Los datos de Google evidencian un auge sin precedentes del interés por viajar, invertir y trabajar en nuestro país
El técnico de la selección española Luis de la Fuente durante la celebración en Madrid tras la conquista del Mundial 2026. | EFE/Sergio Pérez
Una semana después de que España conquistara el Mundial de 2026 al imponerse por 1-0 a Argentina, el principal efecto de la victoria ya no se mide únicamente en celebraciones, audiencias televisivas o venta de camisetas. Su alcance empieza a percibirse en un terreno mucho más intangible y estratégico, el del poder blando, la capacidad de un país para influir en el exterior mediante la atracción y no a través de la coerción.
El concepto fue formulado por el politólogo estadounidense Joseph Nye a finales de los años ochenta y desarrollado posteriormente en obras como Soft Power (2004). Describe la capacidad de un Estado para conseguir que otros compartan sus preferencias gracias al atractivo de su cultura, sus valores, sus instituciones o su modo de vida, frente al poder duro sustentado en la fuerza militar, las sanciones o la presión económica.
Aunque Nye fue quien incorporó el término al estudio contemporáneo de las relaciones internacionales, su lógica guarda relación con la noción de hegemonía cultural de Antonio Gramsci, para quien el dominio político no se sostiene únicamente mediante la coacción, sino también gracias a la capacidad de configurar valores, aspiraciones y marcos culturales compartidos.
El ejemplo clásico es Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Su liderazgo no se apoyó solo en la superioridad militar y económica. El Plan Marshall, Hollywood, sus universidades, la música popular, las grandes marcas y la difusión de un determinado modelo de consumo y libertad proyectaron una influencia internacional tan decisiva como su capacidad bélica.
En esa competición por la reputación, España partía de una posición privilegiada desde antes del Mundial. El país figura entre los estados más apreciados internacionalmente. El Democracy Perception Index 2026, elaborado a partir de más de 46.000 entrevistas en 85 países, lo sitúa en séptima posición, por detrás de Suiza, Canadá, Japón, Suecia, Italia y Noruega.
La victoria mundialista ha actuado como un amplificador de esa imagen previa. Los datos de comportamiento digital permiten medir por el momento la dimensión del fenómeno. Durante la semana de la final, el interés mundial de búsqueda sobre España alcanzó el máximo de la escala de Google Trends, 100 sobre 100, frente a los 72 puntos de Argentina, los 45 de Francia o los 38 de Inglaterra.
La atención llegó a desbordar el marco estrictamente deportivo. En países con una fuerte tradición futbolística, como Brasil, México o Alemania, el término «España» superó durante los días posteriores a la final el volumen de búsquedas relacionado con sus propias selecciones nacionales.
El magnetismo se trasladó casi inmediatamente a la intención de viaje. Las consultas vinculadas a viajar a España aumentaron un 310% respecto a la media del verano de 2025. En el mismo periodo, el incremento fue del 42% para Italia, del 35% para Francia y del 28% para Grecia. El comportamiento fue especialmente intenso en los mercados de larga distancia. En Estados Unidos, las búsquedas relacionadas con la selección, la cultura y los destinos españoles crecieron más de un 240% respecto al Mundial de 2022. En Japón, Corea del Sur y China se registraron fuertes aumentos en consultas como «Spanish culture», «Spanish cuisine» o el nombre de Lamine Yamal.
En China, las búsquedas de rutas aéreas hacia ciudades españolas llegaron a multiplicarse por 33 pocas horas después de la final. El interés por el aeropuerto de Madrid-Barajas se multiplicó por ocho, mientras que las consultas sobre conexiones con la Costa del Sol aumentaron diez veces y las dirigidas a Canarias, 19.
Más reveladora que el volumen es la transformación de los atributos asociados al país. Antes del triunfo, las búsquedas internacionales sobre España estaban dominadas por términos vinculados al turismo vacacional tradicional: playas, tiempo, vuelos baratos, Madrid, Barcelona o paquetes de todo incluido.
Tras la final, la nube de palabras incorporó conceptos como «campeones», «talento joven», «estilo de vida», «gastronomía» e «innovación», atributos aspiracionales que hasta ahora se asociaban con mayor frecuencia a países como Francia, en el ámbito de la moda y el lujo, o Italia, en el diseño y la gastronomía. También cambió el tipo de viaje buscado. Las consultas sobre vacaciones económicas y turismo estacional cedieron terreno ante los hoteles boutique, las rutas gastronómicas Michelin, el patrimonio histórico y los itinerarios de larga duración por varias ciudades.
Madrid y Barcelona continuaron liderando el volumen, pero aumentó el interés por Málaga, Valencia, Sevilla, San Sebastián y Bilbao. La distribución de las búsquedas hacia el norte, el interior y ciudades costeras secundarias apunta hacia un visitante con mayor poder adquisitivo, estancias más largas y una demanda menos concentrada en los destinos tradicionales.
La composición de la selección también ha contribuido a ese reposicionamiento. La presencia de futbolistas jóvenes y de orígenes diversos, junto con la viralidad de figuras como Lamine Yamal o Ferrán Torres, proyectó una España moderna, plural y competitiva ante una audiencia especialmente difícil de alcanzar mediante las campañas institucionales: la generación Z global.