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Nevaco Global
19 de octubre de 2026

Trump dice ser un gran negociador, pero su historial señala lo contrario

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WASHINGTON (AP) — La Torre Trump acababa de inaugurarse y faltaban tres años para la publicación de “The Art of the Deal” cuando Donald Trump, de 38 años, sugirió que podría negociar el control de armas ruso mejor que Ronald Reagan.

“Bastaría una hora y media para aprender todo lo que hay que aprender sobre misiles”, dijo Trump en entrevista a The Washington Post en 1984. Sobre su destreza para cerrar acuerdos, afirmó: “O la tienes, o no la tienes”.

Antes que se hablara mucho de una marca personal, Trump ya había dado con la suya: el consumado negociador, fanfarrón, que nunca pierde.

Al tiempo que recorre el país en zigzag para apoyar a candidatos republicanos, de Florida a Alaska, Trump está instando a los votantes a que vuelvan a acogerlo como un éxito incuestionable en unas elecciones de mitad de mandato que se han convertido en un referéndum indirecto sobre su presidencia y su historial como negociador.

“No es tan bueno en esto como él cree”, comentó Christopher Preble, investigador principal y director del programa Reimagining U.S. Grand Strategy en el Stimson Center, un centro de estudios sobre seguridad internacional.

Como presidente, las fanfarronadas de Trump sobre acuerdos no se han materializado Insistió en que Irán sería derrotado en apenas unas semanas. Más tarde negoció lo que calificó como un alto el fuego “grandioso”, aunque se desinfló rápidamente. Trump ha dicho repetidamente que Teherán está desesperado por llegar a un acuerdo para poner fin a los combates. Eso también resultó ser falso.

Prometió negociar el fin de la guerra de Rusia en Ucrania en un día, pero no lo ha hecho. Ahora ha recurrido a Moscú para comprar diésel.

Trump también sostuvo que usaría la amenaza de aranceles para negociar los mejores acuerdos comerciales de la historia, pero terminó imponiendo gravámenes unilaterales que han elevado los precios en su propio país y han derivado en una guerra comercial con Canadá.

Trump dijo que tenía a un “tipo increíble haciendo piscinas” que podía arreglar el estanque reflectante del Monumento a Lincoln por poco más de 1 millón de dólares. El costo real ha rondado los 20 millones de dólares.

Los esfuerzos presidenciales de Trump siguen su patrón en los negocios privados Sus actos públicos suelen reflejar un patrón muy transitado del sector privado. Gran parte de la carrera de Trump como promotor inmobiliario se basó en cerrar acuerdos que se convirtieron en malas apuestas financieras y llevaron a bancarrotas.

Con frecuencia se jactaba de haberlo hecho mejor en negociaciones de lo que realmente había logrado, y luego intentaba encubrir errores costosos negándose a pagar a quienes trabajaban para él, a menudo demandándolos. Sus mayores éxitos llegaron cuando tenía el máximo margen de maniobra.

El relato central de Trump como maestro negociador había empezado a desvanecerse hasta que “The Apprentice” se estrenó en 2004. Entonces se le permitió interpretar en televisión a un magnate rico y poderoso, y reiniciar su personaje de negociador.

Muchos acuerdos empresariales y presidenciales de Trump se derrumbaron Marty Latz, experto en negociación y autor de “The Real Trump Deal: An Eye-opening Look At How He Really Negotiates”, señaló que Trump, como empresario, veía cada negociación como un juego de suma cero.

“La realidad es que sí negoció algunos acuerdos excelentes, pero también fracasó de manera espectacular en varios acuerdos, y nunca ha negociado con éxito como presidente en un número significativo de contextos”, manifestó Latz.

Trump se ha guiado durante mucho tiempo por la idea de que sólo puede ganar.

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