NEW HAMPTON, Iowa, EE.UU. (AP) — De pie en el umbral de su casa, cerca de los campos de maíz y soya que cubren este tramo del noreste de Iowa, Dave Roethler no sabe qué pasó con el Donald Trump al que apoyó durante su primera presidencia.
Trump hizo un “trabajo endiabladamente bueno” en aquel entonces, comentó el conserje escolar de 70 años. Pero ahora Roethler lamenta una economía en la que “son las familias de clase media las que se llevan el gran golpe”, al tiempo que Trump “va a salir muy por delante”. Se burla del esfuerzo del presidente republicano por ganar elogios como el Premio Nobel de la Paz o un lugar en el Monte Rushmore.
“Creo que tiene delirios de grandeza”, afirmó Roethler, quien planea apoyar a los demócratas el próximo mes en un estado que se ha convertido en un campo de batalla de mitad de mandato luego que Trump lo ganara por 13 puntos porcentuales hace dos años. El presidente regresará a Iowa dos veces antes de las elecciones para convocar a sus simpatizantes.
Los demócratas enfrentan un desafío cuesta arriba para ganar comunidades rurales como esta en el condado Chickasaw, un antiguo bastión del partido que giró con fuerza hacia la derecha en la era Trump, a medida que un realineamiento más amplio se extendía por gran parte de la región centro-norte agrícola del país. Pero con sólo reducir sus pérdidas mediante exhortos a votantes como Roethler, los demócratas esperan volverse nuevamente competitivos desde Iowa y Kansas hasta Nebraska y Ohio.
Josh Turek, el demócrata que se postula para un escaño del Senado en Iowa, señaló que su partido ha “planteado mal este problema matemático”.
“Hay que salir a esos condados rurales y recortar los márgenes”, sostuvo en una entrevista.
Contiendas competitivas en estados que por lo general no lo son Los republicanos saben que están a la defensiva en estos estados. Trump celebró recientemente un mitin en Nebraska para impulsar al senador Pete Ricketts y hará lo mismo con el senador Roger Marshall en Kansas el lunes. Los republicanos están inyectando dinero en ambos estados antes de las elecciones del 3 de noviembre.
Pocos lugares representan el desafío del partido como Iowa, donde los demócratas están llevando a cabo campañas enérgicas para gobernador, para el Senado y para varios escaños de la Cámara de Representantes, incluido el 2do Distrito Congresional, que abarca gran parte del noreste del estado y hasta hace poco se consideraba sólidamente republicano.
Con los aranceles alterando la economía agrícola y la guerra en Irán elevando los precios de la gasolina —el diésel supera los 6 dólares por galón en Iowa—, el presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, republicano por Luisiana, recorrió el distrito para pedir a los votantes que mantengan en pie su frágil mayoría.
“Este estado es muy importante para nosotros”, declaró Johnson en Cedar Falls.
La erosión republicana era evidente a unos 72,4 kilómetros (45 millas) al norte, en New Hampton. A pocas casas de Roethler, Bill Stonecypher, de 69 años, votó por Trump en 2016, con la expectativa de que aplicara su olfato empresarial al gobierno. Ahora Stonecypher planea votar por todos los demócratas en la boleta por primera vez en su vida.
“Sólo sé que es un desastre y que va a llevar años arreglarlo”, expresó.
Otra vecina, Deb Thorne, de 70 años, respaldó a Trump en 2024, pero dijo que no ha cumplido su promesa de bajar los costos.
“Nos mintió”, afirmó. “Estoy mirando más a los demócratas para todo”.
Cómo un candidato a gobernador está llegando más allá de la base del partido Los demócratas en Iowa se sienten alentados por Rob Sand, el auditor estatal, cuya campaña para gobernador se basa en acercamientos explícitos a independientes y republicanos desencantados.