El fenómeno climático de El Niño está atravesando una etapa de alta intensidad, denominada Súper Niño, que en Argentina provoca abundantes lluvias y excesos hídricos, con sus consecuencias como inundaciones y deslaves. Si bien el foco principal está en el Litoral, el desplazamiento del evento llega a Neuquén y afecta a Vaca Muerta.
En ese sentido, el consultor y especialista en arenas para Vaca Muerta, Roberto Lino Blanco analizó el escenario para la industria en este fenómeno climático que se extenderá durante el verano. El principal desafío de Vaca Muerta no es solo la infraestructura logística, sino planificar una cadena de suministro confiable.
“El sector de la arena el año que viene va a crecer en volumen un 40%, un número de por sí desafiante al que hay que agregarle, obviamente, la condición climática que va a afectar los lugares de donde viene la arena fina, que es la zona del Litoral, especialmente el sur de la provincia de Entre Ríos”, indicó Lino Blanco en diálogo con ADNSUR. La industria hidrocarburífera de Vaca Muerta utiliza 6 millones de toneladas de arena, el agente sostén para el fracking, y la proyección de Lino Blanco es que el volumen se duplicará en 2030.
“La realidad es que la industria va a tener que trabajar con anticipación, o sea, desde el supply -los suministros-. Cuando hablamos de que Vaca Muerta tiene un problema de logística, yo siempre digo que es más un problema de planificación logística. Es decir, hay cuestiones de infraestructura, pero creo que el gran tema es cómo armar un sistema que sea confiable. El sistema hoy tiene debilidades porque se fue ‘haciendo camino al andar’, digamos”, explicó.
La actividad en Vaca Muerta creció mucho más rápido que la infraestructura, el soporte y la cadena de suministros. Eso es observable en los números de producción de petróleo y gas, que representan en ambos segmentos el 70% del abastecimiento de Argentina. Ante eventos como el Super Niño, la planificación es la clave. La semana pasada hubo dos imágenes claras: las inundaciones en Añelo y la crecida del arroyo Carranza que obligó a cortar la ruta 5 a Rincón de los Sauces, dos localidades estratégicas para Vaca Muerta.
Para Lino Blanco, la coordinación de los DTM (Desmontaje, Traslado y Montaje) va a tener cada vez más importancia. La coordinación conjunta entre los proveedores respecto a los recursos que necesitan los operadores es fundamental en este tipo de situaciones, como lo es El Niño. Es así que el consultor contó a este medio que será necesaria una mesa de supply que ponga en sintonía a todas las empresas de la cadena, en un esquema colaborativo como ocurrió para construir el oleoducto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) o los proyectos de GNL.
“Si se trabajan mejor los calendarios, sean de perforación o de fractura, también va a haber menos ociosidad en los equipos. De hecho, hay 15 equipos de fractura en Vaca Muerta y de ese total son cuatro los que están parados. Cuando vos mirás eso y ves que la primera campaña fue muy agresiva, la realidad es que todavía los sistemas de evacuación no están terminados; recién en enero de 2027 va a estar VMOS y en el segundo semestre el SESA (Southern Energy)”, repasó.
“Yo estoy planteando en varios lugares la creación de esa mesa de supply, que justamente es tratar de fijar entre todos los vicepresidentes del área de las compañías una hoja de ruta sobre algunos acuerdos sobre cómo poder trabajar en esa planificación del supply, en equipo. Así como se trabajó con el VMOS y SESA o como con Argentina LNG, que es más fácil porque son proyectos para vender petróleo y gas, pero el supply hay que pensarlo y equipararlo con la escala que tiene hoy Vaca Muerta”, subrayó Lino Blanco.
Si bien no fue un evento climático, la pandemia de Covid en 2020 tuvo un fuerte impacto en la sociedad y la economía, incluyendo a Vaca Muerta. Incluso, abril terminó con cero etapas de fractura y yacimientos importantes como Loma Campana de YPF tuvieron que bajar la producción en un 50% ante la menor demanda interna y externa. ¿Qué lecciones dejó la crisis sanitaria que se puedan replicar con el Superniño?
“Antes de la pandemia, el primer ‘cisne negro’ lo tuvimos en febrero con un barril a precio negativo, menos 28 dólares, y después vino la pandemia propiamente dicha y las cuarentenas. A pesar de eso, la industria trabajó muy bien y ese contexto generó la posibilidad de que ante un hecho disruptivo pudieran trabajar de manera colaborativa. Claro que los niveles de actividad de ese momento no son los de ahora, pero sí me parece rescatable el grado de colaboración que hubo entre las compañías de servicio, entre las operadoras y los protocolos con rotación de gente, burbujas y los testeos constantes con mucha conciencia de la gente”, reflexionó Lino Blanco.
“Citando a Lionel Scaloni: ‘si no sufrimos, no sirve’. Quizás en nuestro ADN tenemos ciclos cambiantes en poco tiempo, que nos cueste planificar porque quizás en 48 horas puede pasar algo”, dijo el consultor. Y agregó: “Vamos a tener un noviembre y diciembre de mucha preparación puertas adentro de las operadoras. No solo por lo de El Niño sino por todo lo que se viene. A partir de enero va a haber un nivel de operación muy agresivo y focalizado a llenar el VMOS y después hay que atender al primer barco de GNL, por lo cual hay que empezar a hacer pozos de gas”.
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