En tiempos donde la virtualidad suele funcionar como una especie de espejismo que viene a camuflar la soledad y, en los que la vida adulta, con sus infinitas exigencias, parece habernos empujado lentamente hacia el interior y cercenado las posibilidades de generar nuevos vínculos, dos mujeres decidieron tender un puente real, tangible y transformador.
“Amigas al rescate” es una iniciativa que tiene su anclaje en redes sociales, y que, a través de dinámicas, retos y encuentros presenciales, nos demuestra que hacer nuevas amigas es posible, sin importar tu edad, ni dónde te encuentres.
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Detrás de esta inmensa red de contención se encuentran Mariela y Gisela, dos mujeres de 42 años que se conocieron como “mamás del cole”, cuando sus hijos empezaron juntos salita de dos. Mariela es de Paraná, pero vive en Buenos Aires hace doce años. Es divorciada, está en pareja y tiene un hijo. Gisela, es psicóloga, nació en San Martín pero vive en Buenos Aires, acaba de divorciarse y tiene dos hijos. Juntas, atravesadas por sus propias vivencias y por su facilidad natural para conectar con otros, decidieron crear este espacio que hoy es un lugar de convocatoria para cientos de mujeres de todo el país.
“Amigas al rescate nació hace más o menos 3 años”, explican sus creadoras. “Nosotras nos habíamos hecho amigas y siempre conversábamos sobre esto de que no había lugares o espacios como para hacer amigas. Porque en el laburo, capaz que cada uno está en otra, y si uno plantea che, vamos a tomar algo, te miran raro. Cuando vas a hacer algún deporte, mayormente también es como que ya hay grupos armados, entonces empezamos a ver que no había espacios para hacer amistad”, indica Mariela.
La pandemia —que a estas alturas ya es una divisoria de aguas similar al antes o después de Cristo— hizo también de las suyas y dejó algunas secuelas en la forma en que nos relacionamos. “Se naturalizó esto del encierro, el trabajar home office, el no socializar, y nos parecía que se estaba perdiendo algo superimportante, superútil, que es el encuentro con el otro”, reflexiona Gisela a su lado. A este contexto se le sumaban los mandatos y las etapas vitales, que impactan de lleno en la forma en que las mujeres nos relacionamos.
“Hay momentos de la vida en que a las mujeres particularmente nos empujan un poco a encerrarnos, a estar en soledad: la maternidad, el cuidar de un niño, de un adulto mayor, son todas actividades que nos hacen estar un poco recluidas”, agrega.
Para combatir todas estas situaciones y propiciar la amistad, comenzaron a diseñar desafíos virtuales grupales que eran convocados por Instagram y luego seguían en grupos de WhatsApp. Pero notaron que esos grupos, que tenían por objeto propiciar los vínculos, tenían un impulso inicial que iba diluyéndose con el tiempo. “Eso funcionaba pero muy poquito, porque no encontrábamos la forma de salir de la virtualidad”, recuerdan casi a dúo. Fue así que, a base de prueba y error, y por supuesto, tras una primera etapa muy ardua, dieron con un formato denominado “Amigas en 10 días” y que casi podríamos decir que es hoy su producto estrella.
El método es minucioso y altamente efectivo. “Durante los primeros nueve días, las chicas, todas de la misma zona, están en un grupo de WhatsApp al que nosotras les enviamos una consigna diaria”, explican. Estas consignas buscan romper el hielo, generar buen clima, identificación y complicidad. El día diez se realiza un encuentro virtual de cierre, del que también participan Mariela y Gisela, y donde las participantes se ven por primera vez a través de la pantalla. Finalmente, todo concluye con un encuentro real en una merienda presencial en algún café de la zona a la que pertenece el grupo y al que llegan con diez días de anécdotas compartidas que les permiten sortear la incomodidad del silencio inicial y listas para interactuar libremente. Mariela y Gisela organizan minuciosamente esa reunión, pero no participan para no condicionar a las participantes.
El impacto territorial de la iniciativa es inmenso. Actualmente, coordinan alrededor de dos retos semanales, armando grupos de entre 40 y 50 personas para garantizar una logística “manejable”. De esta forma, “Amigas al rescate” ha unido a mujeres de CABA, Zona Norte, Zona Sur, Rosario, Santa Fe, Mendoza, Mar del Plata, Bahía Blanca, Ushuaia, Tandil, Chaco, Salta, Neuquén y Bariloche.
Además de los retos zonales, también organizan eventos presenciales de tres a cuatro horas de duración, fundamentalmente en CABA, que incluyen dinámicas guiadas, comida y bebida. De hecho, el próximo encuentro será el 24 de octubre, y ya proyectan una gran fiesta de fin de año para el 5 de diciembre, con la fuerte esperanza de convocar a mujeres del interior del país. Semejante estructura demanda una labor administrativa intensiva y una constante mediación en los grupos, por eso cobran una entrada y la experiencia se ha transformado, también, en un emprendimiento para sus fundadoras.
En general, cuentan: “Vienen mujeres de todas las edades que interactúan entre sí sin ningún prejuicio. Las hay casadas, divorciadas, solteras, de todos los estratos sociales y profesiones. Para fomentar la vinculación entre ellas, dejando las etiquetas y prejuicios de lado, las fundadoras implementaron una regla de oro: en las presentaciones iniciales no se habla de la ocupación ni de la edad. Hay mucho prejuicio con el tema de la edad... nos parece que eso es como una limitante que es más social que real”, sostienen, celebrando cómo esta omisión “abre un mundo enorme de posibilidades” y permite que las mujeres aprendan unas de otras. Por supuesto, el espacio se cuida celosamente, filtrando a personas conflictivas para preservar el propósito original del grupo.
“Cuando se encuentran, hablan de la vida misma, de la maternidad, que es algo muy fuerte para las mujeres, del trabajo, la jubilación, la perimenopausia, la menopausia”, enumeran. Sin embargo, lo más deslumbrante es lo que estos nuevos vínculos les provocan. “Cuando se encuentran, aparece mucho esa sensación de decir: ‘Che, hace un montón que no me reía, que no escuchaba música, que está saliendo esta versión mía que estaba guardada hace diez años’ ”, relatan dando cuenta de lo que ocurre en las reuniones presenciales, donde las urgencias de la rutina desaparecen y vuelven a conectarse con toda su energía vital.
Para las creadoras, lo mejor son los resusltados. Cuentan que hay amistades que nacieron en los grupos y siguen en viajes o celebraciones de fin de año, y hay festejo cuando a una integrante sale de una cirugía compleja o termina un tratamiento. En fin, de acuerdo al objetivo, se gestan redes de contención inquebrantables. No obstante, advierten, forjar estas relaciones requiere tiempo, paciencia y trabajo personal. “No vas a conocer al amor de tu vida al toque. Va a llevar tu laburito. Bueno, con las amigas pasa lo mismo”, aseguran.
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