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Nevaco Global
29 de agosto de 2026

Mitad marplatense, mitad bajonero: dos primos crearon un alfajor y tres meses después ganaron una medalla de oro en el Mundial

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Cuando Manuel Suppa y su primo Nahuel De Sanctis Fava empezaron a pensar en su alfajor ideal, el mercado todavía no estaba atravesado por la explosión de marcas que llegaría después. Tenían una idea, experiencia vinculada al mundo de los alimentos y muchas ganas de emprender.

Tres años de desarrollo, más de 100 pruebas, una fábrica propia y una inversión que incluso estuvo a punto de quedar trunca después de una estafa fueron necesarios para llegar al primer alfajor de la marca. Lo lanzaron el 1° de mayo de 2026. Apenas tres meses después, Galán consiguió el Oro a Mejor Alfajor Industrial en el Campeonato Mundial del Alfajor 2026.

El secreto de Galán está, según sus creadores, en haber intentado unir dos mundos que hasta ahora parecían correr por caminos diferentes: el alfajor marplatense y el llamado alfajor “bajonero”, esos grandotes y contundentes, con una capa muy gruesa de dulce de leche, pensados para saciar cualquier hambre.

“Encontramos esta combinación que es una unión entre los dos mundos del alfajor: el estilo marplatense y el nuevo segmento que se estableció como ‘bajonero’, que son alfajores de tapa dura”, explicó Manuel a TN.

El resultado es un alfajor de 80 gramos, relleno con dulce de leche, que se presenta en versiones con baño de chocolate negro y chocolate blanco. La construcción tiene una particularidad: una de las tapas es previamente bañada en chocolate blanco y la otra no, una combinación pensada para conseguir contraste de texturas y una mordida más estable.

“Nosotros íbamos viendo que cada vez el mercado estaba más inundado y empezamos a buscar variantes entre los productos que veníamos probando”, contaron.

Para desarrollar la receta trabajaron durante tres años junto al maestro chocolatero Pablo Benítez hasta encontrar la combinación que finalmente se convirtió en Galán.

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La búsqueda fue casi obsesiva. “Yo diría que probamos más de 100 variaciones de la fórmula”, afirmó Suppa. Las pruebas no quedaron encerradas en un laboratorio: como suele pasar con los emprendimientos, familiares y amigos hicieron de “conejillo de indias”.

Incluso hubo jornadas que empezaban el sábado a la noche y terminaban el domingo al mediodía en las que les hacían probar distintas variantes. En esa etapa artesanal, llegaron a hacer los productos a mano y a derretir chocolate en el microondas antes de trasladar el desarrollo a una escala industrial.

El proyecto nació luego de la pandemia, cuando Suppa —con experiencia en comercio exterior— y De Sanctis Fava decidieron emprender juntos. Nahuel, además, pertenece a una familia con más de siete décadas de trayectoria en la industria alimenticia a través de Chisap.

La idea inicial era comenzar con una máquina más pequeña. Pero mientras avanzaban con el proyecto entendieron que se podían “quedar cortos” muy rápido y decidieron apostar más fuerte y “hacer algo grande, que marque el mercado”.

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La construcción de la planta, ubicada en Ciudadela, no fue sencilla. En medio del proceso fueron víctimas de una estafa por una empresa constructora que los dejó seis meses parados y retrasó el proyecto hasta que pudierab recuperar capital.

“Decidimos apostar nuevamente, que esto iba a salir bien, que era una buena idea y que tenía futuro”, sostuvo De Sanctis Fava.

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