financiar la ofensiva de Moscú y debilitar la presión sobre Putin.
Según informó la agencia EFE, Trump presentó la iniciativa como una respuesta al encarecimiento de los combustibles, que afecta especialmente al transporte de mercancías y la agricultura estadounidense.
Rusia ha manifestado su disposición a ampliar las exportaciones. El viceprimer ministro Alexandr Nóvak declaró el lunes, en una entrevista con el programa ruso Vesti, que su país podría alcanzar hacia finales de año un volumen de suministro de hasta 3.5 millones de toneladas mensuales a los mercados internacionales, según recogió Al Jazeera este martes 13 de octubre. Esta proyección no constituye una entrega comprometida en el acuerdo inicial.
El elemento central es la flexibilización temporal de determinadas sanciones comerciales impuestas por Estados Unidos a Rusia tras la invasión de Ucrania en febrero de 2022.
La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependiente del Departamento del Tesoro estadounidense, emitió el 9 de octubre la licencia general número 135, que autoriza hasta las 12:01 de la madrugada, hora del este de Estados Unidos, del 7 de abril de 2027, determinadas operaciones relacionadas con la venta, entrega, descarga e importación de diésel de origen ruso, incluida su entrada al mercado estadounidense.
La disposición no representa el levantamiento general de las sanciones contra Moscú. Se trata de una excepción específica que mantiene otras restricciones financieras y comerciales vigentes.
La decisión supone una modificación importante de la política adoptada por Washington en marzo de 2022, cuando prohibió las importaciones de petróleo y derivados rusos para limitar los ingresos energéticos del Kremlin después del inicio de la invasión.
El entendimiento tampoco significa que los volúmenes anunciados hayan llegado ya a sus destinos. Su materialización dependerá de la disponibilidad del combustible, la capacidad de las refinerías y las condiciones de transporte.
Durante una reunión de ministros de Exteriores de la Unión Europea celebrada el lunes 12 de octubre en Luxemburgo, la alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, defendió la necesidad de aumentar la presión económica sobre Rusia en lugar de permitir operaciones comerciales que puedan beneficiar al Kremlin.
"Estados Unidos es nuestro mayor aliado, pero nuestro mensaje es claro: si queremos poner fin a esta guerra, la única manera de hacerlo es aumentando la presión sobre Rusia", declaró Kallas, según informó Euronews.
La ministra de Exteriores irlandesa, Helen McEntee, calificó el entendimiento de "preocupante" y defendió la continuidad de las restricciones europeas, mientras su homóloga sueca, Maria Malmer Stenergard, expresó su deseo de que el pacto no llegue a aplicarse.
El canciller lituano, Kestutis Budrys, también cuestionó la iniciativa al considerar que no contribuye a reducir los precios de los productos petrolíferos ni a preservar la unidad transatlántica.