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Nevaco Global
29 de agosto de 2026

La economía política de la guerra contra Irán

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Desde que Israel lanzó el ataque contra Irán en junio de 2025, el conflicto ha sido analizado principalmente desde la perspectiva de la escalada militar y las fluctuaciones de los mercados energéticos mundiales. Sin embargo, las consecuencias de la guerra van mucho más allá de los precios del petróleo. El agravamiento de los riesgos que pesan sobre el transporte marítimo en el Golfo pone de manifiesto la vulnerabilidad de las cadenas de suministro mundiales, que dependen de la circulación ininterrumpida de materias primas, productos manufacturados e insumos industriales que atraviesan esta región.

Mientras los gobiernos, las empresas y los mercados financieros evalúan las repercusiones sobre los precios y el suministro, el estrecho de Ormuz emerge como la cuestión estratégica central en torno a la cual giran ahora multitud de otros desafíos: la seguridad regional, el comercio mundial, los flujos energéticos, los ejes de infraestructura, las sanciones, la reconstrucción y el futuro orden político de Medio Oriene. Tanto si el estrecho permanece abierto, como si es objeto de disputas o se transforma mediante nuevos «acuerdos» logísticos, se ha convertido en el eje central en torno al cual se articulan las negociaciones entre las visiones contrapuestas de la región.

Para descifrar estas dinámicas más amplias, recurrimos al economista político Adam Hanieh, cuyos trabajos analizan desde hace tiempo el papel del Golfo en el capitalismo internacional, la economía política de la integración regional y la relación entre poder de Estado, energía y imperio.

En esta entrevista, Hanieh cuestiona los análisis simplistas sobre la guerra que limitan su importancia a las fluctuaciones de los precios del petróleo. Más bien sitúa el conflicto en el marco más amplio de la economía política del imperio, demostrando que la importancia estratégica del Golfo no reside únicamente en sus exportaciones de energía, sino también en su papel central en las cadenas de suministro mundiales, los mercados financieros y los ejes de infraestructuras emergentes. La entrevista analiza las repercusiones de la guerra para el poderío estadounidense, la normalización de las relaciones entre el Golfo e Israel, la dependencia de los combustibles fósiles y la reconstrucción regional, al tiempo que destaca cómo las consecuencias del conflicto recaen de manera desproporcionada sobre las poblaciones vulnerables de Medio Oriente, África y el sur de Asia.

La idea central de Adam Hanieh es que la guerra no debe entenderse como un acontecimiento geopolítico aislado, sino como parte de una lucha más amplia en torno a la organización del comercio, los flujos de capital, las infraestructuras y la autoridad política en el seno de un orden mundial en rápida transformación. (Las respuestas a estas preguntas datan de principios de junio de 2026.

A.P. Redactores de la sección «Península Arábiga» de Jadaliyya: En sus últimos artículos, usted destaca el papel fundamental del estrecho de Ormuz, no solo para los flujos mundiales de petróleo, sino también para las cadenas de suministro en sentido amplio. En su opinión, ¿qué aspectos de las perturbaciones actuales se están pasando por alto o no son suficientemente analizados? Y, de cara al futuro, ¿qué podría significar un régimen dominado por Irán en el estrecho para la organización del comercio regional y mundial?

Adam Hanieh (AH): Gran parte de la cobertura mediática dedicada a los aspectos económicos de una guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán se centró en la evolución de los precios del petróleo y su impacto en los consumidores de Estados Unidos o de Europa occidental. Esto oculta el hecho de que el estrecho de Ormuz no es solo un cuello de botella petrolero, sino una importante vía comercial para muchas otras materias primas, entre las que se destacan los productos químicos básicos, las materias primas petroquímicas, los fertilizantes y el aluminio. En este sentido, la guerra pone de manifiesto que debemos alejarnos del estereotipo orientalista que reduce a los Estados del Golfo a simples «fuentes gigantes» de petróleo y comprender su papel central en las cadenas de suministro industriales mundiales, en el sentido amplio.

Esto adquiere una importancia especial, ya que los principales vínculos comerciales del Golfo se orientan ahora cada vez más hacia el Este, en lugar de dirigirse principalmente hacia Estados Unidos o Europa Occidental. La región conecta Asia Oriental, Asia Meridional y el continente africano gracias a los flujos de materias primas básicas a la base de la producción agrícola e industrial. Debido a estos cambios en la geografía del comercio, las repercusiones económicas de la guerra son potencialmente muy graves y van mucho más allá de una simple crisis energética, sobre todo en los países confrontados ya a la guerra y a los conflictos.

