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Nevaco Global
5 de julio de 2026

La infinita espera de las aduanas de Ceuta y Melilla, entre el veto marroquí y la impotencia española

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Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.

Más de cuatro después de que el Gobierno central anunciara la apertura de las infraestructuras comerciales, Rabat sigue haciendo imposible un tránsito normalizado de mercancías desde dos ciudades que no reconoce

Es la historia de una espera infinita. Imposible. Un fracaso. Cuatro años se cumplieron el pasado 7 de abril desde que la entonces flamante hoja de ruta pactada entre el Gobierno de España y el marroquí —habían pasado apenas tres semanas desde la inesperada carta de Pedro Sánchez a Mohamed VI en respaldo del plan autonómico marroquí para el Sáhara Occidental— anunciara la reapertura de la aduana de Melilla y la creación de una de nuevo cuño en Ceuta. Unas infraestructuras comerciales que siguen sin ver la luz para desesperación del tejido productivo y ciudadanos ceutíes y melillenses.

En aquel turbulento contexto, calmar a Marruecos tras la indignación que habían producido en Rabat la hospitalización secreta del líder del Frente Polisario, Ibrahim Ghali, en la ciudad de Logroño y las manifestaciones del entonces vicepresidente Pablo Iglesias en favor de la autodeterminación saharaui y, por tanto, normalizar las relaciones con los vecinos del sur tras el episodio de la frontera del Tarajal de los días 17 y 18 de mayo de 2021 —cuando gracias a la inhibición de las fuerzas de seguridad marroquíes más de 10.000 jóvenes se colaron en suelo ceutí— parecía ya un éxito.

Pero España había puesto fin a su calculada neutralidad histórica en la cuestión del Sáhara —a fin de no importunar las relaciones tanto con Rabat como con Argel, el principal patrocinador de la organización independentista— para favorecer la propuesta autonomista que Marruecos presentara en 2007 ante la ONU como la fórmula “más seria, creíble y realista” para resolver el conflicto, por lo que se esperaba de Marruecos al menos el respeto explícito a las fronteras soberanas españolas.

Así las cosas, el Gobierno del PSOE y Unidas Podemos confió en que, como mínimo, la “normalización aduanera” reflejada en el acuerdo se traduciría en la apertura de las aduanas comerciales, con las que esperaba insuflar algo de estímulo a las malhadadas economías de las dos ciudades autónomas después de que Marruecos pusiera entre el agosto de 2018 y diciembre de 2019 fin al contrabando —que había funcionado durante décadas por la tolerancia de ambas partes— y el cierre de fronteras de más de dos años impuesto por Rabat alegando razones sanitarias derivadas de la pandemia por coronavirus.

Comenzaba entonces una cuenta atrás para la reapertura de la aduana comercial melillense —que había funcionado desde tiempos de Isabel II, en concreto desde la entrada en vigor del Tratado de Fez de 1866, hasta el 1 de agosto de 2018— y el nacimiento de la ceutí. No era ni es ningún misterio que las autoridades marroquíes —el majzén— no tienen ninguna simpatía por dos ciudades españolas a las que los medios se refieren a menudo como “presidios ocupados”.

La realidad es que hay una animosidad de fondo hacia las realidades ceutí y melillense desde Marruecos, cuyos responsables gubernamentales evitan en todo momento mencionar siquiera a las dos ciudades autónomas por su nombre o hablar de fronteras y aduanas, porque de estos términos se derivaría la asunción de la soberanía española. No puede resultar extraño no sólo que el irrendentismo marroquí no renuncie a hacerse con las dos ciudades, sino que la voluntad de las autoridades magrebíes sea la de perjudicar las economías de Ceuta y Melilla, como se desprende de las decisiones adoptadas a lo largo de la última década.

La actitud desde entonces de las autoridades españolas ha sido la de no importunar ni en público ni en privado a Marruecos. La prioridad absoluta ha sido preservar las buenas relaciones con Rabat a fin de evitar episodios como los vividos en 2021. Una y otra vez en los últimos cuatro años el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, y otros miembros del Gobierno han dejado constancia de las “excelentes” relaciones con el país vecino, “las mejores de la historia” ha llegado a decir.

“Es intolerable que Marruecos intente asfixiar la economía de ambas ciudades autónomas y complicar la vida de sus habitantes. No es de buenos vecinos”, afirma a 20minutos el empresario melillense José Luis Martínez Lázaro. El presidente no ejecutivo de Total Logistic y ex presidente de la Asociación Andaluza de la Empresa Familiar recuerda además a este medio la larga lista de incumplimientos del Ejecutivo central para con Melilla, desde la reapertura de la aduana comercial hasta el Plan Integral pasando por la ampliación del puerto, la modernización del aeropuerto o la lucha efectiva contra la migración irregular.

Entretanto los días 1 y 2 de febrero de 2023 se celebraría la XII Reunión de Alto Nivel (RAN) de Rabat para que la representación española, liderada por Sánchez, volviera a escenificar el gran momento en las relaciones bilaterales y se reiterara la vigencia del compromiso del Ejecutivo español con las apertura de las aduanas comerciales. Después llegarían las “exitosas pruebas piloto” de 2023 y tras casi dos años más de espera, en enero del año pasado, el Gobierno de España daba por fin por inauguradas las infraestructuras comerciales con el paso de las primeras mercancías -electrodomésticos y productos de limpieza- hacia Marruecos.

No iban a tardar los empresarios de las dos ciudades españolas en asumir que las iniciales restricciones a una serie de productos específicos —Rabat sólo permite la entrada fundamentalmente materiales de construcción, automoción, productos frescos y electrónica del hogar— y en volúmenes limitados serían la norma a partir de ahora. En suma, transcurridos más de cuatro años desde el reencuentro de abril de 2022, ha quedado manifiestamente claro que Marruecos no quiere unas aduanas propias de tal nombre en sus fronteras con Ceuta y Melilla. El balance de pasos ha sido más que exiguo: desde comienzos del año pasado menos de una decena de expediciones ha cruzado desde Melilla a Marruecos y apenas dos lo han hecho desde Ceuta.

“El presidente del Gobierno anunció en abril de 2022 que iba a volver la normalidad y después de más de cuatro años la normalidad no ha llegado. Marruecos no tiene ningún interés y España no quiere molestar, y es que parece que le da igual”, afirma a 20minutos el presidente de la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME-CEOE) Enrique Alcoba. “Marruecos exporta muchísima mercancía a través de Algeciras, Málaga o Almería, productos agrícolas, de pesca, etc., pero no permite nada que se pase desde Melilla o Ceuta a Marruecos”, recuerda.

La última excusa de las autoridades magrebíes, según los empresarios de las dos ciudades autónomas, para seguir impidiendo el normal funcionamiento de las aduanas es la de la Operación Paso del Estrecho (OPE), dispositivo transfronterizo estival al servicio de la diáspora marroquí en el continente europeo.

El año pasado, sin aviso previo por parte del Gobierno de España —que o nunca fue informado por Marruecos o si lo estuvo prefirió no revelarlo a la opinión pública—, la aún modesta pero creciente actividad comercial por los pasos del Tarajal y Beni-Ensar se vio abruptamente suspendida por el inicio de la OPE. Seis meses después de su apertura oficial, Marruecos cerraba sendas aduanas. Según acabarían explicando las autoridades españolas, la complejidad del dispositivo —que se viene celebrando desde hace cuarenta años— era incompatible con el funcionamiento de la aduana comercial, aunque en Melilla ambos se simultanearon hasta 2018 sin aparentes problemas.

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