UBS mejora la calificación de Kaiser Aluminum por fundamentos sólidos
UBS mejora la calificación de Kaiser Aluminum por fundamentos sólidos
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La confrontación entre Estados Unidos e Irán ha tomado un giro donde la economía es el principal campo de batalla. Washington, después de varios intentos fallidos de presión militar, ha apostado por aislar a Teherán y cortar sus ingresos petroleros. En este terreno, China es un actor clave por su relación comercial con el régimen de los ayatolas por la compra de petróleo. La pretensión de Washington por imponer sanciones más duras y exigir a sus aliados y socios que cesen sus relaciones económicas con Irán provoca una gran duda sobre la decisión que pueda adoptar China y la opción de poner en riesgo su suministro de petróleo y, lo que es más complicado, que tenga un acuerdo con Washington en su lucha por lograr la hegemonía mundial.
China representa más del 80% de las exportaciones petroleras iraníes a buen precio, lo que la convierte en el principal sostén económico de Teherán y la llave para que las sanciones norteamericanas tengan éxito. Mientras Washington utiliza el control del sistema financiero global y el dólar como armas coercitivas, la dependencia de Irán con China le ofrece un canal alternativo para esquivar las sanciones de Trump. Otros obstáculos para lograr que China cambie de bando es su relación política con Irán porque rechaza la estrategia de Estados Unidos con Irán como una de las vías para mantener el control económica y político en el mundo.
El acuerdo con Venezuela para que los norteamericanos controlen el 25% de su petróleo es un ejemplo de los pasos de Washington por mantener el poder mundial. China cuenta con poderosas herramientas para resistir. Puede usar su moneda nacional para transacciones, desarrollar sistemas de pago alternativos al dólar y crear represalias económicas contra empresas estadounidenses. Esto significa que la presión de Washington tiene límites claros cuando el rival es Beijing, lo que hace que convencer a China para que elija entre Washington y Teherán sea un gran reto. Irán ha demostrado una notable capacidad para adaptarse a las sanciones internacionales. Se preparó durante años para lo que temía que iba a ocurrir y creó un sistema paralelo de intermediarios con empresas interpuestas y redes de transportes para mantener sus exportaciones de petróleo y superar las restricciones.
El objetivo de Washington es encarecer estas operaciones y aumentar el riesgo para quienes lo hacen para desincentivarlas. De momento, no ha logrado su objetivo y continúan las exportaciones iraníes a China. Las consecuencias podrían albergar una pérdida de influencia de Estados Unidos en la región. El régimen comunista chino tiene una llave envenenada y sus primeros pasos apuntan a una decisión intermedia entre Irán y su petróleo, y Estados Unidos sin grandes conflictos.
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