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Nevaco Global
2 de noviembre de 2026

La brecha rural-urbana de EEUU pone a prueba el apoyo del campo a Trump

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El presidente de EEUU, Donald Trump, pide paciencia con el aumento del coste de la vida / ANDREW LEYDEN / ZUMA PRESS / DPA

La América rural contribuyó de forma decisiva a las dos victorias presidenciales de Donald Trump. En 2024, el 69% de los electores de estas zonas votó por él, según el centro de investigación Pew Research Center. Este respaldo se alimenta, en parte, de un malestar acumulado en comunidades que sienten que las instituciones políticas y económicas han dejado de representar sus intereses. "Trump no creó esos sentimientos, pero supo cómo hablarles", explica a EL PERIÓDICO Nicholas Jacobs, director del Laboratorio de Políticas Públicas del Colby College, en Maine, un estado predominantemente rural del noreste de EEUU fronterizo con Canadá.

En las elecciones de medio mandato del martes, esa lealtad se pone a prueba. Los aranceles y las disputas comerciales añaden incertidumbre a las exportaciones, mientras que la subida del combustible encarece la producción y el aumento del precio de los alimentos presiona los presupuestos familiares. Además, el cierre del estrecho de Ormuz dispara el precio de los fertilizantes, mientras la represión migratoria dificulta la contratación de temporeros.

El apoyo rural a los republicanos viene de lejos. Jacobs señala que se ha consolidado durante cuatro décadas de declive económico, con pérdida de población en numerosas comunidades y el escepticismo hacia las instituciones de Washington. "La alianza rural con los republicanos va mucho más allá de Donald Trump", señala. El partido ha capitalizado ese agravio histórico y lo ha convertido en una identidad política, mientras que los demócratas han tenido más dificultades para conectar con estos votantes, especialmente a medida que ganaban peso en su electorado las personas con estudios superiores y empleos mejor remunerados, más frecuentes en las ciudades.

Sin embargo, este desencanto ya está impactando a las bases republicanas: solo cuatro de cada 10 electores rurales aprueban la gestión económica de Trump, según una encuesta de Associated Press y KFF, una organización sin ánimo de lucro dedicada a la investigación y las encuestas. "La gran incógnita de noviembre puede ser si los republicanos rurales decepcionados acudirán siquiera a votar", advierte Jacobs. En estados disputados, pequeños cambios en la participación pueden resultar decisivos.

La identidad rural influye en las actitudes políticas incluso entre quienes se han mudado a ciudades, explica a este diario Kristin Lunz Trujillo, investigadora del Boston College. Quienes se identifican como "rurales" suelen dar más importancia a la libertad individual, la moral tradicional y la importancia de ser autosuficientes.

A ese sentimiento de pertenencia contribuye en gran parte la percepción de menosprecio. Muchas comunidades creen recibir menos recursos y tener menos voz. "Las élites políticas han alimentado la sensación de que los estadounidenses rurales no son respetados ni están representados justamente", explica Trujillo. El Partido Republicano ha aprovechado ese agravio presentando a los demócratas como burócratas alejados de la realidad de los pueblos.

Campo y ciudad comparten más valores de lo que sus habitantes creen. Un estudio de Kristin Lunz Trujillo y Jennifer Lin, de Rollins College, encontró muy pocas diferencias en valores políticos entre sus residentes. En cambio, los valores sí difieren en función de la procedencia del votante, independientemente de dónde viva en la actualidad. "La percepción parece ser mayor que la realidad", resume la investigadora. Así, la distancia percibida entre el campo y la ciudad alimenta una polarización creciente.

El origen racial introduce otro matiz: las mayores diferencias políticas entre residentes rurales y urbanos se dan, con diferencia, entre los estadounidenses blancos. Entre los estadounidenses negros, esa división electoral no aparece; entre los hispanos, es muy reducida, según los estudios citados por Lunz Trujillo. Para esas minorías, la identidad racial pesa más que el lugar de residencia a la hora de votar. La imagen de una América rural blanca y republicana oculta otras realidades.

Un votante emite su voto el primer día de la votación anticipada para las elecciones de mitad de legislatura de EE. UU. en Brooklyn, Nueva York, el 24 de octubre de 2026. / RYAN MURPHY / AFP

La polarización rural-urbana tiene un importante peso de clase. La tasa de pobreza es, de media, 3 puntos porcentuales más alta en las zonas no metropolitanas, según el Departamento de Agricultura de EEUU. "La preocupación por poder pagar alimentos es compartida, pero las fuentes de presión son diferentes", explica a EL PERIÓDICO David Ortega, profesor de Economía y Política Alimentaria de la Universidad Estatal de Míchigan. Los salarios más bajos y la menor oferta de servicios básicos agravan las dificultades en algunas comunidades, donde el coche es esencial y puede ser necesario conducir una hora hasta un supermercado o tres hasta un hospital. Poco más de un tercio de los residentes rurales dispone de alternativas de transporte, según el Departamento de Transporte.

La pobreza rural también se refleja en las ayudas alimentarias: antes de los recortes de Trump, unos 8,1 millones de residentes rurales recibían cada mes prestaciones del Programa de Asistencia Nutricional Suplementaria, una proporción mayor que en las ciudades, según el Centro de Prioridades Presupuestarias y Políticas. Los recortes de Trump a estas ayudas afectan tanto a familias como a comercios locales. Ante esta situación, Ortega plantea la incógnita de saber "cómo se traduce esto políticamente depende de a quién atribuyan los votantes la responsabilidad y de si perciben que la situación mejora". La participación del 3 de noviembre medirá cuánto apoyo rural consigue mantener Trump.

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