El déficit por cuenta corriente de Egipto se duplica en el primer trimestre
El déficit por cuenta corriente de Egipto se duplica en el primer trimestre
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Agencias como OCHA han verificado cientos de desplazados desde La Guaira hacia otros estados del país como Lara, Portuguesa, Apure, Bolívar o Sucre tras los estragos del doble terremoto. Están en casas de familiares, con amigos o en viviendas cedidas en vista de la emergencia para «establecerse» temporalmente. Algunos no piensan regresar a corto o largo plazo
Las autoridades ya iniciaron algunas labores de recuperación en edificaciones de La Guaira, decenas de personas aún buscan a sus seres queridos entre los escombros. Miles de guaireños llegaron a «campamentos transitorios» mientras que centenares se han desplazado de momento a otros estados del país, a casas de familiares o amigos, en búsqueda de una «estabilidad» que, por ahora, no ven en sus antiguas viviendas.
Según cifras proporcionadas, en Vargas hay 8.613 personas en 26 «campamentos transitorios», otras 4.961 se reparten en 39 campamentos habilitados en el Distrito Capital mientras que 1.060 en 22 campamentos creados en el estado Miranda ante la emergencia.
Pero además, la Oficina de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) monitoreó hasta el pasado lunes que «unas 700 personas afectadas en La Guaira ya se trasladaron a estados como Anzoátegui, Sucre y Delta Amacuro».
María del Valle*, de 32 años, forma parte de esa cifra de desplazados internos por los terremotos. En su caso, el domingo 28 salió junto a su esposo y sus dos hijos de La Guaira rumbo a Acarigua (estado Portuguesa). Allí fueron recibidos en casa de familiares de su esposo. «Nos vinimos para ser tratados, para tener un poco más de estabilidad porque mi hija quedó con una crisis. Ella se quedó en el apartamento conmigo (durante los sismos) y no quería estar allá. Inclusive, ella todavía dice que no quiere ir para La Guaira».
Para María «es muy desagradable recordar» lo que vivió durante el doble terremoto. Apenas cuenta que estaba sola con su hija en su apartamento, en los edificios de Suma (Playa Grande), cuando los sismos destruyeron el hogar que había construido por 13 años. Tuvo que lanzar a la niña por una ventana y luego tirarse ella para poder salir de los escombros.
Luego de los sismos, dice, fue auxiliada por un compadre que la sacó del lugar en moto, pero «el desespero, la gente saqueando, eso era horrible, nos estrellamos y tuve una quemada». También tiene otras heridas hechas por una viga y ya ha podido recibir tratamiento. Su esposo también sufrió una quemadura pero leve.
«Nosotros no tuvimos ayuda de nada ni de nadie, no tuvimos ayuda de ninguno de los entes gubernamentales. Nosotros estuvimos a la buena de Dios, porque Dios metió su mano por nosotros. Esa noche no hubo luz, llovió, nuevas réplicas, muchos niños, mucha gente tapiada y allí nadie llegó a ayudar. Los mismos vecinos como pudieron fueron los que sacaron a las personas tapiadas», afirma.
Durante la madrugada del 25 de junio, alrededor de las cinco de la mañana, dice, fue que llegaron cinco motos de Protección Civil. «Esa fue esa primera ayuda, pero más nada. No recibimos ni una botellita de agua, ni un paramédico que nos dijera que estábamos bien. Inclusive, a un vecino que vivía debajo de mi casa lo sacaron cuatro días después de que yo me vine».
En Portuguesa, comenta, «la gente es demasiado humanitaria, hemos recibido mucha ayuda incluso desde el mismo día en que llegamos».
En Acarigua le gestionaron para curar sus dolencias físicas. También le han conseguido ayuda psicológica pues ahora no soporta estar sola. «Si estoy en un cuarto no puedo estar sola, tengo que estar rodeada de gente, si escucho un ruido fuerte o truena me asusta. Imagino que pasará un tiempo para entender, porque la mente también te juega malas pasadas».
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A eso se suma lo difícil que ha sido para ella separarse de su núcleo familiar. «Yo soy nativa de La Guaira, mi familia está allá, uno siempre se apega a lo emocional. No es fácil estar por aquí y tu familia por allá, que todos los días te manden un mensaje diciendo que volvió a dar una réplica, se cayó tal cosa o que consiguieron a otra persona muerta. Yo me fui por la estabilidad pero allá se quedaron los sentimientos».
Una parte importante de su vida, expresa, se quedó en esas paredes derrumbadas en Suma. «Viví momentos felices y tristes, las amistades que perdí, las que quedaron allá vivas, sabes que no va a ser como antes. La Guaira no va a volver a ser como antes (…) Uno pierde tantas cosas. La gente dice que no preocupa lo material, porque se recupera, pero cómo uno se siente, cómo recuperar lo que tanto costó, el estatus emocional y mental».
Hasta ahora, María del Valle no ha conversado con su esposo sobre la posibilidad de retornar, pese a que su trabajo lo demanda. El hombre trabaja en la parte de transporte de mercancías para la aduana de La Guaira. Las labores se han reactivado de a poco, pero sus jefes le dijeron que se tome el tiempo necesario y, cuando pueda acercarse a Caracas, se reintegre a su puesto.
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El déficit por cuenta corriente de Egipto se duplica en el primer trimestre
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