No hay plata. No se trata del eslogan de Javier Milei en la Argentina, sino que es el mundo el que se debate con presupuestos más que acotados y con la mirada puesta en cómo incrementar el comercio global y a la vez insertar y potenciar a los países menos desarrollados en la cadena de suministros global.
Esta semana en Ginebra, la Organización Mundial del Comercio (OMC) hizo un repaso de los 20 años del programa de Asistencia para el Comercio (Aid for Trade), creado en 2006 para apuntalar oportunidades a través de las exportaciones de bienes y servicios para las economías en desarrollo y, sobre todo, para las menos favorecidas.
En la apertura de dos días llenos de deliberaciones, la OMC y la OCDE presentaron el reporte de las dos décadas de la iniciativa en el cual revelaron que desde en este tiempo se desembolsaron US$795.000 millones para que las economías en vías de desarrollo participarán más plenamente en el comercio global, con obras de infraestructura y apoyos específicos a sectores productivos y comerciales de los países menos favorecidos (PMA).
La mayor parte de la asistencia fue para infraestructura y para desarrollo de escala productiva. El reporte conjunto de la OMC y la OCDE señalan que el Aid for Trade tuvo efectos positivos en impulsar las exportaciones de los países asistidos.
Pero, advirtió la directora general de la OMC, Ngozi Okonjo-Iweala, la Directora General de la OMC, aun los países de África -principales receptores de las asistencias- representan solo el 3% del comercio mundial y los Países Menos Adelantados (PMA) apenas el 1%.
Esa realidad se suma a las restricciones presupuestarias. De acuerdo con la OCDE, la asistencia oficial al desarrollo caería 20%, lo que impulsa un cambio de dirección.
En ese marco, Ngozi Okonjo-Iweala; el secretario general de la OCDE, Mathias Cormann; y el presidente de la Agencia de Cooperación Internacional de Japón (JICA), Akihiko Tanaka -Japón es el principal contribuyente del fondo- plantearon la necesidad de generar y reforzar alianzas entre organismos multilaterales, países miembros y empresas para ampliar la asistencia y focalizar los esfuerzos en las naciones menos favorecidas.
“La ayuda para el comercio no ha llegado a su fin, pero debemos cambiar de dirección. El dinero público no puede hacerlo todo, entonces debemos catalizar y movilizar otros recursos, ya sea como garantías para redirigir inversiones y tener más flujo de capital privado”, indicó Okonjo-Iweala en su discurso de apertura de las sesiones en Ginebra.
Antes, en una charla con periodistas de la que participó TN, la jefa de la OMC enfatizó la necesidad de la transformación productiva de los países en desarrollo, dependientes de sus materias primas, como sucede con países de América Latina y de África.
En ese marco, abogó por el agregado de valor en origen, pensando en las oportunidades que puede abrirle al país para comerciar primero con sus vecinos regionales y luego con otros países.
En un mundo marcado por la volatilidad, los shocks económicos y geopolíticos y con el auge de la inteligencia artificial como motor del crecimiento, las delegaciones de los 166 país miembro de la OMC debaten cómo seguir.
El debate en Ginebra se da en un momento paradójico: el comercio global sigue en alza y, según las estimaciones de la OMC, la tendencia se mantendrá, pero el problema es la distribución de ese crecimiento.
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La entidad elevó a principios de octubre sus previsiones para el comercio global, pese a la guerra en Medio Oriente. Según su última actualización semestral, el volumen del comercio de bienes crecerá 3,9% este año (desde el 1,9% previsto en marzo) y 4,1% en 2027.
Todo por la resiliencia de las cadenas ante el conflicto y, sobre todo, el fuerte impulso de la IA. La demanda de bienes ligados a ese desarrollo (semiconductores, servidores, microprocesadores, etc) explicó el 47% del crecimiento del comercio de bienes en el primer semestre y saltó 67% interanual.