Los hutíes en el Mar Rojo volvieron a encender las alarmas internacionales tras anunciar una prohibición de navegación contra embarcaciones israelíes, una medida que Washington calificó como peligrosa e inaceptable por su potencial impacto sobre la libertad de tránsito, el comercio global y la estabilidad regional.
La advertencia llega en un momento de fuerte tensión en Medio Oriente, con el conflicto entre Israel e Irán como telón de fondo y con la ruta marítima del Mar Rojo bajo creciente presión estratégica. El grupo yemení, alineado con Irán, declaró que los movimientos marítimos vinculados con Israel pasarían a ser considerados objetivos militares, lo que reavivó el temor a una nueva campaña de ataques contra buques comerciales.
Desde Washington, un portavoz del Departamento de Estado sostuvo que las acciones de Irán y de sus aliados hutíes solo contribuyen a inflamar la situación y a afectar las cadenas globales de suministro. La administración estadounidense remarcó que continuará trabajando con sus socios para garantizar la libertad de navegación tanto en el Mar Rojo como en el estrecho de Ormuz, dos corredores decisivos para el comercio internacional y el transporte energético.
El nuevo desafío de los hutíes en el Mar Rojo se produce después de meses de amenazas intermitentes y de ataques previos contra embarcaciones que el grupo consideraba vinculadas con Israel. Sin embargo, expertos en seguridad advierten que una reanudación plena de la campaña naval podría elevar el conflicto a otro nivel.
Edmund Fitton-Brown, exembajador británico en Yemen y actual investigador de la Foundation for Defense of Democracies, señaló que si los hutíes deciden retomar sus ataques contra la navegación en el Mar Rojo con toda intensidad, podrían provocar una reacción militar directa de Israel y Estados Unidos contra posiciones del grupo en Yemen, especialmente en Saná y Hodeida.
Según su análisis, el escenario abriría la puerta a una “escalada general”, aunque con una ventaja militar clara para los aliados occidentales e Israel. El punto central, según los especialistas, es que los hutíes no solo buscan afectar a Israel, sino también explotar la volatilidad de los mercados y las dudas políticas de Washington para presionar a sus adversarios.
La preocupación no se limita a los buques israelíes. Durante campañas anteriores, los hutíes ampliaron progresivamente sus criterios de ataque y apuntaron contra embarcaciones sin vínculos directos con Israel o con relaciones comerciales difíciles de comprobar. Esa experiencia lleva a navieras, aseguradoras y gobiernos a tratar las amenazas con extrema cautela.
En la práctica, una declaración contra una categoría específica de barcos puede terminar afectando a todo el tráfico marítimo regional. Para muchas compañías, el riesgo de una identificación errónea, un ataque con drones o misiles, o una suba repentina en los costos de seguros puede ser suficiente para desviar rutas hacia el sur de África, con más días de navegación y mayores gastos logísticos.
El Mar Rojo es una de las rutas marítimas más sensibles del mundo porque conecta el océano Índico con el canal de Suez a través del estrecho de Bab el Mandeb. Cualquier alteración sostenida en esa zona golpea directamente el transporte de petróleo, gas, contenedores y productos básicos entre Asia, Medio Oriente y Europa.
La situación es aún más delicada porque el estrecho de Ormuz también permanece bajo tensión desde el inicio de la guerra entre Israel, Estados Unidos e Irán. En ese contexto, el Mar Rojo se convirtió en una vía alternativa esencial para parte de las exportaciones energéticas regionales, especialmente las que pueden ser transportadas por oleoductos hasta terminales saudíes sobre la costa occidental.
Por eso, una campaña sostenida de los hutíes en el Mar Rojo tendría un impacto mayor que en etapas anteriores. No se trataría únicamente de desviar buques comerciales, sino de amenazar una vía que hoy cumple una función de compensación frente a la inestabilidad del Golfo Pérsico.
Las principales empresas navieras ya conocen el costo de esta amenaza. Durante la guerra en Gaza, los ataques hutíes obligaron a compañías internacionales a evitar el Mar Rojo y navegar alrededor del cabo de Buena Esperanza. Esa ruta, mucho más extensa, encareció el transporte, demoró entregas y presionó las cadenas de suministro.
Aunque la nueva prohibición anunciada por los hutíes se presenta como dirigida contra Israel, los antecedentes muestran que la amenaza puede expandirse rápidamente. El riesgo para Washington y sus aliados es que una campaña renovada obligue a responder militarmente, mientras que el objetivo de los hutíes sería instalar la idea de que ninguna ruta estratégica de Medio Oriente puede quedar aislada de la guerra regional.
El Departamento de Estado insiste en que la libertad de navegación debe ser protegida. Para Estados Unidos, permitir que una milicia respaldada por Irán determine qué barcos pueden circular por el Mar Rojo equivaldría a aceptar una presión directa sobre el comercio global. Para Israel, en cambio, la amenaza se suma al frente iraní, a Hezbollah en el Líbano y a otros grupos aliados de Teherán.
La incógnita ahora es si los hutíes convertirán su amenaza en una campaña sostenida o si utilizarán el anuncio como instrumento de presión política. En cualquiera de los dos casos, el mensaje ya produjo efecto: el Mar Rojo vuelve a estar en el centro del tablero militar, energético y diplomático de Medio Oriente.