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Nevaco Global
4 de octubre de 2026

A comienzos de 1814, Belgrano llegó a una antigua estancia de Salta: recibió a San Martín, entregó un ejército y cambió la historia argentina

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En el sur de Salta, cerca de San José de Metán, todavía permanece en pie una antigua casona colonial que fue testigo de uno de los momentos más importantes de la historia argentina. Se trata de la Posta de Yatasto, una hacienda por la que pasaron militares, viajeros y mensajeros que comunicaban Buenos Aires con el Alto Perú.

A comienzos de 1814, Manuel Belgrano llegó hasta ese lugar después de sufrir las duras derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Allí recibió a José de San Martín, el militar enviado para reforzar al golpeado Ejército del Norte y asumir una responsabilidad que modificaría el rumbo de la guerra por la Independencia.

La escena quedó inmortalizada como el encuentro de dos de los próceres más importantes del país. Sin embargo, detrás del famoso abrazo existió una compleja operación política y militar desarrollada en una propiedad rural que llevaba más de un siglo recibiendo a quienes transitaban los caminos coloniales.

La propiedad estaba ubicada junto al río Yatasto y formaba parte del Camino Real, la extensa ruta que conectaba el Río de la Plata con las regiones del norte. Su función era ofrecer descanso, alimentos y caballos frescos a los viajeros.

La casona fue construida con paredes de adobe blanqueadas con cal, techo a dos aguas cubierto con tejas de media caña, cuatro habitaciones en la planta baja y un cuarto superior. Una galería permitía refugiarse del sol, mientras que árboles como algarrobos, ceibos, mistoles y palos borrachos completaban el paisaje.

En 1784, la hacienda fue heredada y restaurada por el coronel Vicente Toledo Pimentel. Después de la Revolución de Mayo, su familia colaboró con los ejércitos revolucionarios y la propiedad adquirió una importancia logística fundamental.

Las postas eran esenciales para una guerra librada sobre enormes distancias. Allí se cambiaban caballos, descansaban las tropas, circulaban órdenes y se almacenaban provisiones. La familia propietaria de Yatasto habría aportado 1.300 caballos y 100 vacas al Ejército del Norte, una ayuda decisiva para movilizar hombres y alimentos.

En marzo de 1812, Juan Martín de Pueyrredón entregó a Manuel Belgrano el mando del Ejército del Norte, una fuerza desorganizada, con pocos recursos y amenazada por el avance realista.

Belgrano consiguió reorganizarla y obtuvo dos victorias fundamentales en Tucumán y Salta. Sin embargo, las derrotas de 1813 dejaron al ejército debilitado y obligaron al gobierno central a enviar refuerzos.

El elegido fue José de San Martín, quien había regresado al Río de la Plata en 1812 y demostrado su capacidad militar en el combate de San Lorenzo. Al llegar al norte, encontró a un Belgrano enfermo y afectado por las recientes derrotas, pero dispuesto a colaborar.

El encuentro personal entre ambos ocurrió en enero de 1814. Hasta entonces se habían comunicado por cartas y ya se profesaban un profundo respeto. La tradición ubicó la reunión en Yatasto, aunque algunas investigaciones sostienen que pudo producirse en la cercana Posta de Algarrobos, varios kilómetros más al norte.

Más allá de esa discusión, Yatasto quedó asociado al cambio de autoridades. Belgrano aceptó la designación de San Martín, permaneció temporalmente bajo sus órdenes y compartió sus conocimientos sobre el territorio, las tropas y las fuerzas realistas.

San Martín comprendió que continuar con los ataques directos hacia el Alto Perú implicaba repetir una estrategia que ya había provocado enormes pérdidas. Su plan fue diferente: defender el norte, cruzar la cordillera, liberar Chile y avanzar por mar hacia Perú.

En ese esquema, el norte quedó protegido por las fuerzas gauchas encabezadas por Martín Miguel de Güemes, otro protagonista relacionado con la Posta de Yatasto. La resistencia organizada en Salta y Jujuy permitió contener las incursiones realistas mientras San Martín preparaba el Ejército de los Andes.

De esta manera, la antigua estancia quedó vinculada con Belgrano, San Martín y Güemes, tres figuras centrales del proyecto emancipador. No fue solamente el escenario de un abrazo entre próceres, sino un punto de conexión entre distintas etapas de la guerra.

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