Los lazos entre China y Argentina se consolidan a diario y la promesa inicial de una ruptura de cuajo con este país parece un sueño casi irrealizable para la Casa Rosada. Muy al contrario, la presencia del gigante asiático en la nación suramericana se ... hace cada vez más evidente y los lazos entre ambos se estrechan, pese a las advertencias de Estados Unidos, que observa la situación con recelo.
Desde la llegada del actual Gobierno argentino a la Casa Rosada, en diciembre de 2023, el discurso oficial sobre el vínculo del país con China ha ido moderándose: de la promesa durante la campaña electoral de romper lazos con el régimen de Pekín se ha pasado a un tono elogioso. «El Gobierno de Javier Milei hizo campaña con palabras muy duras hacia los gobiernos comunistas y sus aliados regionales, pero, una vez que llegó al poder, dijo que China era un socio fiable», explica a ABC el politólogo y analista, Fabián Calle.
Estas variaciones en el discurso han tenido, por supuesto, un claro correlato en las relaciones comerciales, hasta tal punto que en 2025 se alcanzó un récord de exportaciones argentinas al gigante asiático. Concretamente, las exportaciones del país suramericano a China alcanzaron durante el año pasado los 9.765 millones de dólares (8.455 millones de euros), el pico máximo en toda su historia. Sin embargo, las importaciones de Argentina provenientes de este país fueron mayores y superaron los 17.954 millones de dólares (15.663 millones de euros).
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La balanza comercial acumulada de Argentina con China sigue siendo negativa para la nación albiceleste. De hecho, durante el primer cuatrimestre de este año esta ha registrado un déficit de 2.899 millones de dólares para Argentina (2.529 millones de euros), según el último informe oficial del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC). «El principal déficit comercial que tiene Argentina hoy es, sin lugar a dudas, con China», apunta Calle.
Una de las claves del vínculo comercial entre China y Argentina radica en su complementariedad, dado que este último provee materias primas y agropecuarias –soja, carne y litio, especialmente–, mientras que el primero coloca en el país suramericano principalmente bienes industriales y tecnológicos.
Si bien históricamente Brasil ha sido siempre el principal destino de las exportaciones argentinas, desde el pasado mes de mayo parece haber cambiado esa tendencia. «China es actualmente el principal destino de las exportaciones de Argentina», asegura a ABC el economista Víctor Beker, director del Centro de Estudios de la Nueva Economía (CENE), quien hace referencia a la dependencia del régimen de Pekín. «Si no existiera esa relación, ¿a quién le vendería nuestro país la soja y el litio?», se pregunta.
Otra cuestión que menciona el especialista es la apertura a las importaciones impulsada por el Gobierno de Milei, celebrada por gran parte del empresariado argentino. Mientras algunas compañías la miran con rechazo, la medida ha servido para estrechar aún más los lazos comerciales con el gigante asiático. En este sentido, Beker señala que «China ha inundado el mercado argentino con sus productos», ya que «ha resultado ser el principal beneficiado por la apertura a las importaciones».
Dentro de las inversiones chinas más importantes en Argentina se encuentran las que se basan en el litio, la minería y las energías renovables. Además, días atrás se confirmaba la llegada a Argentina de tres nuevas marcas chinas de coches: Deepal, que comercializa vehículos eléctricos e híbridos; Soueast, especializada en SUV, y Schacman, enfocada en la producción de camiones y vehículos comerciales.
«China es actualmente el principal destino de las exportaciones de Argentina y el principal beneficiado de la apertura a las importaciones impulsada por Milei»
Entre los principales proyectos desarrollados en Argentina que involucran una fuerte presencia china, Víctor Beker menciona particularmente dos. En primer lugar, la construcción del complejo hidroeléctrico Santa Cruz –que consiste en un megaproyecto de infraestructura de una importancia central dentro de la Patagonia–. Luego destaca la presencia del conglomerado PowerChina, a cargo de distintas obras de energías renovables.
En el primer caso, se trata de los embalses Néstor Kirchner y Jorge Cepernic, emplazados en la provincia austral de Santa Cruz. Esta construcción hidroeléctrica se encuentra en manos del consorcio conformado por la empresa estatal china Gezhouba, junto con las firmas argentinas Eling Energía e Hidrocuyo, e implica la financiación de un consorcio de bancos chinos por más de 4.700 millones de dólares (4.100 millones de euros). PowerChina, en cambio, consiste en distintos proyectos de ingeniería civil y redes eléctricas e infraestructuras, y aporta a Argentina una serie de inversiones que llegan a superar los 1.500 millones de dólares (1.300 millones de euros).
Por otro lado, la Administración de Milei permitió en junio la entrada en el país del megaproyecto minero Vicuña, considerado el mayor desarrollo de cobre previsto en Argentina, en la provincia de San Juan. Según el ministro de Economía, Luis Caputo, el desembolso inicial es de 9.700 millones de dólares (8.400 millones de euros).
La inversión total prevista asciende a 18.000 millones de dólares (15.700 millones de euros) durante todo el proyecto. Este proyecto ha sido cuestionado en Argentina, dado que se planea importar desde China una ciudad modular con espacio para 5.000 trabajadores, ya que el consorcio liderado por PowerChina ganó la licitación para poner en marcha este campamento.
Si bien expertos y analistas coinciden en señalar que el Gobierno de Milei ha sabido manejar con astucia el equilibrio entre una relación comercial con Pekín y una alianza político-financiera con EE.UU., la Casa Blanca sigue con cierto recelo los avances del vínculo entre el gigante asiático y las naciones suramericanas.