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Nevaco Global
28 de julio de 2026

GAESA cambia de piel: la estrategia para intentar sobrevivir a las sanciones de Trump

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El pasado jueves, 23 de julio, el Departamento de Estado de Estados Unidos sancionó al fondo de inversión CEIBA Investments Limited por sus negocios con el régimen cubano. Junto con la designación, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) emitió varias licencias generales que autorizan temporalmente el cierre ordenado de transacciones con CEIBA y con las empresas en las que posea, directa o indirectamente, al menos el 50% de participación.

La decisión supone un duro golpe para uno de los principales inversionistas extranjeros en el mercado inmobiliario cubano y estrecha aún más el cerco financiero sobre La Habana. En momentos en que el régimen busca desesperadamente atraer capital extranjero para aliviar su crisis económica, Washington acaba de poner en la mira a uno de sus socios más valiosos y a una de las vías con las que aspiraba a seguir captando inversión.

La relevancia de CEIBA para el régimen va mucho más allá de un simple fondo de inversión. Mientras el Gobierno cubano anunciaba en junio un paquete de 176 medidas para intentar rescatar una economía al borde del colapso —entre ellas la autorización para vender activos y propiedades estatales—, una operación de mucho mayor calado ya se había prácticamente consumado.

Más de un mes antes, el 22 de abril, habían concluido las negociaciones con la Inmobiliaria Monte Barreto S.A. (IMB), una de las empresas más importantes de la Corporación CIMEX S.A. y propietaria del emblemático Miramar Trade Center, el complejo de negocios más grande de la Isla. Finalmente, la transferencia accionaria se completó el 4 de junio, cuando IMB dejó de pertenecer al Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA) y pasó a manos de CEIBA, un fondo registrado en Guernsey, sancionado por Washington apenas el 23 de julio pasado.

Hasta el 4 de junio, CEIBA poseía el 49% de las acciones de IMB. Ese día GAESA le cedió oficialmente el resto.

Así se concretó el primer traspaso total de un activo estratégico de CIMEX, una empresa integrada al entramado económico de GAESA.

A simple vista, podría parecer una operación más de inversión extranjera, pero testimonios obtenidos por CubaNet apuntan en otras direcciones.

La venta de Monte Barreto no sería un caso aislado. Según dos fuentes de alto nivel dentro de CIMEX y un funcionario del Ministerio de Comercio Exterior y la Inversión Extranjera (MINCEX), consultados bajo condición de anonimato por temor a represalias, la operación forma parte del inicio de una profunda reorganización de GAESA.

El objetivo sería desprenderse, al menos formalmente, de parte de sus activos para protegerlos del creciente impacto de las sanciones impuestas por la Administración de Donald Trump y de un eventual endurecimiento de las medidas financieras contra el conglomerado militar.

Sin embargo, lo que aseguran las fuentes consultadas es que no se están deshaciendo de las empresas; las están moviendo de lugar para no perder el control sobre los negocios más rentables de la Isla.

Una de las piezas centrales de esa estrategia sería CEIBA, una compañía que mantiene vínculos de décadas con el Estado cubano.

Hasta ahora, el conglomerado militar había privilegiado empresas mixtas o contratos de administración con inversionistas extranjeros. La cesión completa de una compañía de esta magnitud marca un precedente inédito. Y podría ser apenas el comienzo.

Tres fuentes consultadas por CubaNet aseguran que otros activos administrados por GAESA podrían seguir el mismo camino en los próximos meses. Entre ellos figuran empresas inmobiliarias, instalaciones vinculadas a la Zona Especial de Desarrollo Mariel e incluso decenas de hoteles gestionados por la cadena española Meliá Hotels International.

Esta estrategia apunta a que GAESA no estaría vendiendo su patrimonio para retirarse realmente de la economía cubana, como intenta aparentar.

Si la adquisición de Monte Barreto, propietaria y operadora del Miramar Trade Center, fuera una operación ordinaria entre una empresa cubana y un inversionista extranjero, probablemente no habría mucho más que contar. Pero el nuevo dueño no es un actor cualquiera y su relación con Cuba es de larga data.

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