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La campaña gruesa 2026/27 comienza con El Niño ya instalado en el Pacífico ecuatorial y todo indica que tendrá una influencia importante con sus precipitaciones mayores a lo habitual.
A medida que se acerca el momento decisivo para la siembra de soja y maíz, los pronósticos muestran una combinación que puede ofrecer una gran oportunidad productiva, pero también obligar a los productores a afinar el manejo de los lotes y la logística.
El último informe del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que las condiciones del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), corresponden a una fase cálida y señaló que, para el trimestre septiembre-octubre-noviembre, existe una probabilidad del 100% de permanencia de esta fase, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte.
A nivel internacional, la señal también es contundente. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) informó en septiembre que El Niño continúa fortaleciéndose y estimó una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026/27.
Pero en la Argentina empieza a aparecer una diferencia relevante entre la magnitud del calentamiento del Pacífico y su traducción efectiva sobre el territorio.
La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió recientemente que la intensidad prevista del fenómeno podría pasar de muy fuerte a fuerte. La modificación reduciría el riesgo de un escenario de excesos hídricos generalizados, pero también genera un interrogante: después de un invierno y un comienzo de primavera secos en buena parte de la región pampeana, ¿llegará el agua suficiente y en el momento adecuado?
En la región núcleo, alrededor del 70% del área se encontraba hacia fines de septiembre entre condiciones de escasez hídrica y sequía. Las últimas lluvias mejoraron la situación y permitieron recuperar parte de los lotes, pero la distribución siguió siendo muy irregular.
De hecho, septiembre terminó con un promedio de apenas 31,5 milímetros en las 36 estaciones de la red GEA (Guía Estratégica para el Agro) de la BCR, aunque las lluvias de los últimos días del mes permitieron reducir considerablemente la superficie de trigo en condiciones regulares y retomar algunas siembras de maíz.
Es decir, el Niño está presente en el Pacífico, pero su impacto sobre la Argentina no se tradujo todavía en una lluvia generalizada y persistente.
Unas semanas atrás, un modelo desarrollado por la BCR a partir de datos de 50 años y de las estaciones meteorológicas de su red proyectaba para la región núcleo precipitaciones significativamente superiores a las normales durante el trimestre octubre-diciembre. El cálculo estimaba un 30% más de lluvia en octubre, 70% más en noviembre y hasta 90% más en diciembre, bajo un escenario de Niño fuerte a muy fuerte. La advertencia es particularmente relevante porque durante noviembre y diciembre se realiza la implantación de la gruesa y la cosecha del trigo.
Para el maíz, disponer de humedad suficiente es una ventaja decisiva. Pero demasiada agua en un período muy breve puede convertirse en un problema. Los lotes con baja capacidad de drenaje pueden perder piso precisamente cuando se necesita ingresar con las sembradoras.
En soja, cuya implantación se concentra principalmente desde mediados de octubre, el escenario hídrico es inicialmente favorable. El riesgo aparece cuando las lluvias dejan de ser una recarga útil del perfil y pasan a convertirse en excesos superficiales, anegamientos o períodos prolongados de saturación.
Por eso, en esta campaña la cantidad de lluvia será importante, pero su distribución temporal y espacial será todavía más importante.
Un año Niño puede representar una oportunidad concreta para el agro argentino cuando todavía permanece en la memoria reciente de los productores la amargura de varias campañas consecutivas de sequía con importantes reducciones de cosecha.
El INTA y el Conicet desarrollaron este año AgroENSO, una herramienta que utiliza 35 años de información climática y productiva para analizar el comportamiento de los principales cultivos extensivos argentinos durante las diferentes fases del fenómeno. La plataforma muestra que el impacto del ENOS es particularmente relevante para maíz y soja y que la respuesta varía según la región.
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