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Nevaco Global
21 de octubre de 2026

Condenados ocho narcos que movían hachís y cocaína entre Canarias y la Península por medio de empresas de transporte

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Ocho personas han sido condenados a penas de entre tres y ocho años de prisión y a multas de entre un millón y medio y ... cuatro millones de euros por formar parte de una red que, durante 2022 y 2023, introdujo, transportó y distribuyó hachís y cocaína en Canarias y en el resto de España aprovechando los envíos de empresas logísticas. La Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Las Palmas da por probado que la organización puso en circulación más de 1.460 kilos de resina de cannabis desde Fuerteventura y casi 24 kilos de cocaína desde Madrid, una mercancía que en el mercado ilícito rondaba los cuatro millones de euros.

Las condenas más duras, ocho años de cárcel y dos millones de euros de multa, recaen en Francisco Mariano C. M., conocido como Patxi, y en Leopoldo Rafael C. del R., a quienes la Sala aplica la agravante de reincidencia porque ya habían sido condenados antes por tráfico de drogas. Carlos Armiche P. G. tendrá que cumplir siete años y pagar un millón y medio. Los tres se concertaron, concluye el Tribunal, para recibir en Gran Canaria un paquete con 18 kilos de cocaína.

Agustín D. D., alias Tino, y Jorge Luis O. D. son castigados con cinco años de prisión y cuatro millones de multa cada uno. José Julio G. N., gerente de la empresa tinerfeña Alisios Soluciones Logísticas, es penado a tres años de cárcel y la misma multa, y a los tres se les suman otros tres meses por pertenencia a grupo criminal. Amin A. y Mohamed C., que recogieron en Valencia uno de los palés de hachís, deberán cumplir cuatro años y abonar dos millones de euros cada uno.

La Policía hizo fingir a un detenido de una red de narcotráfico que la droga no había llegado para no levantar sospechas

Tino, Ossorio y el gerente de la logística reconocieron los hechos, y eso explica que sus penas queden lejos de las que pedía inicialmente el fiscal Antidroga, Miguel Portell: nueve años de prisión, 15 millones de multa y año y medio más por grupo criminal. El Ministerio Público les aplicó la atenuante muy cualificada de confesión al elevar sus conclusiones a definitivas, con el acuerdo de sus defensas, y la Sala la asume. Destaca en especial la colaboración del gerente, prestada «desde el inicio de la investigación». Los otros cinco acusados recibieron penas algo menores que las reclamadas por la Fiscalía, que pedía ocho años y medio para los dos reincidentes, ocho para Armiche y cuatro años y tres meses para los receptores de Valencia.

El relato de hechos probados arranca en julio de 2022. Ese mes, Tino, Ossorio y el gerente de Alisios despacharon desde Fuerteventura un palé con casi 445 kilos de hachís que la Policía Nacional interceptó en las instalaciones de la empresa Stock Cargo, en Madrid. Los agentes de la Udyco encargados de la investigación cambiaron la droga por sacos de arena, escondieron un geolocalizador en la carga y la dejaron seguir hasta un local de Mislata, en Valencia, donde la esperaban tres hombres. Dos de ellos, Amin A. y Mohamed C., fueron detenidos allí mismo; el tercero escapó, aunque se dejó atrás la mochila.

Casi a la vez, los investigadores localizaron otros dos palés con más de una tonelada de hachís en Logitrans Canarias, en el polígono de El Goro, en Telde, que acabaron también bajo vigilancia en una finca de Moraleda de Zafayona, en Granada. Entre las dos partidas, el valor de la droga alcanzaba los 3,15 millones de euros.

Aquellas incautaciones obligaron al grupo a echar el freno. En las conversaciones intervenidas, que ninguna defensa impugnó como así destaca la Sala, Ossorio explicaba a un interlocutor que habían tenido que huir, que él se había refugiado dos o tres meses en casa de unos primos en Holanda y que Tino, su jefe, estaba escondido en Tailandia. Llegó a presumir de tener a un guardia civil en nómina que le había avisado de que la Udyco de Madrid iba a por él, algo que el inspector al frente de la investigación negó de forma categórica durante el juicio.

