«Hay señales de que el apoyo de la América rural a Donald Trump se debilita». Christopher Gibbs habla desde una nave de su finca en las inmediaciones de Sídney (Ohio) entre su tractor y los aperos del campo. «Es como aquello de las cinco ... etapas del duelo. Durante un tiempo, el movimiento MAGA ('Make America Great Again', 'Hacer grande a EE.UU. otra vez', el lema político de Trump) tenía aquí mucha presencia, mucho orgullo, era algo tribal. En Ohio los carteles y las banderas con su nombre ondeaban todo el año, en invierno y en verano. Pero en los últimos 18 meses han desaparecido. Están callados. Y las organizaciones agrícolas, que han apoyado a Trump, empiezan a carraspear, a prepararse para hablar».
La América rural hablará este martes, como el resto del país, en las urnas. Y este bastión de los republicanos y del trumpismo, desapegado de los demócratas desde hace mucho, podría determinar si se produce o no un vuelco que nadie esperaba a comienzos de año: que los demócratas arañen victorias en estados de fuerte implantación rural, donde Trump arrasó en 2024, como Iowa, Nebraska o Kansas.
O como aquí, en el noroeste de Ohio, un océano de campos de cereal donde Gibbs es, como en la canción 'Islands on the Stream', una isla en la corriente (en su caso, contra corriente). Y no porque este granjero de melena sedosa y barba cana, camisa gastada y pantalón manchado de campo, tenga un aire a Kenny Rogers. Sino porque es un demócrata en un mar de republicanos.
«Es un soborno»: la revuelta popular en EE.UU. contra los centros de datos, desde dentro
Gibbs sonríe cuando se le pregunta por qué se complicó la vida, por qué se hizo demócrata. Además de trabajar una explotación de ganado, soja y maíz de 220 hectáreas, es el presidente del Partido Demócrata en el condado. Pero hace pocos años lo era del Partido Republicano. «¿Te cuento la versión corta o la larga?», pregunta en un día que no tiene tiempo para nada. Es tiempo de cosecha, de grano y de votos. Mientras conversa con ABC, atiende por teléfono a su hijo, que está con la cosechadora en los maizales. Por la noche participa en un pequeño mitin.
El resumen: fue por Trump. Y la puntilla para dar la espalda al multimillonario neoyorquino fueron su sintonía con Vladímir Putin y los aranceles, que impactaron de lleno en el campo.
Él sigue siendo una rareza. El mundo rural, en el que dominan los valores conservadores -Dios, la familia, las armas- se entregó a Trump y permanece, en su mayoría, entregado. Buena parte de la culpa la tuvieron los propios demócratas. «En el último cuarto de siglo se han centrado en asuntos culturales que no se digieren bien en la América rural», reconoce Gibbs, en referencia a cuestiones como la agenda LGBTQ o el énfasis en las políticas de DEI (diversidad, equidad, inclusión).
Pero el viento que ahora ondula su flequillo y los maizales sopla en su favor. Apoyado en el tractor, Gibbs explica el principal asunto que ha abierto una brecha entre Trump y su electorado, y con más incidencia en la América rural. «La cosechadora que yo utilizo tiene un depósito para 150 galones (un galón son casi 3,8 litros). El año pasado, el galón de diésel estaba incluso por debajo de 3,5 dólares. Ahora está casi a siete. Nos cuesta mil dólares llenar el depósito», explica.
«El año pasado, el galón de diésel estaba incluso por debajo de 3,5 dólares. Ahora está casi a siete. Nos cuesta mil dólares llenar el depósito»
Presidente del Partido Demócrata en el condado de Shelby (Ohio)
Es una subida del diésel -y del resto de combustibles- que está relacionada de forma directa con Trump,con la guerra de Irán y su impacto en los mercados energéticos globales. Y que es un elemento de lo que puede ser una tormenta política perfecta en el campo: la subida del diésel coincide con la temporada de cosecha, cuando más combustible tragan las cosechadoras y camiones; y el final de la cosecha coincide con las 'midterms', las elecciones legislativas de mitad de mandato, donde los republicanos pueden perder sus mayorías en las dos cámaras. Todo apunta a que lo harán en la Cámara de Representantes. Y si hay descalabro en estados que han sido muy 'trumpistas', con la ayuda del desgaste del apoyo en el campo, también podrían perder el Senado.
Desde la finca de Gibbs al centro de Sidney apenas se ven carteles de candidatos republicanos y ninguna bandera de Trump en las casas y negocios que se asoman a la carretera. «Pues yo no veo que haya falta de entusiasmo por los candidatos republicanos en este condado», replica Dan Cecil, el homólogo de Gibbs en la otra orilla política. El actual presidente local del Partido Republicano ha citado a este periódico en una cafetería que parece sacada de Brooklyn -barista con bigote, café a cinco dólares-, acompañado de dos granjeros que ofrecen otro punto de vista.
«Este problema del diésel es temporal y para mí no es una gran preocupación», dice Mack Knupp, un joven agricultor. Asegura que eso solo supone un incremento del 2% en sus costes totales de producción que «no va a cambiar mi decisión de voto sobre el futuro de EE.UU. y sobre su prosperidad».
«La cuestión económica siempre va a ser importante. Pero la gente del campo entiende que no pueden renunciar a sus pilares sociales y culturales por algo temporal», incide Cecil, que subraya asuntos como el aborto, la agenda transgénero o el «adoctrinamiento» de los niños en los colegios como líneas rojas por las que la América rural no va a votar a los demócratas.
«La cuestión económica siempre va a ser importante. Pero la gente del campo entiende que no pueden renunciar a sus pilares sociales y culturales por algo temporal»