Tomemos el ejemplo de Sudán, que en 2024 importó por vía marítima el 54 % de sus fertilizantes desde el Golfo, lo que supone la proporción más elevada del mundo. Sudán también atraviesa una guerra civil que dura ya tres años —y en la que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos desempeñan un papel fundamental [como agentes que apoyan a facciones militares opuestas]— y que ha provocado el desplazamiento de un tercio de la población sudanesa. Así pues, aquí se observa cómo la guerra estadounidense-israelí contra Irán puede agravar crisis ya existentes.

El control de los movimientos de mercaderías a través del estrecho le daría, evidentemente, a Irán una poderosa influencia sobre el transporte marítimo mundial, los flujos energéticos y las consideraciones de seguridad regional. Sin embargo, considero que eso generaría una enorme presión por parte de los grandes importadores asiáticos, que dependen de un suministro ininterrumpido procedente del Golfo, y estimo que es poco probable que acepten tal acuerdo. A más largo plazo, eso podría acelerar los esfuerzos encaminados a diversificar las rutas y los proveedores.

AP: En los últimos años, hemos sido testigos de toda una serie de iniciativas destinadas a desarrollar alternativas al estrecho de Ormuz: corredores terrestres que conectan los Emiratos Árabes Unidos (EAU) con Jordania e Israel, oleoductos que unen los yacimientos petrolíferos del este de Arabia Saudita con los puertos del mar Rojo, así como rutas alternativas más improvisadas dentro de los Emiratos Árabes Unidos y entre éstos y Omán. ¿Cree que estas iniciativas darán lugar a infraestructuras sostenibles y a largo plazo? ¿En qué medida pueden reducir de forma significativa la dependencia de los Estados del Golfo —y de las cadenas de suministro mundiales— respecto al estrecho? ¿Y qué marco de análisis deberíamos utilizar para evaluar la viabilidad y la importancia estratégica de estas denominadas «alternativas»?

AH: El oleoducto terrestre de los Emiratos Árabes Unidos hacia Fujayrah [ciudad de los EAU], los oleoductos sauditas hacia el Mar Rojo y la mejora de las conexiones por carretera y portuarias dentro de los Emiratos Árabes Unidos podrían reducir la presión sobre determinadas exportaciones de crudo, pero no creo que puedan sustituir fácilmente la densidad de las infraestructuras intermodales que se han ido creando en el Golfo a lo largo de muchas décadas. Una vez más, hay que tener en cuenta que los Estados del Golfo no son solo exportadores de petróleo: los oleoductos no pueden transportar fertilizantes, productos químicos, alimentos y otras mercancías producidas en la región. Estas infraestructuras alternativas también son también vulnerables a los ataques militares y al sabotaje.

Pienso que es importante analizar estos distintos proyectos de infraestructuras desde la perspectiva de la región en su conjunto, en particular, los intentos estadounidenses y europeos de promover la normalización de las relaciones entre los Estados del Golfo e Israel. El Corredor India-Medio Oriente (IMEC) es un ejemplo de ello: tiene por objetivo crear corredores energéticos y comerciales alternativos que conecten la India y Europa a través del Golfo, Jordania e Israel. Esta propuesta es anterior al genocidio en Gaza, y las conversaciones continúan a un ritmo sostenido desde octubre de 2023. Las potencias estadounidenses y europeas presentan explícitamente el IMEC como un contrapeso a la iniciativa china «Belt and Road» en Medio Oriente. Del mismo modo, la iniciativa «3+1» sobre el gas, que conecta a Israel, Chipre y Grecia, fue presentada como una forma de reducir la dependencia europea del gas ruso, al tiempo que refuerza la arquitectura energética del Mediterráneo oriental alineada con Estados Unidos. En este sentido, esas alternativas en materia de futuras infraestructuras de desarrollo constituyen intentos de reorganizar los vínculos comerciales y económicos de la región en torno a Estados Unidos y sus principales aliados.

AP: Por otra parte, ¿este momento podría marcar un punto de inflexión histórico más amplio hacia una producción más localizada y una transición acelerada hacia las energías renovables?

AH: Lamentablemente, no creo que eso sea probable. Frente a las perturbaciones en el suministro y a la volatilidad de los precios, la respuesta predominante a escala mundial parece consistir en apostar aún más por los combustibles fósiles, mediante nuevos acuerdos sobre petróleo y gas, la ampliación de las infraestructuras de GNL (gas natural licuado), las subvenciones a la producción nacional de hidrocarburos, así como el debilitamiento o el aplazamiento de las normativas medioambientales.

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