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Apromar calcula que el sector podría crecer un 4% anual si se agilizan unos permisos que pueden tardar ocho años
La acuicultura española podría crecer alrededor de un 4% anual de forma «sana y razonable» si se agilizan los trámites administrativos que actualmente frenan la apertura y ampliación de nuevas instalaciones. Así lo señala Javier Ojeda, gerente de la Asociación Empresarial de Acuicultura de España (Apromar) en conversación con THE OBJECTIVE. La patronal del sector reclama, entre otras cuestiones, una reducción de los plazos de autorización para impulsar una actividad que considera estratégica para la soberanía alimentaria y que, pese a la elevada demanda de pescado en España, permanece prácticamente estancada.
El problema, según explica Ojeda, no es tanto la capacidad de las empresas para invertir como la dificultad para conseguir los permisos necesarios para aumentar la producción. Una empresa acuícola necesita una concesión para ocupar el espacio público —ya sea en el mar o en aguas continentales— y, además, una autorización para desarrollar la actividad. Ambos procedimientos se gestionan fundamentalmente a nivel autonómico, aunque requieren también la intervención de la Administración General del Estado. No obstante, las normas por las que se rigen vienen de Europa.
«No queremos reducir los requisitos medioambientales, sino hacer todo más ágil», resume el gerente de Apromar. El sector considera asumible que un proyecto tenga que someterse a controles y autorizaciones, pero no que estos procesos puedan prolongarse durante seis, siete u ocho años. A su juicio, un plazo de seis meses o un año sería razonable, mientras que las demoras actuales terminan dificultando las inversiones y limitando la capacidad productiva.
La consecuencia es especialmente relevante en un país con un elevado consumo de pescado. Alrededor del 70% de los productos acuáticos que se consumen en España proceden de otros países. Noruega y Turquía figuran entre los principales orígenes de estas importaciones. Para Ojeda, aumentar la producción nacional permitiría reducir esa dependencia exterior y reforzar la posición de España en un sector considerado estratégico desde el punto de vista alimentario.
La asociación sitúa en torno al 4% el crecimiento anual que podría mantener el sector de forma sostenida. No se trata, matiza Ojeda, de aumentar la producción de manera ilimitada, sino de acompasar ese crecimiento a la evolución de la demanda. «Es un crecimiento que se puede mantener en el tiempo». La acuicultura española, sin embargo, apenas crece actualmente. Mientras la producción mundial de pescado procedente de la acuicultura ha experimentado fuertes incrementos durante las últimas décadas, con tasas de crecimiento de entre el 8% y el 10% anual fuera de Europa, el sector europeo permanece estancado e incluso registra descensos en algunos ejercicios.
En España, el crecimiento actual ronda el 1%. Esta diferencia es especialmente significativa porque la pesca extractiva tiene un margen limitado de crecimiento. A nivel mundial, la mayor parte del incremento de la producción de pescado durante los últimos 40 años procede de la acuicultura y esta actividad ya representa más de la mitad de los productos alimentarios obtenidos del medio acuático. Apromar participó este viernes en un encuentro del sector pesquero con el ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas.
La reducción de la burocracia tampoco tendría un efecto inmediato sobre la oferta. La acuicultura trabaja con ciclos productivos largos. Un pez que llega al mercado puede tener alrededor de tres años de vida. Por ello, las decisiones de inversión adoptadas hoy pueden tardar varios años en traducirse en un aumento efectivo de la producción. De ahí que Apromar considere especialmente importante acelerar los procedimientos administrativos.
«No es como el que tiene una fábrica, que le puede dar a un botón para hacer más pescado», explica Ojeda. Una vez obtenida la autorización, las empresas necesitan además tiempo para poner en marcha las instalaciones y completar los ciclos de crecimiento de los animales.
El crecimiento también tendría un impacto territorial. Aunque el sector acuícola español es relativamente pequeño en términos nacionales, su presencia puede resultar determinante en determinados municipios rurales. Las piscifactorías necesitan aguas de elevada calidad y muchas de ellas se encuentran en zonas del interior, cerca de pequeños núcleos de población. Ojeda destaca que se trata de una actividad que genera empleo estable durante todo el año en lugares donde existen pocas alternativas económicas. A los más de 8.800 empleos directos que contabiliza el sector se suma el empleo generado a lo largo de toda la cadena de valor, que APROMAR sitúa en torno a 40.000 puestos.
La necesidad de crecer está relacionada además con la capacidad de las empresas para atraer y retener talento. La acuicultura demanda cada vez más perfiles vinculados a la inteligencia artificial, la digitalización, la sensórica y la investigación, además de los conocimientos tradicionales relacionados con la biología y la salud de los animales. Sin crecimiento, advierte Ojeda, las compañías tienen más dificultades para mantener a profesionales especializados.
El sector defiende además que España parte de una posición especialmente favorable para desarrollar la acuicultura. Cuenta con unas condiciones naturales adecuadas, empresas con experiencia y una potente red de investigación científica. «Tenemos los entornos físicos, tenemos la ciencia, tenemos centros de formación y tenemos empresas que saben hacer las cosas», señala Ojeda. El principal obstáculo, insiste, está en conseguir las autorizaciones necesarias.
La apuesta por aumentar la producción nacional se produce además en un momento en el que el salmón ya ha desplazado a la merluza como pescado más consumido en España. Buena parte de ese salmón procede de la acuicultura noruega, lo que refleja hasta qué punto el consumidor español ya está incorporando con normalidad productos procedentes de la cría de peces. Apromar defiende que la acuicultura española puede aprovechar esa demanda creciente, especialmente por la importancia que el consumidor concede a factores como la frescura, la calidad y el origen del producto. El pescado producido en España tendría, en este sentido, una ventaja frente al producto importado por la menor distancia entre el lugar de producción y el consumidor.
Forma parte del equipo de Economía de The Objective. Licenciada en Periodismo y en Económicas, ha trabajado en Radio Libertad, Capital Privado,… Ver más
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