El transporte, que ya enfrentaba la peor crisis económica de su historia reciente, se ha reducido casi por completo mientras las gasolineras se quedan secas
Restricciones drásticas al transporte interprovincial entran en vigor este jueves en Cuba, golpeada por la falta de combustible y donde los asientos en trenes y autobuses —cada vez más escasos— se reservan para enfermos, funerales y otras emergencias.
La isla de 9.6 millones de habitantes funciona prácticamente sin carburantes desde enero, cuando Estados Unidos cortó sus importaciones de petróleo como parte de una campaña de presión destinada a forzar un cambio de régimen.
El transporte, que ya enfrentaba la peor crisis económica de su historia reciente, se ha reducido casi por completo mientras las gasolineras se quedan secas.
Desde este jueves, los trenes que parten de La Habana hacia ciudades del este solo circularán cada 16 días, frente a unas tres veces por semana anteriormente.
Los autobuses estatales, que antes operaban al menos una vez al día hacia las capitales provinciales, lo harán ahora entre una y tres veces por semana.
El viceministro de Transporte, Luis Ladrón de Guevara, enfatizó que no se necesitarán permisos para viajar, pero que funcionará un "sistema de prioridades". Los pasajeros deberán solicitar sus viajes con siete días de antelación.
Cuba ha prometido resistir la presión de Estados Unidos mientras anuncia reformas para atraer inversiones y compensar la salida de capital extranjero.
Las nuevas restricciones al transporte interprovincial afectan al sistema estatal, del que dependen la mayoría de los cubanos.
Aunque pequeños grupos de taxis y camiones privados continúan operando hacia otras ciudades, sus tarifas hasta 200 veces superiores a las del transporte estatal resultan prohibitivas.
Frente a una oficina estatal de venta de pasajes en La Habana, Madelaine Montero, de 51 años, esperaba el miércoles un pasaje para llevar a su padre, un paciente de cáncer de más de 80 años, a su casa en Granma, a unos 750 kilómetros al este.
Dijo a la AFP que su padre necesita estar allí 20 días antes de su próxima consulta para someterse a pruebas, "de lo contrario no puede recibir tratamiento".
A pocos metros, José Manuel García, de 60 años, que es ciego de un ojo y recibe tratamiento por un desprendimiento de retina en el otro, buscaba un pasaje para regresar a Santiago de Cuba.
Teme tener que interrumpir su tratamiento, disponible solo en La Habana, si desplazarse se mantiene "tan difícil".
En La Habana, también los ómnibus urbanos prácticamente han desaparecido, dejando a muchos sin otra opción que caminar al trabajo o a la escuela bajo temperaturas cercanas a los 40 ºC.