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Nevaco Global
1 de noviembre de 2026

La visión de un ex ministro español y banquero europeo: “El mundo vive una fragmentación acelerada”

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En la conversación por zoom, Luis de Guindos aparece sentado en una amplia sala con una biblioteca que dan ganas de curiosear. Acaba de dejar su puesto como vice del Banco Central Europeo, en el que se desempeñó los últimos ocho años y se le nota el lenguaje estricto que caracteriza a quienes tienen ese tipo de responsabilidad en las finanzas. De 66 años y partida de nacimiento en Madrid fue ministro de Economía cuando el presidente del gobierno español era José María Aznar, entre 2011 y 2018. De Guindos será uno de los expositores estrella del foro que realiza anualmente la consultora abeceb.

Curiosamente, encuentra a Europa mejor de lo que muchos suponen, pese al encarecimiento de los precios de la energía y el alza de la inflación. “Aun así, la economía ha rendido mejor de lo previsto y se espera que crezca mientras la inflación sube al 4% anual, sin caer en recesión. Entre los factores de resiliencia figuran la menor dependencia de las importaciones de petróleo y gas, la inversión y el comercio vinculados a la inteligencia artificial, una política fiscal más expansiva, especialmente en Alemania y un mercado laboral sólido, con desempleo en mínimos históricos”.

Cuando se le consulta cuál fue el rol del Banco Central Europeo, suelta que elevó las tasas del 2 % al 2,5 % en dos ocasiones y “evitó comprometerse con una trayectoria predeterminada, decidiendo reunión a reunión según los datos”.

Para De Guindos, la economía mundial está pasando de la globalización que incluía a las cadenas de suministro a una fragmentación acelerada desde la pandemia, que “expuso los riesgos de depender de cadenas productivas muy dispersas. Además, las políticas de la administración estadounidense han reforzado esa tendencia. Al priorizar seguridad y proximidad del suministro por encima del menor coste, la fragmentación puede elevar la inflación y el coste del capital y modificar los flujos de inversión”, advierte.

“El crecimiento mundial también ha superado las previsiones, gracias a una menor dependencia del petróleo y al impulso de la inversión y el comercio relacionados con la inteligencia artificial. El riesgo principal es una extensión y escalada del conflicto en Oriente Medio, que podría encarecer la energía, acelerar la inflación en Estados Unidos y Europa y obligar a los bancos centrales a subir más los tipos de interés, contrayendo la actividad”, observa acerca del escenario internacional.

Explica la contundente victoria de Lula en Brasil por factores propios del país y una movilización adicional. “Lo esencial es respetar los resultados democráticos”, sostiene al advertir que no debe extrapolarse automáticamente a otros países latinoamericanos, ya que “cada uno tiene dinámicas particulares”. Cree que el Congreso brasileño, con fuerte presencia del bolsonarismo puede limitar la capacidad de gobierno de Lula.

Se le nota el entusiasmo por la administración Milei y hace hincapié en los avances. “Argentina ha mejorado sus indicadores macroeconómicos. Registra superávit fiscal, redujo la inflación desde niveles cercanos al 300 % hasta alrededor del 34 %, bajaron los tipos de interés y se eliminaron restricciones a las importaciones y controles de capital, junto con esfuerzos de desregulación. Energía y minería se destacan, y también existe potencial agrícola”, enumera.

-¿A qué atribuye entonces que se resista a bajar el riesgo país y la inversión siga en un piso?

-La actividad sigue débil y la inversión no se ha extendido al conjunto de la economía. La incertidumbre sobre la continuidad de las políticas tras las próximas elecciones frena inversiones de largo plazo. Los inversores temen un eventual retorno del déficit fiscal y la inflación elevada. La estabilidad macroeconómica es condición necesaria para atraer capital, pero la persistencia de las políticas determinará su alcance.

-Creo que hay sectores en los que Argentina tiene un futuro brillante, como energía, minería, incluso en el ámbito agrícola y conviene invertir, aunque el elemento de incertidumbre está por la política.

–Acaba de dejar el Banco Central Europeo. ¿Cuáles son los desafíos para una Europa amenazada por la guerra y los disturbios estudiantiles?

–Tengo un cierto sabor agridulce. Hay una parte complicada, que es, lógicamente, el tema del incremento de los precios energéticos. Sí, que para Europa lo que supone, fundamentalmente, es menos crecimiento y más inflación. Pero, por otro lado, el comportamiento de la economía europea está siendo mejor que el que, de alguna forma, se proyectaba hace simplemente unos meses. Es decir, Europa va a crecer cerca del 1% este año, ha habido una aceleración de la inflación al 4%, pero Europa no ha caído en una recesión como consecuencia del shock energético derivado de la guerra de Oriente Medio, de Irán. Mucha gente pensaba que se iba a producir dicha contracción y no se ha producido.

–¿Cuáles son las razones de ese mejor comportamiento europeo?

–Las razones por las cuales ha habido un buen comportamiento de la economía europea son fundamentalmente las siguientes. En primer lugar, la economía europea ha reducido su dependencia de las importaciones energéticas, tanto de petróleo como de gas; entonces, es menos dependiente de lo que era anteriormente. En segundo lugar, ha habido un importante incremento de la inversión relacionada con la inteligencia artificial. Europa ha incrementado su inversión y exportación de maquinaria ligada a la inteligencia artificial y, por otro lado, también las empresas europeas han invertido en lo que son los programas de inteligencia artificial. Y, en tercer lugar, también ha habido una política fiscal más expansiva de lo que se esperaba, fundamentalmente en Alemania. Alemania va a crecer este año en el entorno del 1%. Y, por último, el mercado laboral se está comportando bien, es decir, sigue habiendo un incremento del empleo y la tasa de paro está en un mínimo histórico.

–La inflación pasó del 2 al 4% y lo que hizo el Banco Central Europeo fue subir, en dos ocasiones, los tipos de interés, del 2% al 2,5%. Y después también fue muy importante porque indicó que no había ninguna senda predeterminada de evolución de los tipos de interés y que iba a actuar, pues, en función de los datos que se iban produciendo.

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