Ya detenido en comisaría, el gerente de la logística atendió una videollamada de Tino y, siguiendo las indicaciones del inspector, le dijo que los paquetes se habían retrasado por los carnavales

Los agentes, en cualquier caso, no les perdieron la pista. El 22 de noviembre de 2022 siguieron a Tino en un viaje relámpago a Gran Canaria, con salida en el vuelo de las 16.30 horas y regreso en el de las 21.30. Patxi lo recogió en el aeropuerto con un todoterreno, hizo durante el trayecto lo que los policías describieron como maniobras de seguridad y lo dejó media hora dentro del vehículo, aparcado en la calle León y Castillo. El 3 y el 17 de enero de 2023, Tino volvió a la isla en barco, esta vez con Armiche. Visitaron un taller del polígono de Miller Bajo y la vivienda de un tercero al que los agentes describieron en el juicio como uno de los mayores narcotraficantes del archipiélago. En el segundo de esos viajes, Patxi entregó a cada uno una caja que parecía contener un teléfono móvil, un gesto que la Sala califica de «sumamente llamativo».

La red volvió a la carga en febrero de 2023, esta vez con cocaína. El día 15, Ossorio voló a Madrid y regresó esa misma jornada. Entre medias compró en una ferretería film negro, cinta de embalar y un baúl de plástico, y preparó dos bultos: el baúl, con 18 paquetes de un kilo de cocaína, y una caja de herramientas con otros seis. A las 15.25 horas, la Policía Nacional interceptó la furgoneta de reparto que los transportaba. La droga, con una pureza cercana al 80% y valorada en 840.000 euros, quedó depositada en el complejo policial de Canillas, y los bultos, con otro contenido, siguieron su ruta hacia Tenerife.

Los paquetes llegaron a la sede de Alisios. El 20 de febrero, los investigadores vieron al gerente meterlos en el maletero de su Mercedes. Dos días más tarde, a las 10.20 horas, lo detuvieron a la entrada del garaje de su casa, y nada más escuchar sus derechos contó, de forma espontánea, que los llevaba para dárselos a Agustín en la zona de El Tablero. Ya en dependencias policiales, su móvil se iluminó con una videollamada de WhatsApp de un contacto guardado como Tino. El policía instructor le dejó contestar y le indicó que, si le preguntaba por los paquetes, le dijera que aún no habían llegado. El gerente le contestó que se habían retrasado por los carnavales y que al día siguiente estarían en su poder. Tino, conforme, le pidió que uno de ellos se reenviara a Las Palmas de Gran Canaria. El detenido quedó en libertad a las 11.45 horas y al día siguiente fue él quien llamó al propio agente para seguir colaborando.

Con su ayuda, el paquete pequeño llegó a manos de Tino, que fue detenido cuando se dirigía a unos trasteros de la carretera general del Sur. En su casa y en esos trasteros los agentes hallaron casi 33 kilos de hachís, unos 670 gramos de cocaína de baja pureza y 3.949 euros. En el domicilio de Ossorio encontraron balanzas de precisión y 1.650 euros. La dirección para el paquete grande se la dictó Tino al gerente, que la anotó a mano apoyado en el maletero del coche. Era la casa de Patxi, en Gran Canaria, y Tino reconoció en el juicio que se la había facilitado Armiche.

La Sala rechaza que la colaboración del gerente sin abogado anule la causa: «Difícilmente puede entenderse afectado el derecho de defensa» si fue él quien decidió ayudar a los agentes

El reparto en Gran Canaria se intentó dos veces. La primera, Patxi no estaba; la segunda, rechazó el envío alegando que no iba a su nombre. El 1 de marzo, Leopoldo Rafael se presentó por dos veces en la logística, en un Mercedes negro, para preguntar por el paquete. Ese mismo día, los policías apostados junto a la vivienda de Patxi lo vieron nervioso, escondiéndose en unas escaleras y asomándose a un coche que tenía a la vista un lanzadestellos. Poco después se marchó con Leopoldo Rafael a toda velocidad. Por la tarde, un hombre con un DNI falso recogió el paquete en la logística y se subió a un taxi escoltado por una moto propiedad de Leopoldo Rafael, que conducía Armiche y que los agentes identificaron por un tatuaje. El trayecto terminó en el Monte Lentiscal, en la vivienda de Leopoldo Rafael. Cuando los policías entraron, olía a papel quemado. En una barbacoa ardían restos del mismo papel que llevaba el envío, que apareció abierto en el garaje de la casa contigua, deshabitada y comunicada con la del condenado por una escalera «estratégicamente colocada». En la zona medianera había otros nueve kilos de hachís y, dentro de la vivienda, una nota con el teléfono de la logística y la dirección de Patxi, con un error en el nombre de la calle.

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