El 6 de abril de 2026, la misión Artemis II, la primera en viajar a las proximidades de la Luna en más de cincuenta años, cruzó la cara oculta de nuestro satélite. Durante 40 minutos, los astronautas Christina Koch, Reid Wiseman y Victor ... Glover, de la NASA, y el canadiense Jeremy Hansen, se quedaron completamente a solas, sin comunicaciones por radio, flotando en la nave Orión a más de 400.000 kilómetros de la Tierra. La voz que rompió el más absoluto de los silencios fue la de Koch (Michigan, EE.UU, 1979) y sus palabras fueron mucho más allá de meras cuestiones técnicas: «Exploraremos. Construiremos naves. Volveremos a la Luna (...) Pero siempre elegiremos la Tierra. Siempre nos elegiremos los unos a los otros». Cuando regresó, un día después del amerizaje, la primera mujer en volar alrededor de nuestro satélite y en alcanzar el espacio profundo pronunció otra frase para el recuerdo: «planeta Tierra, eres una tripulación».
Esta capacidad de transmitir unidad y cooperación junto a sus múltiples hazañas —ha participado en las tres primeras caminatas espaciales exclusivamente femeninas y en 2020 logró el récord femenino de tiempo en el espacio: 328 días a bordo de la Estación Espacial Internacional (ISS)— le han valido ser reconocida con el Premio Princesa de Asturias de la Concordia 2026, que recogerá el 23 de octubre en Oviedo. La 'fontanera espacial', como se autoproclamó a sí misma tras reparar el retrete de Orión, reconoce por videoconferencia que no se lo esperaba.
—Sí, mucho, me parece demasiado bueno para ser verdad. Conocía el premio y lo tengo en muy alta estima porque la Estación Espacial Internacional recibió en el pasado el de Cooperación Internacional. Es un honor increíble. Mi único deseo sería que fuera para todo el equipo de Artemis, porque, obviamente, no es una sola persona la responsable de este logro.
Christina Koch, primera mujer en volar a la Luna, premio Princesa de Asturias de la Concordia
—Apela a la unidad, pero incluso el espacio se está convirtiendo en un campo de batalla.
—En cierto modo, reconozco que mi afirmación de elegirnos los unos a los otros es muy aspiracional, porque ahora mismo no siempre ocurre. Pero creo que siempre deberíamos esforzarnos en hacerlo. Nuestro planeta es nuestro bote salvavidas, el lugar que nos proporciona a todos lo que necesitamos para sobrevivir y prosperar. Cuando ves la Tierra desde tan lejos, ves que es nuestra. Y es nuestra decisión cómo gestionarla. Con cada acción que realizas, estás eligiendo el mundo del que quieres formar parte. Y puedes elegir la Tierra y puedes elegir a los demás.
—¿Qué experiencia de su viaje a la Luna vuelve una y otra vez a su mente?
—Por un lado, el momento en que pudimos hablar con nuestras familias; fue el más especial. También cómo trabajamos tan estrechamente unos con otros; incluso después de tres años juntos, seguíamos comprometidos con formar un equipo y ser comprensivos, pero también con exigirnos responsabilidades. Y después estaban las cosas que ocurrieron fuera de la nave espacial, como ver la Tierra tan pequeña que podía quedar escondida detrás de tu pulgar. O ver cómo el planeta desaparecía de nuestra vista y con ella todo lo que habíamos conocido...
—Sí. Una de las cosas más increíbles fue el eclipse que pudimos contemplar, cuando el Sol pasó por detrás de la Luna y creó lo que parecía un agujero en el universo justo al otro lado de la ventana, que después adquirió una especie de tridimensionalidad cuando el suave resplandor azul de la Tierra empezó a iluminar una pequeña parte de su superficie. Casi parecía la Estrella de la Muerte de las películas de Star Wars. Es extraordinario pensar que todas estas cosas increíbles están ocurriendo en el universo, tanto si estamos allí para presenciarlas como si no.
—Sus compañeros de tripulación han pasado a ser astronautas eméritos, ya no volarán más, pero usted sigue en activo. ¿Es NASA la que toma estas decisiones?
—Normalmente suele ser una decisión del propio astronauta. La única situación en la que quizás dependería de nuestros responsables o de NASA sería si alguien no pudiera cumplir los estándares de competencia, porque tenemos que asegurarnos de que nuestros equipos están preparados y en las mejores condiciones posibles. Así que creo que las decisiones de mis compañeros han sido personales.
«Aunque sigo en activo, no creo que vuelva a volar. Ha llegado el momento de pasar el testigo»
—¿Y cuál va a ser su próximo paso? ¿Seguirá en el programa Artemis?
—Todavía no lo tengo del todo claro. He estado disfrutando mucho de esta etapa de posvuelo, en la que podemos divulgar nuestro trabajo. No creo que vuelva a volar. He tenido una gran carrera. He realizado una misión larga, he hecho una misión lejana y me entusiasma que tengamos un grupo increíble de astronautas que podrán llevar la antorcha hacia delante, caminar sobre la Luna y quedarse allí. Pero, como ha mencionado, sigo siendo una astronauta en activo, así que cualquier cosa es posible. Ya veremos.
—No lo sé. Tendremos que esperar y ver. Me hace ilusión que probablemente conozca a quienquiera que sea y estoy absolutamente convencida de que será increíble para el trabajo. Lo único que puedo decirle es que, cuando vuelva, su vida podría cambiar mucho, porque estamos en un momento en el que la gente está muy interesada y entusiasmada con el futuro de la exploración espacial.