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Nevaco Global
24 de octubre de 2026

El matrimonio argentino que dio la vuelta al mundo dos veces en su avión monomotor: 261 días, 481 horas de vuelo y 106.711 kilómetros

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"El amor está en el aire", decimos muchas veces en sentido metafórico, pero en este caso es literal. Betina Raimondi, de 62, y Claudio Robetto, de 70, están casados hace 36 años, son padres de seis hijas y son conocidos en sus redes sociales como "Aventureros del aire".

Recién llegado a tierra firme, el matrimonio argentino charló con Clarín. Desde su casa en Mar del Plata relataron las experiencias de su segunda vuelta al mundo a bordo de su avión monomotor, un Mooney M20J modelo 1978.

"Claudio es el piloto y yo sería la azafata", expresa Betina, ingeniera agrónoma de profesión, actualmente jubilada. Desde el asiento de copiloto se encarga de los snacks para el vuelo, ceba los infaltables mates y hace gran parte del registro audiovisual que se puede ver en su galería de Instagram y su canal de YouTube (siempre bajo el usuario @Aventurerosdelaire).

Detrás de aquellas postales entre las nubes hay muchos esfuerzos conjuntos: trazar el plan de vuelo, chequear la meteorología, las condiciones técnicas de la aeronave, toda la documentación necesaria para presentar en cada aeropuerto, el equipaje, el presupuesto, las reservaciones a alojamientos en diferentes países y la lista continúa.

Antes de despegar también encaminan algunas cuestiones laborales del emprendimiento familiar de producción de harina sin gluten. Una de sus hijas lleva las riendas de la empresa desde hace tres años, cuando encararon su primer viaje de larga duración.

La pareja se conoció a fines de 1989 en la costa marplatense, de donde Claudio es oriundo. Betina vivía en La Plata, pero había ido de vacaciones a un hotel que atendía la familia de su futuro marido y el flechazo fue a primera vista.

"En esa época yo volaba como piloto privado, así que cuando empezamos a salir la invité a volar y tomar un café al aeropuerto, un levante bastante rebuscado, que por suerte funcionó", rememora Claudio con humor.

Él tenía 34 y ella 23 cuando se pusieron de novios. Tras cuatro meses de noviazgo dieron el "sí, quiero" en La Feliz. Formaron una numerosa familia de seis hijas: Josefina, Martina, Valentina, Delfina, Carolina y Justina.

"Después de ser papá solo volaba de forma ocasional en aviones alquilados y trabajaba como ingeniero, pero después las chicas fueron creciendo; ya están todas grandes, una incluso vive en España y somos abuelos de dos nietos", comenta Claudio, que aunque ejercía como ingeniero metalúrgico estaba decidido a retomar aquella pasión aeronáutica.

"Mi papá, José Pino Robetto, fue piloto en la Segunda Guerra Mundial por Italia", revela. Sirvió a la Fuerza Aérea Italiana desde los 19 años y a los 20 ya era piloto de caza en combate en el frente africano.

Cuando la guerra por fin terminó, vino a la Argentina por una oportunidad de trabajo y al poco tiempo conoció a la madre de Claudio.

"A mí siempre me gustó volar, pero mi papá no quería que yo me dedicara a esto", confiesa. Su padre falleció en 1984 a los 64 años. Dos años después de su partida, Claudio hizo el curso de piloto en Miramar.

En 2001 también completó el curso teórico de piloto comercial en Tandil. Betina trabajó en un laboratorio como ingeniera, hasta que decidieron emprender juntos y se adentraron en la producción agroindustrial.

Mucho después se formó como coach ontológica y sintió que era un buen momento para animarse a retomar proyectos que los entusiasmaban.

Hace tiempo venían hablando de comprar un avión pequeño para poder volar juntos. Ahorraron durante años y finalmente concretaron la compra a distancia de una avioneta, que seis meses después fueron a buscar a Estados Unidos.

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