El espejo americano: lo que Washington redescubre y la Argentina ya sabía
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Quedan pocas semanas para el lanzamiento del ID.Cross, el segundo de los dos SUV eléctricos asignados a la planta de Volkswagen Navarra. Con la factoría de Landaben funcionando a medio gas debido a las vacaciones del turno de tarde entre el 3 y el 21 de agosto, todo está listo para encarar la recta final de año con una actividad creciente y el objetivo de alcanzar la máxima capacidad de sus instalaciones en 2027.
Estas buenas expectativas contrastan con las preocupantes noticias que llegan desde Alemania, donde la dirección del grupo sigue diseñando un draconiano plan de ajuste para hacer frente a su mayor crisis en las últimas décadas.
Según recogen los medios de comunicación alemanes, continúan los preparativos para poner en marcha cuanto antes una terapia de choque con el objetivo de atajar la continua caída de ingresos y ventas a nivel mundial.
Fue justo antes del verano, en junio, cuando trascendió que se barajaba cerrar cuatro fábricas en Alemania y la supresión de 50.000 puestos de trabajo a sumar a los otros tantos ya pactados con los sindicatos. Medidas sin precedentes que fueron rechazadas de plano por el consejo de supervisión del grupo en julio, pero que volverán a ponerse sobre la mesa a partir de septiembre.
Son varios los factores que han llevado a esta situación, pero el principal de ellos es la crisis de ventas en el mercado chino. El gigante asiático se había convertido en el puntal sobre el que se sostenía el grupo Volkswagen y el que permitía mantener en Alemania unas condiciones laborales envidiables.
Tras dominar el mercado chino con puño de hierro hasta 2018, la demanda de los coches alemanes encadena varios años en caída libre y sin visos de que la situación pueda revertirse a corto plazo. Los aranceles impuestos por Donald Trump y el incremento del precio del gas han agravado aún más la situación.
No se trata de un problema que afecte solo al grupo Volkswagen, sino al conjunto de la industria automotriz alemana. Las cosas pintan igual de mal para Mercedes y BMW debido al pronunciado descenso de matriculaciones de sus modelos en China. Todas ellas están abocadas en el corto plazo a meter la tijera sin piedad para frenar la hemorragia.
La poda tendrá que centrarse en Alemania, donde los elevados costes laborales lastran la rentabilidad del grupo y, por tanto, donde el exceso de capacidad productiva resulta más insostenible. No obstante, las reverberaciones pueden alcanzar de alguna forma a Volkswagen Navarra.
Una de las medidas que se están planteando en Alemania es la supresión de algunos modelos y versiones. Uno de los candidatos a eliminar podría ser el Taigo según recogen los medios germanos en las últimas semanas. El Taigo fue el último coche de combustión asignado a Volkswagen Navarra, cuya producción arrancó allá por septiembre de 2021.
Lo extraño es que el futuro del T-Cross, que comenzó a fabricarse en Landaben tres años antes, no es cuestionado por la prensa alemana. No obstante, el presidente del comité de Volkswagen Navarra, Alfredo Morales (UGT), descarta totalmente la posibilidad de que se elimine el Taigo y sostiene que hay planes para mantenerlo en la cadena hasta más allá de 2030.
De los 225.225 coches fabricados el año pasado en Volkswagen Navarra, 133.838 fueron T-Cross y 91.186 correspondieron al Taigo, a los que habría que sumar 201 preseries del Skoda Epiq y del Volkswagen ID.Cross. Por tanto, el Taigo supuso el 40,5% de todos los coches ensamblados en Landaben. Aunque el lanzamiento de los dos eléctricos puede repercutir en el volumen del Taigo en 2026, este modelo seguirá representando una parte importante de la actividad en Volkswagen Navarra.
Lo que pueda pasar a partir del año que viene está por ver. Los planes hasta la fecha son que los dos modelos de combustión, T-Cross y Taigo, van a seguir en la cadena compartiendo espacio con los dos SUV eléctricos, el ID.Cross y el Skoda Epiq, al menos hasta 2028. De hecho, está prevista una actualización de Taigo y T-Cross para microhibridarlos y estirar su vida comercial.
Con los cuatro modelos se espera alcanzar niveles históricos de producción, cercanos a los 400.000 coches, en los próximos años. Así, la hipotética eliminación del Taigo representaría una pérdida significativa, aunque, en función de la demanda de los otros tres coches, no conllevaría necesariamente renunciar a esta meta. Eso sí, se reducirían las posibilidades de alcanzar el tope productivo en Landaben.
Más allá de las dudas sobre el futuro del Taigo, no parece que haya repercusiones importantes para Volkswagen Navarra. Las fuentes consultadas descartan que se vaya a quitar a Landaben uno o los dos SUV eléctricos para dar volumen a las fábricas alemanas. Ello resultaría imposible por los altos costes laborales germanos, que no dejarían margen de beneficio a la marca.
Muy al contrario, como defiende Morales, Volkswagen Navarra puede convertirse en una pieza importante para enderezar la crisis del grupo. La competitividad de la factoría de Landaben permitirá poner en el mercado coches eléctricos asequibles y rentables en un momento en el que está despuntando la demanda en los grandes mercados europeos, en especial en Alemania, Francia y Reino Unido. Además contribuirán a equilibrar las emisiones de CO2 del conjunto de sus ventas y evitar las grandes multas previstas en la Unión Europea.
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