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Nevaco Global
11 de octubre de 2026

Andrés Malamud: “A Milei le conviene la victoria de Bolsonaro ahora, pero va a sufrir el déficit de atención de Trump”

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-Cuando analiza el triunfo de Flavio Bolsonaro en Brasil en la primera vuelta, plantea dos efectos distintos para Javier Milei, uno positivo y otro negativo. ¿Cuál prima?

-En el corto plazo es todo positivo por razones políticas y económicas. La política es que Milei es el pionero de la victoria de la derecha y se puede arrogar las que lo sucedieron. En lo económico, a los mercados les gusta la derecha. Cuando gana la derecha en Brasil, el real se revalúa. La consecuencia indirecta es que el peso se devalúa y, por lo tanto, nuestro comercio con Brasil, sea para exportación o para turismo receptivo, se beneficia. Los turistas brasileños tienen más para gastar en Argentina y para comprar de Argentina. Así que a Milei le conviene en el corto plazo la victoria porque se sube al carro del triunfador diciendo que él lo lidera y porque la economía argentina tiene un impacto positivo.

-La cuestión es el déficit de atención. Algunos piensan que a Milei no le afecta nada esto porque Estados Unidos tiene suficientes recursos para todos. Pero no hablamos de recursos económicos. No es que Trump no tenga más plata, es que no tenga más tiempo. La Argentina está detrás de Brasil desde cualquier punto de observación externo, desde Europa, Estados Unidos e incluso China. Cuando uno mira a América del Sur, ve a Brasil primero y al resto después. Si Brasil es adversario, mirás más atrás para buscar a tu amigo. Si Brasil es tu amigo, no gastás más tiempo buscando a otro. No es que Trump vaya a desechar a los demás. Es una cuestión de prioridades.

-Milei dijo que el Mercosur podría convertirse en un "torpedo atómico" con sus dos principales socios gobernados por la derecha. ¿Puede efectivamente flexibilizarse el bloque?

-La flexibilización del Mercosur siempre la promovió Uruguay, generalmente con un gobierno de izquierda. Eran los grandotes los que se resistían, porque el Mercosur se piensa como trampolín en los 90 y se convierte en fortaleza en los 2000. Una fortaleza que te protege en vez de un trampolín que te permite saltar al mundo. La flexibilización puede adquirir dos formas: una con reforma de tratados y otra sin reforma de tratados.

-La reforma de tratados es muy complicada. Hace falta un largo proceso y el consenso de los cuatro miembros. Además, te arruina acuerdos que ya firmaste como Unión Aduanera, por ejemplo, con la Unión Europea. Pero se puede flexibilizar sin reforma de tratados, reduciendo el arancel externo común. Si quieren flexibilizar el Mercosur, no necesitan cambiar ningún tratado: se juntan y bajan los aranceles. La Argentina y Brasil siguen siendo dos de las economías más cerradas del mundo. Es una cuestión de voluntad política, no es culpa del Mercosur.

-EEUU sigue sumando gobiernos políticamente afines en la región, pero al mismo tiempo China nunca tuvo tanta incidencia. No parece que las cosas vayan a cambiar.

-La economía brasileña se complejizó mucho en los últimos años. Los industriales paulistas son proteccionistas y los exportadores agropecuarios venden todo a China. Ahí tenés un acuerdo del capital brasileño para no hacer locuras. Lula está más cerca de China y los Bolsonaro de Estados Unidos, pero no completamente alineados como para romper con el otro lado. Pivotean en una zona moderada, más afín con uno o con otro. Jair Bolsonaro fracasó en su intento de cortar relaciones con China, como fracasó Milei. Rápidamente se dio cuenta de que no podía.

-No. Brasil no tiene ningún interés en perjudicar a su principal socio comercial. Brasil comercia con China tres veces más que con Estados Unidos. Si China le deja de comprar soja, Brasil no tiene a quién vendérsela. No hay ganancia en pelearse con China.

-¿Qué tipo de liderazgo puede ejercer Flávio Bolsonaro y cómo puede convivir con el resto de su familia?

-La gran incógnita es saber cómo va a liderar Flávio cuando fue electo por ser el hijo suave. Jair Bolsonaro no elige a Eduardo, que es el hijo talibán, sino a Flávio, que es el hijo más tranquilo. Muchos piensan que, una vez que liberen a Jair por amnistía o eventualmente por indulto, va a tener influencia en el gobierno. No conocemos a la familia por dentro. Lo que sí sabemos es que Flávio ya se peleó en un momento con Michelle, la esposa de Bolsonaro, que no es su madre. Esto puede dar lugar a conflictos porque Michelle también quiere ser presidenta. Con los bolsonaristas a cargo de todo, Flávio presidente, Michelle y otro de los hijos senadores y quizás Eduardo Bolsonaro canciller, la próxima disputa por el poder en Brasil puede darse al interior de la familia gobernante.

-En democracia el resultado está abierto. Por suerte no conocemos el resultado por anticipado. Pero nunca en Brasil hubo reversión del resultado. Nunca el segundo de la primera vuelta ganó el balotaje. Desde 2002 todas las elecciones fueron a segunda vuelta y siempre ganó el primero. Así que las chances de Lula no son muy positivas. Además, se quedó sin gente. Todos sus candidatos perdieron cargos importantes, mientras que a Bolsonaro le pasó exactamente lo contrario. Llenó el Congreso de bolsonaristas y tiene un bloque legislativo como ningún otro dirigente tuvo desde la recuperación de la democracia brasileña.

-Del ciclo electoral latinoamericano, ¿qué fenómeno le resulta más interesante?

-Tenemos elecciones que se resolvieron a favor de candidatos tradicionales y países en los cuales hay un péndulo entre recién llegados. Los casos típicos son Chile y Colombia, donde de repente gana la izquierda de Boric y después la derecha de Kast, la izquierda de Petro y después la derecha. En Brasil vemos una alternancia idéntica a la de Estados Unidos: entre un outsider disruptivo y el viejo establishment político. En Argentina estamos presenciando una sucesión de outsiders que desafían al peronismo. Cada outsider es más radicalizado que el anterior. Milei mucho más que Macri.

-Que ninguna democracia se rompió. Los presidentes que ganaron elecciones y terminaron con ellas son los de Venezuela y Nicaragua, y eso pasó hace mucho tiempo. En todos los demás lugares hay una valoración positiva de la democracia, una insatisfacción con su gestión y un remedio que se busca periódicamente a través de elecciones. Eso hace 40 años no estaba garantizado. Es una nueva América Latina: estamos siempre hartos de los gobernantes y nunca buscamos un general para que lo resuelva.

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