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2 de julio de 2026

El Verdadero Terremoto

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El 24 de junio de 2026 Venezuela fue sacudida por dos potentes sismos que se convirtieron en un terremoto con un incuantificable poder destructivo. Pero la destrucción de Venezuela comenzó antes. Se inició el 4 de febrero de 1992 cuando un grupo de aventureros sediciosos intentó derrocar al gobierno de Carlos Andrés Pérez, quien había llegado al poder en medio de una crisis económica que lo obligó a adoptar un conjunto de medidas económicas que impactaron a la población desfavorablemente. Ello fue el caldo de cultivo para que se materializara el plan golpista que venía incubando en los cuarteles.

Con el desastre de gobierno de Rafael Caldera entre 1994 y 1998 se allanó el camino para que Hugo Chávez ganara las elecciones presidenciales de diciembre de ese último año, con un apoyo popular muy importante y además soportado por la izquierda en todas sus denominaciones, el militarismo agazapado y sectores fascistas. De esa mezcla indigesta no podía salir nada bueno para Venezuela y en medio de un auge petrolero fenomenal, se fue sentando las bases para destruir lo bueno que había y exacerbar lo malo que existía.

Vivió Venezuela con Hugo Chávez entre 1999 y 2012 una auténtica vorágine de demagogia e irresponsabilidad. La primera víctima fue la industria petrolera. Ésta fue una especie de campo de experimentación cuyo resultado fue la caída de la producción petrolera desde 3.200.000 barriles diarios en 1998 hasta 2.500.000 barriles diarios en 2012, con afectaciones sustantivas a PDVSA a la cual convirtieron en una agencia de empleos y de proyectos utópicos, todos ellos fracasados. Otra víctima fue el sector productivo, tanto industrial como agropecuario, el cual fue severamente golpeado por una política de expropiaciones y confiscaciones que minaron sus bases.

A ello siguió la liquidacion de la institucionalidad fiscal y monetaria heredada, imperfecta sí, pero funcional. El BCV fue convertido en la imprenta monetaria para el financiamiento de los déficits fiscales lo que derivó en noviembre de 2017 en un proceso hiperinflacionario que se venía gestando desde antes. Hugo Chávez no solamente consumió la renta petrolera presente sino también la futura, mediante un proceso de endeudamiento que hizo saltar la deuda externa desde US$ 28.000 millones en 1998 hasta US$ 90.000 millones en 2012. El conglomerado de empresas estatales creado por Chávez hoy se valora a precios de remate.

El sistema de precios fue destrozado a través de un sistema de controles uno más absurdo que otro sumado a un control de cambio vigente entre 2003 y 2019 que propició una fuga de capitales superlativa estimada para ese lapso en aproximadamente US$ 100.000 millones, disfrazada de importaciones, cupos de viajeros, compras en línea por internet y adquisición de bonos de la deuda pública en dólares pagaderos en bolívares.

La tragedia que hoy asola el alma de los venezolanos es muy grande pero es minúscula comparada con la que generó Hugo Chávez en los largos trece años que ejerció como presidente. Tratando de hacer lo que él consideraba bueno, hizo lo peor.

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